EL-SUR

Miércoles 12 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

El águila que se come a la BOA

Abelardo Martín M.

Junio 16, 2020

 

Cuando la pandemia, como un animal herido, cobra fuerza inusitada en todo el país, teñido en rojo tanto por el semáforo del doctor Hugo López-Gatell, como por el clima de violencia generalizado que no cesa, se puso al descubierto la conspiración contra el presidente Andrés Manuel López Obrador y fue un estruendoso escándalo que, empezando por él mismo, dijo era una mentira, pero paradójicamente descubrió una verdad del tamaño de “una catedral” como diría un novelista. Todo el mundo, no sólo el país, sabe que está ahí, orquestada, planeada y trabajada todos los días, pero nadie se había atrevido a exhibir.
La misma virulencia con la que se atacó al candidato López Obrador durante tres lustros se emplea ahora para desacreditar al presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, que goza –como ninguno de sus antecesores– de legitimidad y de legalidad indiscutible.
Fue el propio mandatario el que dio a conocer el llamado BOA, Bloque Opositor Amplio, que estaría conformado por partidos de oposición, organizaciones empresariales, dueños y representantes de medios de comunicación, incluso integrantes de organizaciones del Estado, opuestos a la transformación que en el país se lleva a cabo, y dispuestos a coaligarse para impedir los cambios por los que se ven afectados. El ingenio popular convirtió de inmediato el Boa en la Boa.
En coincidencia, grupos y personas que no votaron por AMLO ni por Morena arreciaron su activismo político, ya dijo el propio presidente “politiqueros”, para no sólo desacreditar, desconocer y anular la obra de gobierno, sino inclusive para ahora pedir, fuera de la ley la salida del mandatario antes de cumplir su periodo legal. Es decir, los grupos que lo critican pretenden cometer otra ilegalidad para deponerlo, ya que su mandato de acuerdo a las leyes que nos rigen termina en el 2024, es decir dentro de poco más de 4 años.
Sin embargo, ahí andan en sus coches de lujo protegidos tocando el claxon para hacerse notar y que alguien voltee y los calle, lo que recuerda ese viejo adagio campesino que pregunta “y ¿por qué me gritas?….. pues para que me calles”, responde el aludido. Así ahora, sin exponerse siquiera al sol, al viento, los manifestantes viajan en automóvil y desde allí exigen que el Presidente de la República renuncie, cuando que ellos debieran renunciar a sus demandas absurdas de privilegios, corrupción, preferencias y exigencias de mayor riqueza o prebendas que se acabaron y nunca debieran volver.
Todo esto en medio de un encierro por la pandemia del coronavirus que muchos millones de mexicanos se tomaron en serio, pero también muchos otros no, dispuestos a jugarse la vida y formar parte de unas estadísticas que están en su momento más alto y peligroso. Faltan aún muchos miles de muertos por la pandemia, muchos de ellos, seguro, incrédulos de las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias nacionales, estatales y municipales.
Un fenómeno no exclusivo de Guerrero, pues igualmente se ha observado en otros lugares del país, sobre todo en las áreas rurales, es la incredulidad de la gente acerca de la gravedad, e incluso de la existencia misma del virus que ha puesto en jaque al mundo.
Así que, pese a las medidas sanitarias que las autoridades ordenan, la evolución del contagio en realidad ocurre a partir de los comportamientos que siga la población, y éstos por desgracia sólo se modifican cuando de manera tardía, las comunidades se enfrentan con la enfermedad y la muerte.
Así parece estar ocurriendo en el estado, donde hemos tenido que enfrentarnos a la experiencia de los hospitales rebasados en su capacidad de atención, y la acumulación de fallecimientos en proporciones muy por encima del promedio nacional.
El ejemplo extremo ha sido la ciudad de Iguala, donde el fin de semana pasado se llegó a la cifra de 170 casos confirmados de Covid-19. Pero lo más impactante no es esa suma, sino que de éstos han ocurrido setenta decesos. Es decir, muere más del 40 por ciento de los contagiados, un porcentaje que no tiene nada que ver con lo que ocurre en el mundo.
La estadística internacional muestra que la letalidad del virus, es decir, la proporción de fallecimientos entre los casos de contagio no alcanza el seis por ciento. En México el nivel ya es preocupante, pues es de casi el doce por ciento, más del doble del que se observa en el planeta.
En los datos de Iguala hay algo muy anómalo. Ya la proporción en Guerrero es bastante mala, de más del 16 por ciento. Eso quiere decir que de cada seis personas que enferman del nuevo corona virus, una muere. Pero los números de Iguala significan que de cada cinco personas que se contagian en ese lugar mueren dos, casi la mitad. En todo el país, la proporción es de un fallecido por cada ocho contagiados, y en el mundo, de uno por cada 17 enfermos.
Hasta el gobernador Héctor Astudillo contrajo covid-19 (ojalá se recupere satisfactoriamente) junto con muchos miles de pacientes que saturan ya los servicios de salud públicos y privados. Según los parámetros que han diseñado las autoridades sanitarias federales, Guerrero es uno de los estados que permanecen en semáforo rojo, es decir, en la etapa más peligrosa del contagio.
A partir del lunes pasado se dispuso el uso obligatorio de cubrebocas, la singular prenda que despertó polémicas y vaivenes nacionales: si sirve o no, si es contraproducente o es el factor diferencial. Es probable que en julio, se evalúe y determine la reapertura de hoteles, restaurantes y parques, entre otras actividades vitales para un estado que vive fundamentalmente del turismo, lo que vendría muy bien para aprovechar parte del verano y el movimiento económico que siempre tiene, aunque este año todo estará patas arriba y nada corresponderá a los ritmos y calendarios acostumbrados, empresarios y trabajadores del ramo como quiera están esperanzados en reanudar su operación, una vez que la ocupación masiva de Semana Santa se frustró, y que ha transcurrido un trimestre completo de inactividad y de falta de ingresos.
Ojalá por el bien de todos que estos plazos sí se cumplan, incluido el que toda la conspiración o el veneno del o la BOA acabe siendo destruida, como debe ser, por el águila impetuosa que no solo admiramos, sino veneramos con orgullo en el escudo nacional.