Anituy Rebolledo Ayerdi
Julio 17, 2025
Caprichos e intereses en la planificación de Acapulco
El general Juan Andrew Almazán, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas del presidente Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) tuvo en sus manos la planificación de Acapulco. La intentó, sí, pero de acuerdo con sus muy particulares caprichos e intereses.
El programa de la SCOP para el desarrollo de Acapulco estuvo a cargo de los arquitectos Carlos Contreras, Juan Legorreta, José López Moctezuma y los pasantes José Garduño y Justino Fernández, autor de Aportación a la Monografía de Acapulco (1932). Conjunción de talentos que, en opinión del prologuista Carlos González León, resulta la primera gran aportación al urbanismo arquitectónico posrevolucionario.
El militar nacido en Olinalá, Guerrero, de donde son las cajitas de linaloe, construyó su propio hotel y pretendió construir un casino anexo. Estaba seguro de que, por el solo hecho de estar en Acapulco, daría mayores rendimientos que, juntos, el Casino de la Selva, el Foreing Club y el Complejo Turístico de Tijuana, los desplumaderos del presidente Abelardo L. Rodríguez (1932-1934).
El casino
El casino de Almazán fue proyectado en 1931 en el cerro de El Herrador (hoy Palacio Municipal de Acapulco). Ocuparía, junto con los bungalows Hornos, apenas veinte de cientos de hectáreas expropiadas durante esa visita presidencial. “Utilidad pública” se argumentó desde entonces a la más cínica y alevosa rapacería oficial.
Durante la permanencia de Andrew Almazán al frente de la SCOP (febrero de 1930 a octubre de 1931) tendrá el puerto sus primeras nociones de urbanismo. Lo dotará básicamente de un levantamiento topográfico ejecutado por la Comisión Nacional de Irrigación, bajo la dirección del arquitecto Agustín Meymet. Entonces, el único plano de Acapulco seguía siendo el del ingeniero Enrique Lallier, levantado por él mismo en 1889.
Zona residencial
El primer levantamiento topográfico presenta el área de la playa de Hornos como una zona residencial extraordinaria, por no estar encajonada por cerros y así recibir la brisa plena de la Bocana. Será por ello que se proyecte y empieza a trabajar en la calzada que la comunica con el centro de la ciudad.
El nombre de Hornos de la zona y la playa le vienen por los muchos vestigios encontrados de los hornos coloniales para la elaboración de tabiques, destinados a la edificación del fuerte de San Diego y muy diversos fortines en torno a la bahía, en defensa de los piratas.
La visita presidencial
El presidente Pascual Ortiz Rubio visita Acapulco en 1931. Lo trae su secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Juan Andrew Almazán, con el pretexto de inspeccionar los detalles finales de la carretera México-Acapulco. Vía inaugurada cuatro años atrás por el presidente Plutarco Elías Calles. Se trataba en realidad de involucrarlo en el negocio de tierras vírgenes con futuro turístico y obtener su visto bueno para los necesarios “agandalles constitucionales”.
Formaron parte de la comitiva el secretario de Gobernación, Emilio Portes Gil, Manuel Pérez Treviño, secretario de Agricultura: y el gobernador de Guerrero, Adrián Castrejón. Todos ellos hospedados en pabellones de madera, levantados en Hornos por trabajadores de la Comisión Nacional de Caminos. El alcalde porteño, Nicolás Reyes, agotará su presupuesto en tequila, ostiones, ceviche y quesadillas.
Ingeniero topógrafo de profesión, Ortiz Rubio no necesitó del teodolito para calcular la extensión , costo y posibilidades empresariales de aquellas hectáreas de espesura. Sembradas con miles de palmeras de cocos , limoneros, icacos, mangos, almendros, guayabos, etc., Habitada, además, por una rica fauna silvestre que incluía felinos pequeños.
–“¡Ingón!,” será el comentario escueto de don Pascual, el presidente, con problemas de dicción a causa de un rozón de bala en la mandíbula, recibido el mismo día de su toma de posesión.
