EL-SUR

Martes 07 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El Abra de San Nicolás, quebrada con barreta y dinamita para airear a Acapulco

Anituy Rebolledo Ayerdi

Febrero 06, 2025

El Dr. Balmis

El reino de España ordena durante el siglo XVIII llevar a los pueblos de ultramar la prevención contra la viruela, enfermedad contagiosa que ya para entonces había provocado 60 millones de defunciones. Para la aplicación de la vacuna del inglés Jenner, de reciente creación, llega a Acapulco el doctor José Francisco Balmis, director del hospital de San Juan de Dios, a cargo de la primera misión humanitaria de la historia.
Además de un médico y una enfermera, el equipo de Balmis está integrado por 22 niños huérfanos, entre seis y ocho años, quienes mantendrán la vacuna activa durante el viaje e imprescindibles para su aplicación mediante el método llamado “brazo con brazo”.
Reunido con las autoridades virreinales, el doctor Balmis confía en que la misión logrará erradicar el mal, advirtiendo que su amenaza será permanente mientras subsistan las causas que lo propician. Y cita, como principal, la falta de ventilación provocada por los cerros que rodean al puerto. Recomendará como el método más urgente y eficaz la demolición de la muralla granítica que impide el acceso de los vientos del oeste.
Encajonado entre montañas, Acapulco resultaba un lugar insalubre y asfixiante por lo que su población mayoritaria se reducía a negros, mulatos, chinos, filipinos e indígenas. También de los religiosos y de la burocracia menor, pues la jerarquía hispana residía fuera y sólo se aparecía por los dividendos de la Feria de Acapulco

La muralla

La montaña referida por el Dr. Balmis medía alrededor de 300 metros de longitud por ocho de ancho y los trabajos para quebrarla se iniciaron en 1799. Ello, por instrucciones del virrey José Miguel de Azanza y bajo la dirección del gobernador José Barreiro Quijano. Los trabajos estarán a cargo de la población voluntaria, los soldados acantonados en el Fuerte de San Diego, además de los reos purgando condenas en la misma fortaleza. Tareas estas que pronto quedarán inconclusas por la salida del gobernador Barreiro.
Será entonces cuando la obra adquiera el nombre popular de Abra de San Nicolás, en razón de que “abra” significa, entre otras cosas, “abertura despejada entre montañas”. El nombre aludía a la parroquia de San Nicolás Tolentino, reedificada en 1647 al pie del mismo cerro, luego de ser destruida por un terremoto. Dos años más tarde, un incendio la convertirá en cenizas.
Alejandro Von Humboldt: “Durante mi residencia en Acapulco, como pasaba las noches al sereno para hacer observaciones astronómicas, dos o tres hora antes de salir el sol, cuando la temperatura era muy distante a la del Continente, sentí constantemente un airecillo que venía del Abra de San Nicolás. Esta corriente de aire es tanto más saludable cuanto que el aire de Acapulco está apestado por las miasmas”.

La Cueva del Diablo

A propósito de Humboldt, su nombres es dado hoy a la Cueva del Diablo de La Quebrada, quien sabe por qué. Esta se localiza en el espacio comprendido entre la saliente central y la plancha y su acción es constante porque devuelve el agua que chupa. Dos leyendas misteriosas se le adjudican: albergar tesoros piratas y estar conectada con el Fuerte de San Diego. Una única expedición a ella, hace diez años, reveló la imposibilidad de penetrarla por angosta y profunda .No se descartó la presencia de tesoros… más adentro.
El científico y explorador alemán atracó aquí el 22 de mayo de 1803. Recorrerá el puerto antes de partir a la Ciudad de México, pasando desde luego por Chilpancingo y Taxco. Quizás en alguno de sus escritos mencione la tal Cueva del Diablo

