EL-SUR

Viernes 19 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El casino de Acapulco

Anituy Rebolledo Ayerdi

Mayo 21, 2026

 

El primero

Los llamados casinos pueblerinos respon-dieron siempre a la necesidad de los señores de tener un lugar agradable donde comentar los sucesos del día y particularmente de los chismarajos de la política. Y sí, también beber algunos tragos de licor y practicar los juegos clásicos de salón. Pero sobre todo, la posibilidad de prescindir por momentos del asfixiante saco y la estranguladora corbata, siendo este el caso de la burocracia porteña. Será el juez de Distrito, José F. Gómez, quien se adelante tomando en renta el segundo piso de la Casa Hudson Billings y Cía., propiedad de William Mc Hudson y Emilia Billings, localizada en la esquina de Carranza e Ignacio de la Llave, dedicada a la venta de ferretería, labranza y avíos de pesca Y allí el funcionario federal funda el primer casino de Acapulco.
El juez Gómez aporta su reluciente piano de media cola para que, tocado por él o por su esposa , amenice el baile inaugural del Casino de Acapulco. Un evento extrañamente encabezado por tres alcaldes de Acapulco, el actual, Antonio Butrón Ríos; el anterior, Antonio Pintos Sierra y el futuro Nicolás Uruñuela. Sorprenderá el espectáculo de bailarines denominado Los Lanceros, con reminiscencias versallescas.
Será el propio juez federal quien formule un plan para vender las acciones del Casino de Acapulco, ello en provisión de que la mayoría de su socios tuvieran que abandonar el puerto. Anuncia que se ha incluido en el nuevo reglamente una cláusula que restringe el acceso de damas al establecimiento, salvo en ocasiones excepcionales. Las acciones de la empresa se agotarán en unas cuantas horas, si bien todo terminará una noche veraniega de 1902, cuando el Casino de Acapulco arda con furia demoniaca para dejar solo cenizas en aquel amplio espacio y entre ellas la del piano del señor juez. Para éste, sin electricidad, fuegos cercanos o rayos del cielo, el fuego tuvo que ser provocado. Centrará sus sospechas en las damas vetadas, aunque nunca las expresará.

Buena con el Diablo

Una auténtica fiebre popular por el juego de la lotería de cartones (“¡buena, con el Diablo!”) se desatará en Acapulco por largo tiempo. Los establecimientos formales con la exhibición de los premios en disputa (principalmente artículos para el hogar) se levantaron a lo largo de la ciudad, particularmente en cada uno de los barrios del puerto. Tan obsesiva afición era estimulada temporalmente con las ferias trashumantes, instaladas en pleno Zócalo porteño con manteados y bancadas toscas. La persona que corría la baraja ( “el gallo”… “el gorro”… etcétera) era un espectáculo aparte por su chispa y malicia. Voz aguda y rasposa daba cuenta de la figura en turno:
“El que le cantó a san Pedro: ¡el gallo!… La cobija de los pobres … ¡el sol!.. El apachurrado meco… el apache! ¡Buena con apache, cabrones salados”, gritaba a todo pulmón desde su esquina doña Cleofas Manzo, famosa en el puerto por su lengua bífida y constantes escándalos a causa de tener como saludo cordial un ¡chingas a tu mamacita… de mi parte!

Los velorios

Arraigado y enfermizo, el juego de la lotería no respetará el dolor y sobriedad de los velorios. Alejados unos metros del ataúd, eso sí, chicos y grandes formaban círculos con los cartones en mano. El corredor de las cartas lo hacía con la mayor sobriedad posible aunque, finalmente, era imposible contener la algarabía de los ganadores. El premio consistía en la misma cantidad de los cinco centavos pagados por cartón.

El tercer casino

Fueron el cronista porteño Carlos E. Adame y el hispano José S. Martino los promotores del tercer casino de Acapulco, por lo menos el de vida más larga. El segundo se habría localizado en la calle Benito Juárez, sin saberse nada más sobre él.
Acapulco es una ciudad pequeña disgregada por no tener un lugar adecuado para sus reuniones, justifica Adame en la creación del casino de Acapulco. Lo hace aquel 1 de octubre de 1947 en el segundo piso del edificio Pintos, en plena plaza Álvarez. Contaba con biblioteca, salón de baile, mesas de billar, cantina y cocina. Cien acciones de mil pesos cada una, bajo la custodia del tesorero Simón Álvarez.
Recordaba Adame un centro social de categoría que tuvo sus puertas abiertas para todos los sectores de Acapulco. Su amplio salón de baile fue escenario de los famosos bailes de carnaval, recepciones oficiales, eventos culturales, además de un sinnúmero de celebraciones familiares.

Los fundadores del casino de Acapulco

Lino Álvarez, Gilberto Aguirre, Rafael Añorve, Joaquín Adame, doctor Luis Arellano, Casimiro Álvarez, José Alonso, Mariano Alonso, Antonio Casis, Jesús Duque, Leobardo Cano, doctor Arturo Canales, Hid Charfén, Eladio Fernández, Ramón Guillén Salas, Efrén Villalvazo, Lucio Lobato, Óscar Muñoz Caligaris, Juan Muller, Crescencio Medina y Luis Martínez Cabañas.
También, Manuel Muñúzuri, Adrián Muñoz Solleiro, Roberto Nogueda, Justino Mendoza, Antonio Pintos Carvallo, Pedro Pelladini, Israel Soberanis, Rodolfo Pérez, Enrique Palazuelos, Enrique Pasta, Pedro Peña, Carlos Sutter, Juan Oms Soler, Alfonso Sutter, Manuel Tejado, Alejandro Batani, José Varcarcel, Julio Vélez, José Ventura Neri, Gral, Baltazar R. Leyva Mancilla, Dustano Montano, Franco Funes, Olegario Nava, José Fernández, Alberto Sánchez Unzueta, Algel Illades.
Benjamín Fernández, José Aguirre Dávila, José Aguirre Alzuyeta, Carlos y Roberto Barnard, Sixto Carrera, Alfonso Casarrubias, Carlos Castrejón, Vicente Cruz, Vicente Candela, Roberto Calderón, Manuel Díaz, Roberto Díaz, Herman Graef, Francisco Juárez, Jesús Jiménez, Francisco Torquemada, Isauro Flores, Alfonso Aznar, Alfonso Córdova, David Gómez, Ernesto González, doctor Evaristo Cabrera, El Güero Batani, Pedro Castañeda. Adrián García, Luis Linares y Ramiro Córdova Campos.

La sede

El edifico Pintos, en plena plaza Álvarez, a un lado de la catedral de Nuestra Señora de la Soledad, fue diseñado durante los años 40 por el arquitecto Joaquín Medina Romo, autor también del hotel Bahía y de la residencia de Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente de la República, Manuel, en un islote de la playa Caleta. Mucho antes se había levantado en ese sitio una “casa de alto”, ocupada por los billares estadunidenses Vulcanovich. La planta baja del edificio fue ocupada la mitad del siglo XX por la popular tienda de ropa La Moda.

Bellas Artes

Terminado el ciclo del casino de Acapulco, sus instalaciones superiores serán ocupadas por el Instituto Regional de Bellas Artes, dirigido por el pintor Luis Arnal y su esposa, la legisladora Macrina Rabadán Bastar.