Silvestre Pacheco León
Enero 12, 2026
Cuando el 4 de enero se conoció la noticia del secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro por fuerzas militares de Estados Unidos que bombardearon su residencia del fuerte–Tiuna de Caracas, con una secuela de muertos aún sin cuantificar, mi esposa como yo y muchos mexicanos estaba indignada y asustada por el acontecimiento, por eso en la búsqueda de cierto consuelo o solidaridad, al comentar con los vecinos la noticia, esto fue lo que escuchó.
–Pero eso del abuso del más fuerte sobre el más débil ha sido siempre, doctora, le dijo nuestro amigo Pablo.
–Y entonces las leyes, ¿para qué sirven? –le respondió todavía con más coraje Palmira.
–Pues creo que las leyes están hechas nomás para los que no tenemos poder, porque todas son para el beneficio de los más fuertes, y cuando les estorban, nomás las hacen a un lado –continuó diciendo nuestro amigo.
Y como esa respuesta simple de nuestro vecino es la común que se escucha, un poco para auto consolarnos, me propongo explicarlo en el presente artículo para entender más a fondo el significado que tiene para todos el secuestro del presidente venezolano.
Dicen los especialistas en derecho internacional que si un tribunal en Estados Unidos había acusado a Nicolás Maduro de delitos en contra de aquel país, lo que procedía era dictar una orden de arresto con base en los acuerdos de extradición firmados entre ambos países, pero la acción militar para secuestrar al presidente Maduro no siguió ese camino, sino que pasando por encima de sus propias leyes, con solo la orden presidencial de Donald Trump el ejército intervino, sin esperar tampoco el permiso del Congreso de su país, que es el único capacitado para tomar esa decisión.
También en el artículo 2 de los derechos de los Estados de la ONU dice que está prohibido el uso de la fuerza de un Estado contra cualquier otro país soberano.
Por eso resulta indignante que frente a los ojos del mundo Donald Trump haya dejado de lado todo procedimiento legal usando criminalmente la fuerza para secuestrar a un presidente constitucional provocando la muerte de 34 militares cubanos que participaban en su resguardo, sin saber aún cuántos venezolanos también perdieron la vida.
Hasta aquí los hechos del 3 de enero dan la razón a la opinión de nuestro vecino. Se trata de una acción de fuerza de parte de quien gobierna el imperio con el ejército más poderoso del mundo, actuando contra un presidente de un país débil militarmente.
Sin embargo, para todos ha quedado claro
que el origen de la violación del territorio venezolano y el secuestro de su presidente constitucional tiene como objetivo apoderarse de la enorme riqueza petrolera que, al decir de los especialistas, alcanzaría para satisfacer las necesidades de combustible de Estados Unidos durante los próximos 60 años, produciendo 2 millones de barriles de petróleo diarios que están disponibles en los miles de campos petroleros listos para operar.
Pero es importante también destacar que apoderarse de la mayor riqueza petrolera conocida en el mundo, calculada en más de 3 mil millones de barriles de petróleo, no fue una ocurrencia de Donald Trump, sino una exigencia de las grandes empresas petroleras y de la necesidad que tiene la industria de asegurar el combustible que en territorio estadunidense se está agotando, por eso los dueños del petróleo financiaron su campaña aportando más de 26 millones de dólares con el compromiso de apoderarse ya de toda la riqueza del mundo para la nueva etapa de dominio militar del imperialismo, por eso se habla de que Estados Unidos se anexará Panamá, Canadá y Groenlandia.
El tráfico de droga hacia Estados Unidos desde Venezuela y la acusación contra Nicolás Maduro de encabezar el Cartel de Los Soles, que fue un invento de sus organismos de espionaje para convencer al mundo de su presunto interés por el pueblo venezolano, un pretexto de esa acción de piratería que ahora va por el botín.
