Esthela Damián Peralta
Febrero 24, 2026
En tiempos donde la incertidumbre suele dominar lo público, el liderazgo se mide por la capacidad de mantener claridad de rumbo incluso frente a los desafíos más complejos. México vive una etapa en la que la conducción del país exige templanza, estrategia y una convicción profunda de que la paz se construye con decisiones firmes y con visión de largo plazo. En ese contexto, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado liderazgo y que sabe gobernar.
Desde el inicio de su gobierno, la Presidenta ha dejado claro que la construcción de la paz no es un discurso, sino un método. Un método que ha sido explicado de manera reiterada y transparente, y que parte de una visión integral que entiende la seguridad como un proceso que se construye desde lo social, hasta lo institucional y lo estratégico.
El primer eje que se ha implementado como política pública en materia de seguridad es la atención a las causas. Durante años se ignoró que la violencia también es consecuencia de la desigualdad y la falta de inclusión de nuestras y nuestros jóvenes. Hoy, en cambio, se apuesta desde el humanismo mexicano por abrir caminos reales para las y los jóvenes a través de la educación, la cultura, el deporte, la atención al consumo problemático de sustancias y la atención psicológica. Este enfoque no solo es profundamente visionario, sino que es también muy inteligente: invertir en las juventudes es apostar por comunidades más fuertes, más libres y más seguras con efectos a corto, mediano y largo plazo. En paralelo, la educación sigue siendo un eje fundamental; la Beca Rita Cetina y la beca Benito Juárez colocan la educación en el centro de la política pública
El segundo componente en la política de seguridad es la inteligencia en materia de investigación. Los resultados recientes en decomisos, detenciones y debilitamiento de estructuras criminales reflejan un trabajo serio, constante y coordinado. No se trata de acciones divorciadas entre sí, sino de una estrategia que demuestra capacidad institucional y determinación política. Cuando el estado actúa bajo la visión y firmeza de una Presidenta de la República como la doctora Sheinbaum Pardo, envía un mensaje claro: la ley se cumple y la seguridad de todas y todos los mexicanos es una prioridad, de manera que la seguridad que se construye atendiendo la pobreza, con impartición de justicia, recorriendo y escuchando a la gente, con un gobierno sin privilegios, logrando una congruencia en sus valores y sus acciones que no deja lugar a dudas.
A esto se suma la capacitación permanente de las fuerzas de seguridad. Profesionalizar a quienes protegen a la ciudadanía fortalece al Estado y dignifica el servicio público. Defensa, Guardia Nacional y corporaciones policiales avanzan en un proceso continuo de preparación que permite responder con mayor eficacia a los desafíos actuales.
La coordinación entre los distintos órdenes de gobierno es otro de los pilares que han permitido resultados concretos, pues como ha sido demostrado por la experiencia, la seguridad no puede construirse de manera fragmentada. Actualmente, existe una articulación institucional que permite actuar con mayor precisión y eficacia en todo el territorio nacional. Esta visión de la política pública que toma como base la colaboración, ha derivado en avances medibles, como la disminución del 42 por ciento en homicidios dolosos en el país. Como siempre lo digo, más que solo pensar en cifras, es importante pensar en las personas que ven un impacto real en sus vidas a partir de ellas, se trata de comunidades que recuperan la tranquilidad para sus familias.
La Presidenta ha demostrado que gobernar también implica evaluar, corregir y exigir. Su liderazgo no es complaciente, sino uno que atentamente observa, escucha y actúa cuando alguna área debe fortalecerse o cuando algún estado enfrenta retos específicos. Esa capacidad de conducción es la que mantiene la confianza del pueblo en ella.
La construcción de la paz se mantiene como una de las prioridades centrales de este gobierno, entendida no como una meta inmediata ni como un resultado definitivo, sino como un proceso constante que implica fortalecer condiciones de bienestar, justicia y seguridad para todas y todos.
Bajo esta visión, se reconoce que la percepción de inseguridad es tan relevante como los propios indicadores, porque la seguridad no solo se mide en cifras, sino en la tranquilidad con la que las personas viven su día a día. Por ello, la estrategia ha puesto atención en aquellas conductas delictivas que afectan de manera directa la vida cotidiana y el tejido social, fortaleciendo las capacidades institucionales para prevenirlas y atenderlas de manera más eficaz. Por mencionar un ejemplo, está la reciente Ley General para prevenir, investigar y sancionar los delitos en materia de extorsión.
En el plano internacional, la Presidenta ha defendido con firmeza la soberanía nacional frente a cualquier postura que pretenda vulnerarla. Su mensaje ha sido contundente y consistente: coordinación sí, subordinación no. Esta postura no solo reafirma la independencia del país, también fortalece el respeto hacia México en el escenario global.
El humanismo mexicano, impulsado desde el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y que hoy continúa con solidez, parte de una idea esencial: la transformación no depende de una sola persona, sino de la participación activa de toda la sociedad. Este principio cobra especial relevancia en un momento en el que la unidad y la corresponsabilidad son fundamentales para consolidar los avances.
Nos leemos el próximo martes.
@EsthelaDamian