Las expropiaciones
La suspicacia acapulqueña no será esta vez desacreditada cuando tan solo unos días más tarde, el gobernador Castrejón anuncie la expropiación de pequeñas propiedades localizadas en la franja costera. Comprendía una superficie localizada entre el fuerte de San Diego y el Farallón del Obispo, limitando al norte con la salida a la ciudad de México (Cuauhtémoc). Pudoroso por haber sido gente cercana a Emiliano Zapata , Castrejón rechazará cualquier área citadina y sólo aceptará buena parte del valle de La Sabana
El decreto expropiatorio de Castrejón acordaba indemnizaciones “generosas” a razón de diez centavos el metro cuadrado. Entre las familias “beneficiadas” figuraron varios apellidos de raigambre acapulqueña. Entre otros: Escudero, Martínez, Lacunza, Guillén y Olívar. Tan sólo este último, coronel Amador Olívar Frías, perderá 800 hectáreas comprendidas hoy entre el Hotel Avalon Excalibur y la Piedra Picuda.
La costera Almazán
El arquitecto Justino Fernández la prefiguraba ajardinada, la costera Juan Andrew Almazán. Con palmeras reales en su camellón y amplias aceras laterales. Una de estas, la que daba al mar, estaría concebida como un camellón cuyo muro rompeolas serviría como banca corrida para asiento de los paseantes.
Habría, además, una amplia vereda pavimentada separada del tránsito vehicular por una banda arbolada y ajardinada para proveer de sombra a los transeúntes. El paseo contaría con elementos de mobiliario y ornatos urbanos, así como playones de estacionamiento para los autos de los bañistas.
Se trataba –establece González Lobo– de un proyecto similar a la Promenade anglaises de Niza o a las rúas costaneras de San Sebastián, Biarritz, Copacabana y Mar de Plata. Y añade: de esta forma se garantizaba, por un lado, el disfrute público e irrestricto de la calidad de vista de la costa y las playas y por el otro el control sobre el futuro desarrollo urbano del frente marítimo con valor paisajístico, conteniendo los predios hoteleros y residenciales del otro lado de la rúa costanera. El proyecto alemanista lo planteará al revés.
La costera almazanista, de 40 metros de ancho, avanzará únicamente un kilómetro y medio, del Obelisco de Morelos a las rocas de San Lorenzo (asta bandera). Estaba proyectada hasta el Farallón del Obispo, de donde arrancaría una carretera a Puerto Marqués.
El Herrador
El cerro del Herrador o de La Calera quedó totalmente transformado: en su falda se localizó el terreno para el hotel y se inició el trazo de una rampa que daría acceso al Casino, sobre una plataforma en la cúspide.
“Con el proyecto de la playa de Hornos y el cerro de El Herrador, se dijo, Carlos Legorreta pretendía hacer uso de los accidentes topográficos para jalonar el perfil urbano y conseguir en ese punto la ansiada vista plena y la brisa llamada por entonces “ventilación cruzada”. Bajo ese plan construyó Almazán su hotel Papagayo, obra del ingeniero Francisco J. Serrano, llamado sucesivamente Hornos y Anáhuac.
Andrew Almazán nunca pudo ver terminado su casino por su salida intempestiva de la SCOP. Más tarde por la prohibición cardenista de los juegos de azar, en 1935, junto con el cierre de los desplumaderos del ex presidente Abelardo L. Rodríguez. Casino de la Selva, Foreing Club y Complejo turístico de Tijuana.
¿Alcapone?
Implacable, el ingenio popular acusaba al presidente Abelardo L. Rodríguez de tener como jefe al propio Alquepone.
¿Al famoso gánster de Chicago?
¡No!, al que pone los presidentes en México, o sea, Plutarco Elías Calles.
La Gallina de Chipinque
Cinco años más tarde, el general Juan Andrew Almazán abandona el partido oficial para aceptar la candidatura a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN). La disputa al candidato del PRI, Manuel Ávila Camacho, quien resulta triunfante con el 93 por ciento de votos a su favor.
Los dirigentes del PRUN, por su parte, se pusieron en pie de guerra argumentando haber ganado de calle y exigiendo la nulidad de la elección o la revuelta cívica. Andrew Almazán se negará a acompañarla siendo acusado “de haberse fruncido a la hora de los chingadazos”.
A partir de ese momento, el valiente general guerrerense será llamado “La Gallina de Chipinque”, aludiendo al nombre del lujoso fracciona-miento de su propiedad en Monterrey.