Los trabajos

Pasado casi un siglo, el coronel José María Lopetegui, jefe de la guarnición militar del puerto, integra una Junta Militar de Mejoras para la reanudación de los trabajos del Abra de San Nicolás, tan largamente aplazados. La primera aportación para ello será la del alcalde Antonio Pintos Sierra, amigo del presidente Porfirio Díaz, equivalente a 450 pesos. Los trabajos se iniciarán el 5 de mayo de 1886 y tendrán una duración de dos años. Los acapulqueños presumirán entonces que La Quebrada no era obra de la naturaleza sino de sus propias manos… y un poco de ayuda de las barretas y la dinamita. Dejarán de llamarla Abra de San Nicolás para referirse a ella simplemente como La Quebrada.
El primer beneficiario de los buenos aires acapulqueños será el propio coronel Lopetequi. Su casita estaba cerca del Abra y en ella descansaba meciéndose en su hamaca provocando la envidia general. Lo imitará un ingeniero de la obra de apellido Loyo, quien se hará del espacio que ocupará más tarde el hotel Villa del Mar, de doña Martha Goldin, luego convertido en El Faro de doña Rosita Salas.

Los clavadistas

José Manuel López Victoria, el cronista por antonomasia de Acapulco, escribe que “La Quebrada tienen otros atractivos que subyugan al visitante. Se trata nada menos que los proporcionados por los arrojados muchachos, quienes como pájaros vuelan en primoroso clavados y se sumergen en sus peligrosas aguas. Estos jóvenes están sujetos a durísimas pruebas para poder realizar la hazaña envidiada por todos”. Y cuenta:
“Cierta vez, arribó a Acapulco un campeón clavadista de Texas y tuvo oportunidad de conocer La Quebrada, manifestando su decisión de imitar a los muchachos morenos y sin más regresó a su hotel por el traje de baño. Era la tarde del 16 de septiembre de 1939 y en la ciudad se festejaba el aniversario de nuestra Independencia. De regreso, con las precauciones del caso, subió hasta el lugar apropiado del cerro y, para no resbalar al instante de aventarse, restregó la roca que le servía de trampolín. El campeón tejano tomó aviada hacia arriba, llevando el pecho saliente para luego extenderse buscando el descenso: pero como falló al tenderse se estrelló en el crestón de piedra muriendo instantáneamente.
“Este fue el final de un clavadista de alberca que, olímpicamente, había despreciado el esfuerzo y valentía de los pájaros humanos de Acapulco. Los muchachos que a diario se juegan la vida con el fin de ofrecer nuevos atractivos al turismo”.

Canal de aireación

Canal de aireación, denominación moderna de la abertura montañosa sugerida por el doctor Balmis, continua luego de dos siglos amainando calores y sofocos. En 1964 se convertirá en la avenida Adolfo López Mateos.

La calle de La Quebrada

La calle de La Quebrada, antigua De las Damas y Vicente Guerrero, será aplanada cuando Acapulco sea declarada capital del estado de Guerrero. Ello, durante el mandato del gobernador Silvestre Mariscal, atoyaquense profesor rural, tenedor de libros y general de “la bola”. Varios años más tarde, en 1932, será petroliza por el gobierno municipal a cargo de Carlos E. Adame, periodista y cronista de la ciudad. La plazoleta será utilizada entonces como escenario de los históricos bailes populares de La Quebrada.
Recuerda el propio Adame en su Crónica de Acapulco: “luego de firmado el Tratado de Ciudad Juárez, desfilaron por esa calle las tropas revolucionarias encabezadas por los líderes Mariscal, Tomás Gómez, Manuel Centurión, Pantaleón Añorve, Victorio Salinas, Valeriano Vidales, Pablo Vargas y otros.
En la misma arteria, esquina con Callejón del Piquete (se asaltaba con verduguillo) se localizó la botica Acapulco, propiedad del doctor cubano Antonio Butrón Ríos, constructor, siendo alcalde de Acapulco (1902), del Hospital General y de la leprosería de La Roqueta.

