EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El amor, la sororidad y las tragedias

Federico Vite

Enero 14, 2025

The girls (Estados Unidos, Random House Trade Paper Pack, 2016, 355 páginas), de Emma Cline, es una novela que atrajo la atención de muchos lectores debido a que la autora narró con gran habilidad los vínculos que una adolescente sostuvo con una secta que ofrecía libertad y amor, pero lo único que le dio en retribución fue daño. Aunque en palabras de Cline, La Familia –un grupo que asesinó a Sharon Tate y a otras seis personas– era como cualquier otro grupo de drogadictos violentos, sólo que parecían algo más. Daban la impresión de ser interesantes. Tenían el disfraz adecuado para hacerse invisibles, pero después de lo ocurrido la noche del 8 de agosto de 1969 todo cambió.
Cline es una escritora estadunidense, cuya primera novela resultó un verdadero home-run en el Continente Literario anglosajón. Se licenció en Bellas Artes y cursó un master en escritura creativa en la Universidad de Columbia. Trabajó como lectora para The New Yorker, donde también publicó textos de ficción, igual que en las revistas Tin House y The Paris Review. A los 27 años publicó The girls. En español, este libro fue titulado Las chicas y la traducción estuvo a cargo de Igna Pellisa. La editorial española Anagrama se encargó de publicar este texto en agosto de 2016. Es decir, The girls fue publicada en el mismo año en cuarenta países, ganó el Shirley Jackson Award y fue finalista del First Novel Prize, el National Book Critics Circle Award y el LA Times Book Prize. No es común que un libro haga tanto ruido, pero siguen pasando estas generosas sorpresas. Después de Las chicas vino una nouvelle titulada Harvey y el libro de cuentos Papi (título en español). La segunda novela fue The guest, pero ninguno de esos libros ha generado el mismo interés que su primer libro de ficción.
The girls se divide en cuatro partes. Posee un introito de dos páginas en el que la voz narrativa no se presenta, pero se hace sentir y deja que la conozcamos lentamente en el relato: es Evie Boyd. La protagonista tiene catorce años de edad cuando ocurrió aquello con las chicas (porque las chicas cometieron los asesinatos) y su familia está en proceso de desintegración. Se siente sola, empieza a experimentar el deseo sexual y anhela no estar al cuidado de su madre. Una noche observa a un grupo de chicas en un parque, vestidas de manera inusual –con harapos– e incluso van descalzas. Queda impactada por la libertad con la que se conducen; primero, porque beben alcohol, fuman mariguana y lo hacen sin ocultarse. Salen a las calles a buscar comida y dinero. Es común verlas en los basureros recogiendo las sobras de comida. Van a los vecindarios ricos para tener mejores alimentos. Ahí suelen tener fortuna. Y ahí también empieza a crecer el rencor social, porque un chico tan carismático, talentoso y amoroso (Charlie Manson) empieza a transformarse, pero a Evie aún le toca esa dulzura y tiene sexo con él, no de manera ortodoxa, pero resulta un encuentro inolvidable.
Evie se une a ellos y deja a su madre; posteriormente se mete en problemas y debe irse a la casa de su padre, con la nueva esposa de él y en una nueva casa. La nueva esposa es una chica pretenciosa, interesada en el mundo fitness y en las apariencias de una vida holgada y millonaria. Es el prototipo de lo que ahora consideramos una influencer. Estando con ellos, el 8 de agosto escapa de casa y se va directo a la guarida de La Familia. Quiere unirse a ellos en una misión súper especial, pero algo cambia para Evie esa noche, algo le hace pensar que la vida tiene una serie de sorpresas extraordinarias, fincadas en el amor y en la sororidad, porque la poderosa Suzanne (la musa enferma de esta novela) es quien sabe que Evie no “es como ellas” y la protege. En este libro lo interesante es la mirada sobre lo femenino.
Y es cuando la protagonista se pregunta algo de apariencia simple, ¿por qué la rechaza su madre; de igual manera, su padre? Pero esas cosas que le pasan van moldeándola, de una u otra manera, para que tome la decisión más importante de su vida el 8 de agosto de 1969.
Emma detalla todo el mítico verano de 1969, pero evidentemente le interesa al lector lo ocurrido la noche del 8 de agosto. No más ni menos. Sobre todo, porque la figura de Charlie deja de ser amorosa y se transforma en alguien que vive de puras drogas, de la amargura por no haber sido un músico famoso y millonario, aunque huelga decir que por los testimonios de Evie, Charlie no es tan buen músico como él cree que es. Claro, Charlie no aparece como Charlie, el lector irá descifrando ese enigma en los personajes, pero es evidente su presencia. También es justo decir que al inicio de ese verano, el amor era un sinónimo de relaciones homosexuales, heterosexuales y polígamas sin problema alguno. Así que Evie, de catorce años de edad, experimenta todo eso y descubre las bondades del sexo recreativo e incluso las relaciones sexuales por conveniencia, pues el señor Manson “necesitaba que Evie y Suzanne” le dieran a un amigo “todo lo que él necesitaba”. La droga y el sexo que él necesitara porque sólo así conseguiría una audición con un productor musical reconocido y el más amoroso de todos los miembros de La Familia saldría del anonimato, pero el músico falló en el propósito y La Familia, a manera de respuesta, le incendió la casa. Ahí hay una ruta nueva que trastoca el ideal del amor.
Las escenas sexuales son realistas, bien detalladas, no caen en la superlativa fogosidad de quien no entiende que la verosimilitud se consuma por aspectos, detalles, no por maratónicas descripciones de orgías y de fluidos.
The girls no adquiere la categoría de novela histórica, pero sí está ambientada en los años 60 del siglo pasado. Se pueden apreciar la ropa, los autos, los programas de televisión, la música y, sobre todo, la idea de libertad que permeó todos los aspectos de la vida pública en esa época. Pero lo más atractivo es la sensación de libertad que capitaliza muy bien la narradora para exponer el deseo sexual irresoluto y la frustración de no haber sido lo que Evie quería ser. Y lo que ella quería se vio trastocado por “las chicas”. Algo así nunca se olvida. Evie es un personaje entrañable. Emma la creó con acierto y mostró un buen dominio del oficio, algo que pocas veces puede leerse en un primer libro. En especial, porque pululan los personajes llorones en las novelas de formación, pero The girls está en otro tono y se fortifica memorablemente por la buena resolución de la historia. Eso es difícil, no sólo a los 26 años de edad. Siempre.

@FederìVite