EL-SUR

Jueves 22 de Abril de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

El Acapulco de Ricardo Garibay

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 08, 2021

 

(Segunda de tres partes)

Razzia nocturna

Ricardo Garibay peina literalmente la ciudad para lograr que el contenido de su reportaje Acapulco esté lo más posible apegado a la realidad, según su oferta al gobernador Figueroa. Husmea aquí, hurga allá. Lo hace de arriba a abajo, de norte a sur, de día y de noche. Dialoga con gente del pueblo, profesionales, dirigentes gremiales, hoteleros, comerciantes, políticos y lancheros con quienes aceptará haber enriquecido su diccionario de expresiones vernáculas.
Alguna ocasión será invitado por el jefe de la policía, coronel Mario Arturo Acosta Chaparro, a participar en una operación nocturna. En la razzia, no obstante su espectacularidad, no cae ningún “pez gordo”. Son arrestados únicamente chavos pegados al chemo, mariposillas sin carnet, parejas copulatorias sin intenciones procreativas y detallistas de mariguana.
Un joven vendedor de cannabis se entera de la presencia entre la tira de un escritor famoso. No se le dificulta hacerle llegar el requerimiento de un paro. Se identifica como proveedor de periodistas y escritores tan famosos como él (¿él mismo?) y cita a varios amigos suyos. Aprovechará el viaje para un spot publicitario: “Traigo la Acapulco Golden de semilla mejorada –¡pura ella!– tan buena como la cajeta”. Garibay consigue fácilmente la libertad del muchacho y no esperará como recompensa un guato de la “yerba maldita”, según anatema hipócrita de algunos reporteros de la fuente policiaca.
–Lo hago para que no se me acuse de atentar contra las gloriosas letras nacionales–comenta el reportero, botado de la risa.

Los grandes terratenientes

“Con (Enrique) Díaz Clavel, (Jorge) Laurel y Anituy (Rebolledo), periodistas, consigo la lista de grandes terratenientes de Acapulco, llamados también fraccionadores e invasores de ejidos. Alberto Pullan (Pullen) (península de Las Playas), Wolfgang Schoenborn (Costa Azul, hasta Icacos) Juan Andrew Almazán (del Fuerte de San Diego a La Diana); Manuel Suárez (de La Diana hasta La Laja y La Picuda); Gilberto L. Limón (Icacos); Enrique Aburto Palacios (Las Brisas).
“Bajo el ala de estos últimos hay un ejército de ricos de segundo orden que disfrutan a lo rey de los mejores rincones del escaparate. Hoy día un terreno, de aquellos que costaron veinte o treinta mil pesos, y más antes, cuatro o cinco mil pesos, vale veinte o treinta millones”. (Acapulco, Ricardo Garibay, Grijalbo, 1979).

Los que faltaron

“Y sí, me dice Salvador Villerías, en esa lista faltan El Licenciado y don Emilio Azcárraga, aquél es jefe del grupo donde están o estaban el coronel Serrano y el general Limón, y son dueños desde la Base Naval hasta Puerto Marqués, incluido éste, las dos pinzas de su bahía; la franja de los propietarios de la Costera va de Las Playas hasta medio kilómetro tierra adentro, o sea toda la planicie frente al mar. (Ibidem.)”.
El articulista de la revista Proceso, dirigida por don Julio Scherer, mete como se dice las narices en todas partes. Intelectual con fama de engreído y petulante, Garibay se comporta aquí como el más humilde de los reporteros de este país. Nada le parece sabido o conocido, todo lo pregunta. Preguntas nacidas de una ignorancia absoluta y siempre sorprendido ante las respuestas, no siempre fluidas y sinceras. No obstante, no hay en él ni desaliento y abdicación.
–Me lastima que haya quien me confunda con oreja de Figueroa o de Acosta Chaparro –solía lamentarse.

Carne y vino

Las reuniones familiares en torno a la buena carne y al mejor vino las sostiene don Ricardo con las familias Magallón, Rivera, Villerías y Gómez Moharro, entre otras.
“–Y aquí ¿cómo te está yendo?, me pregunta Alejandro (Dr. Magallón)
–A mí me sucede que nadie quiere contarme nada. Los yanquis no se comprometen, les importa lo que ocurre, y lo padecen, pero no quieren entredichos, a nada detestan y temen más que a los gobernantes mexicanos. Los nacionales jaiclas temen represalias de la policía local o del estado. Los estudiantes no se convencen de que mis datos no irán a parar a la policía política. El pueblo se embriaga y ríe y me cuenta mentiras monumentales e inofensivas.
–Estás fracasando entonces… O así te sientes.
–Estoy y así me siento.
–¿Qué salida?
–Ninguna. Acapulco es mucho más provincia de lo que yo creía. Que alguien se presente de pronto metiendo las narices a la olla, con el público a propósito de escribir un libro, es una sarna, la gente empieza a rascarse apenas aparezco, o se pone a bailar como mono de cilindro”. (Ibidem.).

Los ayudantes

Los ayudantes oficiales del escritor, por parte del gobierno del estado, son el licenciado Gallardo, de Cruz Grande, y Miguel Ángel, agente de seguridad refugiado en Acapulco por un pendiente dejado en Durango. Ocasionalmente, Jorge Vielma, El Machete, con gran ascendiente entre los hombres de mar y los políticos.

