EL-SUR

Jueves 20 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El cambio de clima en Zihuatanejo

Silvestre Pacheco León

Noviembre 22, 2021

 

El cambio de clima durante la luna llena y en pleno otoño se percibe sin dificultad en Zihuatanejo porque ya se puede dormir en las noches sin necesidad del aire acondicionado ni del ventilador.
El dato oficial es de 31 grados el máximo y 24 el mínimo, lo cual queda confirmado por lo que me dice mi vecino.
–¡Zanca, fue el primer día que siento fresco el viento viniendo del mar! –me dijo.
Y por si fuera poco confirmé lo anterior en el parque lineal esa mañana cuando miré a un señor con suéter sentado en una banca.
Cuando me levanté para la caminata acostumbrada decidí modificar la ruta y en vez de dirigirme a la playa la Madera tomé el camino al muelle para ir al mercado que los pescadores instalan todas las mañanas en la playa principal como uno de los atractivos de la vida porteña.
A simple vista se observa que fue buena la pesca de la noche por el amplio y bullicioso mercado donde entre las barcazas como monstruos cansados veo que son más los pescadores que los compradores arremolinados en torno a los puestos instalados en la arena.
En los tendidos de plástico se ven abundantes barriletes, flamencos, roncos y pargos. Jureles, huachinangos, pez gallos, loras, para la talla, y los grandes picudos como el marlín, vela y dorado.
Mirando ese panorama viene a mi mente el encuentro que tuve con Memo el texano que vive medio año allá y medio año en Zihuatanejo. Le pregunté el otro día la razón de que haya desaparecido del paisaje del puerto donde se le veía caminando cada mañana rumbo a la playa de la Ropa cargando en la espalda su silla plegable y su gran sombrero de palma cubriendo su cabeza siempre rapada llamando la atención, y me respondió que ha dejado de ir porque le molesta la cantidad de mascotas paseando en la arena, pero no por eso ha cambiado su estilo de vida que lo trae al puerto todas las temporadas de frío allá en su país natal.
Cuando le pregunto a este asiduo visitante tres razones por las que ha adoptado a Zihuatanejo, casi sin pensarlo me dice que se enamoró de nuestro puerto por la gente, sus playas y el pescado, por eso ha compartido los últimos 50 años de su vida visitándonos, aunque bien pudo agregar el clima que tenemos como uno más de los atractivos para venir a vacacionar.
Todo el pescado es fresco y recién salido del mar, como le gusta a Memo, y entre tan amplia oferta me decido por los filetes de pez dorado que dos jóvenes destazan con destreza sobre una mesa de madera sin dejar la animada charla con la muchacha que les está recordando los desfiguros que hicieron en el último convivio.
Después cedo a la insistencia de los jóvenes que me ofrecen sus huachinangos quejándose de su pobre pesca sin renegar por ello de su oficio. Les compro el más pequeño de los ejemplares que pesa exactamente medio kilo.
El ambiente del mercado es tan peculiar que atrae a vecinos que lo visitan por el puro gusto de encontrar con quién platicar y alguien a quién escuchar teniendo como fondo musical el regateo entre compradores y vendedores.
Por eso celebro como acierto que en el tantas veces remodelado Paseo del Pescador por fin hayan considerado un lugar amplio para sentarse y descansar bajo la sombra de las higueras disfrutando del espectáculo que nos ofrece la mano invisible de la oferta y la demanda de la que hablaba el economista Adam Smith.
Al espectáculo mañanero llega el panadero con su canastón pletórico de piezas de pan que se acomoda junto a la señora del café que ahora compite con la tienda del Oxxo instalado a unos 50 pasos. Aquí está al alcance de los pescadores desvelados y hambrientos la bebida prodigiosa.
Gracias a este tipo de pesca al que los técnicos llaman ribereña no se ha agotado lo que el mar produce y seguimos teniendo la fortuna de comer lo mejor.
Con mi compra realizada vuelvo sobre mis pasos disfrutando del remozado paseo que ahora hasta el piso es digno de admirarse por la maravilla de figuras artísticas formadas con minúsculas piezas de adoquín rojas, grises y amarillas.
Miro la cantidad de personas que pasean por esta parte de la ciudad y celebro que las autoridades estatales y municipales hayan decidido invertir en el embellecimiento y funcionalidad de la ciudad para alegrar la vida de sus habitantes que disfrutan estos atractivos todos los días, unos simplemente paseando, otros descansando en sillones y columpios que fueron habilitados con madera de tarimas recicladas.
La ciclovía y el parque lineal construidos al lado de las avenidas pluviales en las que abunda la naturaleza viva, la selva tropical con su sombra fresca y la variada presencia de animales y aves entre el mar y las lagunas fueron un acierto que vale la pena reconocer sin por ello ignorar el interés político del gobierno pasado por mantenerse en el poder regalando esta obra que embellece una gran parte de la ciudad.
En todo esto pienso mientras paso frente al museo regional en el extremo de la playa principal con su adusta y firme estructura de piedra que es causa de admiración para más de un visitante por el privilegio de tener a la vista la belleza de la bahía.
Y si todo ese gasto fue para favorecer el ánimo de los electores refrendando su apoyo al gobierno priísta que se religió, opino que está justificado porque es una manera de dignificar la ciudad. Ya otra cosa será transparentar el gasto.
Mientras hago esta reflexión llegó a la plaza Kioto donde me distrae el grupo de visitantes atentos en algo que no veo sino hasta que estoy junto a ellos y descubro que se trata de una elegante catrina monumental, vestida toda de negro, que quedó rezagada de los festejos a los fieles difuntos cuyo tamaño y diseño es de admirar.
Por cierto que en aquella fiesta el pueblo de Zihuatanejo se volcó por todo el trayecto que siguió el desfile de catrinas que si hemos de ser francos fue un espectáculo pobre para una población que sin duda merece cosas de mayor valor artístico y cultural.
Ya rumbo a mi casa me detiene una voz dulce que canta dentro de la iglesia el Ángelus junto a dos señoras que escuchan la misa desde fuera. La voz cantante despierta mi recuerdo de los tiempos de mi niñez aprendiendo la doctrina cristiana para acceder a la primera comunión.
Hasta mi pueblo llegó un grupo de misioneras para ayudar en las clases de catecismo y había entre ellas una española de piel lechosa con una voz angelical que cantaba por el puro gusto de hacerlo mientras entre algunos de sus alumnos solo nos llamaba la atención escuchar su canto.
El clima y el tiempo han cambiado en Zihuatanejo para bien de todas y de todos.