La Altamirano
y la Secundaria 22

Un inmueble ese que más tarde ocuparán las oficinas de Correos y Telégrafos y que al mudarse 1939 dejarán el espacio a la primera escuela secundaria de Acapulco, la número 22. Mucho antes, en 1906, se había fundado en esa misma calle la primaria Ignacio M. Altamirano, para setecientos alumnos. Frente a la emblemática institución funcionó por muchos años el Juzgado de Distrito con desempeños sucesivos de los licenciados Rodolfo Neri, quien gobernará la entidad y don Francisco Martínez Alomía, padre de Luis del mismo apellido, alcalde y notario público.
Vecinos de la Altamirano: doña Cleofas Manzo, curaba “empachos” con hojas de higuerilla, manteca y ceniza y Cleto Trujillo, oficial mayor del Ayuntamiento, vestido siempre de traje riguroso, se hizo famoso por su puntualidad. Más adelante, la empresa estadunidense Pacific Mail poseerá un enorme tanque de agua para surtir sus barcos en la bahía.

Los vecinos

Don Carlos Adame pasa revista a sus vecinos: Angel Mazzini; las hermanas Chabe y Romanita Lacunza; Lupita García, José de Jesús Nieto, Pancho Mejía y don Nicomedes Basterra. Doña Felipa Medrano, María Wilson, Miguel Guadarrama, Felipe Gómez y el fotógrafo Pepe Pintos. Mariquita Piza y Harry S. Pangburn , ex cónsul estadunidense y su esposa Conchita Batani.

Los hoteles

La calle La Quebrada se significará por su profusión de casas de huéspedes y hoteles. Don Rosendo Pintos, el cronista mayor del puerto, atenderá su hospedería La Costeña, más tarde Hotel América. El hotel Jardín, de doña Balbina Villalvazo; el hotel Ángeles, de Ángel Figueroa y Alisa Batani; el hotel Mariscal de Alfredo Hudson y Flavia Mariscal, luego Monterrey, a cargo de Alfonso Sáyago; el hotel Coral de Jesús Jiménez Márquez; La Casa Amparo, de Alejandro Batani y Amparo Borbón; La Casa Amelia de Rosendo Batani y Amelia Linaraes; la Casa Batani, de doña Chenchita Sotelo y el hotel El Recreo, del danés Elbjorn. El Mirador, de Carlos Barnard se abre en 1933, primero como bungalós y dos años más tarde se inaugura el hotel.

Tarifas y comida

Por lo que hace a las tarifas, el hotel Monterrey presumía de tener las más bajas: tres pesos diarios incluyendo los tres alimentos. La comida , por ejemplo, incluía almejas frescas, tan frescas que aún estaban vivas al servirlas. Los establecimientos de la familia Batani hicieron célebre el pescado en leche de coco (tahitiano, guinatán), elaborado por el chef Juan Batani. Helo aquí:

Pescado en leche de coco

Dos cocos.
1 kilo de pescado (blanco, de preferencia).
2 jitomates rojos.
2 cebollas moradas.
6 pimientos gordos.
2 chiles verdes (opcionales).
4 limones jugosos.
3 ramas de apio.
Sal al gusto.
Mayonesa y mostaza.

Manera de hacerse:

Se corta el pescado en pequeños cubos como para ceviche. Se muelen pimienta, ajo, sal y chile. Se exprimen los limones al pescado, junto con lo molido y se deja marinar por una hora.
Se pican la cebolla, los jitomates y el apio y se aderezan con la mayonesa y tres cucharaditas cafeteras de mostaza.
Los cocos se rayan y se exprimen añadiendo la leche a lo ya picado.
Una vez que el pescado ha reposado, se le agregan los demás ingredientes. Antes de servir se deja reposar una hora. Rinde diez porciones. Se acompaña con galletas de soda.
Würsburger Stein Sylvaner 91 (se vale un Blanc de L.A. Cetto).
(Origen y evolución del turismo en Acapulco, de Paco Escudero, QEPD).