Jackeline Petite

El reportero Garibay es citado por Jaqueline Petite, la autoproclamada Reina del Jet Set, a un restaurante de la ciudad. Se hace esperar y cuando aparece el hombre, deslumbrado, la describe:
“Vestía un pantalón de gasa transparente ceñido a los tobillos, muy abombado y una blusa en volandas, larga, de mangas de mucho vuelo, ceñidas a las muñecas, y la tela era sutil, blanca con grandes y pequeñas ruedas rojas; una especie de payaso aéreo, maquillado con sagaz minucia, dientes breves y blancos, lengua inquiete y agresiva, manos voladoras.
–Es un payasito de Dior que compré la última vez que estuve en París; compré la línea completa de Dior, detalla la dama”. (Ibidem.).
¿Quién es ella?:
“Es la niña bailarina de la película inglesa Las zapatillas rojas (Oscar a la mejor música en 1948). Cara de treinta años, cuerpo de dieciocho, fabulario de cien vidas. Siempre sin edad. Se casó a los dieciséis años y fue a Oceanía,o no se adonde más, y de allí a Nueva York y de allí a Acapulco. Cinco matrimonios. Uno de ellos con el clavadista acapulqueño Ricardo con quien tuvo una niña. La mamá de él no lo aceptaba dizque porque ella era una puta francesa, pero pudo más el amor que hará, incluso, que le cumpla el capricho de tirarse de La Quebrada. Treinta y siete metros de altura, presumía”. (Ibidem.).
Con Jaqueline Petite, Garibay bebe vino en el restaurante Petit Rivoli, propiedad de ella, baila tango en el Disco 9, también de ella, y bebe champaña en el Nephenta, el primer cabaret gay de Acapulco. Seguirán al Charles Chili donde se encuentran con un amigo del actor Gregorio Casals, ex marido de Jackie, quien le ha recomendado con Garibay. Terminarán en la residencia de La Reina del Jet Set, ya con el sol alto.

Garibay en El Gallery

“Una discoteca en la que los travestis cantan y bailan delante de una densa y humosa masa de homosexuales, lesbianas y gente común. Anoche fue la despedida de la Celiacruz, un macho al revés, negro, tosco, de hombros de gorila, grandísimas tetas y redondísimas nalgas Se agitaba la Celiacruz epiléptica. El animador: peluca rubia, mitad smokin, mitad vestido de baile abierto hasta la cintura, pedía cariño para la Celiacruz. Se arrojaban claveles a la pista”. (Ibidem.).

El Sans Souci

Si bien el Sans Souci ya existía como cabaret exclusivo para homosexuales, al Nephenta se le considera como precursor de la modalidad porque es entonces cuando se empieza a utilizar el término gay. Se identifica con él a los homos high class, fifís, chulitos, finitos o recién salidos del closet. Entonces ya no tendrán que viajar a Nueva York para ligar en el Studio 54.
En el Sans Souci, en las alturas del cerro de La Pinzona, no se conoció la palabra gay. Sus habitués se conocieron simplemente como putos, maricas, niñas, jotos, tulatráis, cuarentaiunos, hidrocanóicos (por hacerles agua la canoa) cachagranizos, sopla nucas, consumidores voraces de la leche Clavel, de la Cocola hervida y el arroz con popote, etcétera. Dicen que había un sótano con instrumentos para el amor tortuoso.
El escritor de Tulancingo, Hidalgo, no usa libreta de apuntes y mucho menos grabadora. Llena todos los días memoria y espíritu con palabras, sonidos situaciones e incluso arreboles. Más tarde, en la soledad de su habitación los armará como a un rompecabezas logrando entonces su visión de Acapulco. Un Acapulco de inocencia pueblerina escudado tras un fachada escenográfica de cosmopolitismo. El Acapulco de Ricardo Garibay

Elías Acosta

Garibay se inventa un severo malestar gástrico para eludir la invitación a una cena que le ofrece la Asociación de Editores de Periódicos y Revistas de Acapulco (no pertenece a ella Trópico, el diario del columnista). Esa misma noche, el escritor estará en mesa de pista del cabaret Tivoli, en el número 8 de la calle de acceso a la Zona Roja. Festeja casi infantilmente haberse librado de aquel trago amargo con colegas. Lo atiende en mesa de pista el propio showman Elías Acosta, El Chiquito, quien canta y baila:
“–Tienta, tienta ¡tienta! Le exige Elías a un parroquiano de mesa de pista, mostrándole el trasero, haciéndolo vibrar eléctricamente, nalgueándose, golpeándose con la cabeza del micrófono. Estos son glúteos de hombre, porque yo soy hombre, soy más hombre que tú, ¿no lo crees?, ¿no?: ¿a que no te comes las que yo me como? Ríe la parroquia, Elías ríe y brillan sus ojos, negros, se arquean sus cejas, que son anchas e hirsutas”. (Ibidem.).

El Bocaccio

El reportero Garibay sostendrá un duelo de esgrima verbal con el empresario Aaron Fux en plena pista del Bocaccio. El tema girará en torno a los dos Acapulcos del echeverriato, tesis a la que el dueño del cabaret califica como populista y estúpida. Alega que Acapulco es uno y único, pues hemos aprendido del mundo que toda la gente quiere estar en el escenario y le damos esa oportunidad. Sépase que con música, luces y sonido promovemos la euforia, un poco de alegría y la hermandad entre la gente. Vea usted nuestro número de la champaña colectiva: todos toman de la misma copa. Esto hermana a los hermanos ¿no es cierto?
Garibay, encabronado aunque no visiblemente, recurrirá, según estaba pactado al inicio de la entrevista a un colofón suyo:
Usted, mister Fux, seguirá viviendo en y de Acapulco pero nunca llegará a conocerlo realmente. Y no lo conocerá mientras no conozca, como yo acabo de hacerlo, los tiraderos de basura: Quinientas toneladas diarias de basura. Quinientas familias viven en el basurero. En los montones trabajan mujeres y niños apartando cartón, huesos y chucherías. Ninguno de aquellos hombres recibe más de 250 pesos a la semana, ninguno tiene menos de seis hijos. Y más.