EL-SUR

Viernes 21 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El corazón de Rosario

Jorge Zepeda Patterson

Febrero 07, 2005

 

“Han pasado varios meses desde los videoescándalos. Muchas cosas se han ido aclarando en el camino. He querido además ofrecer mi propio testimonio. Pero, eso no me exime de mis errores y mis responsabilidades. Desde luego que los cometí. Yo representaba a un partido político y no tenía derecho a ponerle en entredicho. He tenido que aprender que cuando eres una personalidad pública tienes que cuidar tu vida privada. Sobre todo si eres mujer. Pensé que me pertenecía y nunca me asumí como parte de un patrimonio colectivo que con tanto trabajo y esfuerzo hemos construido las mujeres. En ese sentido les fallé. Les pido disculpas a todas las que creían en mí y me sentían portadora de una esperanza. Ojalá me den otra oportunidad…”

Rosario Robles se está dando a sí misma esa oportunidad con la publicación del libro Con todo el corazón. Una historia personal desde la izquierda (Plaza Janés).

El libro es importante por muchas razones. Ella fue protagonista central de algunos sucesos importantes de la historia política reciente y no escatima detalles ni revelaciones. Por ejemplo, la visión que ofrece sobre el Renave confirma que se trataba de una operación oscura y multimillonaria favorable para los concesionarios, con una sospechosa aquiescencia de parte del gobierno federal. Los pormenores sobre la detención de Cavallo son novedosos y sus planteamientos de que Ramos Tercero fue asesinado y no cometió suicidio con un cuter, son inquietantes.

El libro constituye un aporte a la historia de la ciudad. Como brazo derecho de Cárdenas y luego como responsable del gobierno del DF, Robles ofrece información clave para entender las finanzas, los programas, la seguridad pública y en general las viscisitudes de la metrópoli. Es un relato ameno, plagado de nombres y confidencias sobre los poderosos que deciden los destinos nacionales. Aunque también es una dolorosa constatación de la endémica tendencia de la izquierda a devorarse a sí misma. Buena parte de los capítulos están destinados a contar las rencillas entre las tribus dentro del PRD.

La parte “jugosa”, incluso morbosa, tiene que ver con sus rencores. René Bejarano es su pluma de vomitar. A lo largo del libro aparecen rivales políticos a quienes respeta, y                                 sólo René es su enemigo personal. A su juicio, Bejarano no únicamente encarna los vicios del PRD que habría que erradicar: el clientelismo con las bases, la demagogia, el canibalismo visceral. También lo considera responsable en gran medida de su caída. Él fue quien filtró a la prensa la información financiera fragmentada y fuera de contexto que se utilizó para golpearla en los medios. Él fue el que desde la secretaría particular de López Obrador enlodó su imagen a ojos de “El Jefe” y terminó distanciándolos.

Robles es cuidadosa con López Obrador. Deja constancia de las jornadas de campaña transcurridas hombro a hombro a todo lo largo del territorio y de la manera generosa y entusiasta en que lo apoyó para que llegara a la gubernatura del DF. Pero también da cuenta del abandono inexplicable en que la dejó el tabasqueño cuando su estrella comenzó a declinar. Se pregunta qué porción de esta caída es responsabilidad directa de López Obrador: “En esos momentos todavía juraba… que Andrés Manuel no estaba al tanto de que la información había salido de las oficinas de su principal operador político (Bejarano). Ahora tengo mis dudas”, dice.

Tv Azteca y Reforma son medios a los que guarda rencor. A lo largo del libro describe la manera en que encabezaron su linchamiento mediático, sin importarles las pruebas que ella les enviaba para corregir un dato distorsionado o informaciones francamente falsas. Cuando el asesinato de Paco Stanley la televisora exigió su renuncia a la Jefatura de gobierno del DF, prácticamente como si ella lo hubiese mandado asesinar, y volcó toda la cobertura de sus noticieros a desacreditarla.

Es sorprendente cómo esquiva el tema Carlos Ahumada, tratándose de un libro de 330 páginas y del papel decisivo que el argentino tuvo en su caída. Esa es la principal falla del texto. Asume que cometió un error al enamorarse y que nunca tuvo que ver con los negocios de Ahumada, pero ninguna palabra sobre la enorme red que éste tejió con el poder público o las razones que lo llevaron a grabar y exhibir el video de compañeros y rivales de Robles. Es imposible creer, dada su intimidad, que ella no participó o se enteró de esos videos y de la decisión inexplicable por parte de Ahumada de darlos a conocer.

Robles pide no ser juzgada, pero desaprovecha la oportunidad de explicarse. “Soy una mujer como todas. Que se equivoca… que se enamora, que tiene afectos y desapegos… soy una mujer que ha puesto el corazón en todo. Eso a veces es bueno, a veces no. Pero al igual que todos exijo que se me juzgue por mis actos. Por mis hechos. No por los de los demás”.

Rosario Robles ha hecho una contribución importante a la causa de las mujeres y a favor de los pobres en este país. Pero no basta aducir razones del corazón y exponer los méritos del pasado, para olvidar su responsabilidad en un suceso que ha dañado tanto a su partido y a sus propias causas. El libro evade este punto y, en esa medida fracasa en sus objetivos. Es un texto útil por muchas razones, salvo por la ausencia del único tema que precisaba desentrañar.

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