Por eso después de secuestrar al presidente Nicolás Maduro y llevarlo a una Corte federal de Nueva York, junto con su esposa Cilia Flores, Donald Trump ha dictado a la nueva presidenta Delcy Rodríguez, la orden de entregar a Estados Unidos 50 millones de barriles de petróleo que serán llevados en barco a muelles estadunidense para que, como botín de guerra, se vendan en el mercado mundial al precio corriente que media en 60 dólares el barril, lo que sumado representan algo así como 3 mil millones de dólares, cantidad que dice será administrada por él como su propio botín ignorando al Departamento del Tesoro, así que ya veremos si el presidente tiene también el poder para tomarse esas atribuciones.
Lo cierto es que después de lo ocurrido nadie en aquel país invadido lo ha celebrado, quizá porque todos sabemos que no hay un solo país en el mundo de los más de cien que ha invadido Estados Unidos que haya mejorado después de su invasión.
Eso es lo que deben observar los miembros de la derecha mexicana que esperan el apoyo de Trump para que les ayude a retomar el poder y tampoco que durante años el gobierno estadunidense promovió a través de sus organismos de espionaje, propaganda y subsidio, la división de la sociedad venezolana, financiando a los grupos y partidos de derecha desde que triunfó la izquierda con Hugo Chávez. En Venezuela repitió el mismo esquema que utilizó en 1973 para derrocar al doctor Salvador Allende en Chile, generando artificialmente escasez de alimentos, desempleo, inseguridad y miedo entre la clase media, lo que provocó el desplazamiento y la emigración de más de 8 millones de venezolanos que salieron de su país para buscar asilo en Estados Unidos, Colombia, Perú, Brasil, entre otros. Una manera inhumana del imperio para mostrar al mundo la supuesta inoperancia de la izquierda en el gobierno de cualquier país, a ninguno de los cuales le permite la oportunidad de trazar su propio destino conforme a sus ideas e intereses, como es el caso de Cuba cuya situación de atraso la administra el imperio como muestra y castigo de quienes comparten el ideario castrista y guevarista.
El lance de Donald Trump contra Venezuela lo debemos ver como el inicio de la nueva etapa del imperialismo en la que se deja al margen la política y la diplomacia para que entre en escena el militarismo. Hacia afuera de su país la guerra y hacia adentro un Estado policiaco con su secuela de muertes como la ocurrida recientemente en Minneapolis donde fue asesinada por la policía de Inmigración la estadunidense Nicole Renee Good, madre de tres hijos, querida por sus vecinos y simpatizante de los derechos de los migrantes que se manifestaba contra las redadas.
Ante esa nueva realidad es que los mexicanos debemos estar unidos en torno al gobierno de la 4T para blindarnos de posibles invasiones y para hacer que nuestro país se convierta en potencia mundial como ejemplo de las ventajas que tiene atender primero a los más pobres y vulnerables como método duradero de progreso, paz social, salud y felicidad, sin caer en la idea fácil de que nos conviene que Donald Trump nos invada para combatir el narcotráfico, pues bastante hemos aprendido de nuestra historia de que las invasiones, a la postre resultan más costosas y ominosas que si nos ocupamos nosotros mismos de resolver nuestros problemas.
Recordemos que lo fácil es permitir que entre otro ejército pero lo verdaderamente difícil es que salgan sin llevarse el botín como ocurrió en 1848 que casi nos dejan sin territorio.
No olvidemos que en sus últimas declaraciones Donald Trump ha dicho que en adelante no habrá miramientos porque el único límite a su ambición de dominio es lo que le dicte su “conciencia y moralidad” que, como todos sabemos, carece de ambas.
Por fortuna el blindaje de México está en la politización y toma de conciencia de su pueblo, por eso no lo ha vencido ni la propaganda pagada de la derecha nacional e internacional que no ha logrado levantar del basurero de la historia a los partidos tradicionales que nada lograron para el pueblo en su docilidad con el imperio durante los 30 años que gobernaron.
Por eso la mejor defensa de nuestra soberanía es levantando la voz con la frase del insigne insurgente Vicente Guerrero. La Patria es Primero.
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