EL-SUR

Miércoles 10 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El corazón y la tiniebla

Federico Vite

Julio 29, 2025

La portada de la décimo séptima novela del narrador italiano Giuseppe Culicchia atrae de inmediato. Al centro hay un corazón blanco hecho con la tela de una calceta; las arterias de color rojo acarician el núcleo cardiaco. La pasta dura es negra. Lo que hay dentro va en ese tono: el relato es un músculo al desnudo.
Il cuore e la tenebra (Italia, Mondadori, 2019, 218 páginas) es narrado en primera persona, un fotógrafo llamado Giulio tiene la triste misión de ir a cremar a su padre en Berlín. Hace el viaje desde Italia. Piensa en la cantidad de tiempo que ha pasado sin que ellos conversen. Lee las notas periodísticas sobre la muerte de Federico Rallo, músico y director de orquesta, afincado en Alemania desde hace veinte años. La distancia emocional entre ellos es mucha. Giulio se comunica con su hermano Pietro y con la madre de ambos para informarles lo ocurrido. Pietro ni se inmuta; ella responde en un mensaje de whatsApp: “Namasté”. Lo único que queda por hacer es echar a andar la memoria y los pies para llegar a Berlín e iniciar el funeral. Pero la muerte siempre es un viaje grupal que conlleva muchísimas transformaciones.
Lo que en apariencia es una novela sobre el duelo termina convirtiéndose en una estupendo relato sobre las relaciones entre padres e hijos. En manos de Culicchia, el duelo se convierte en una interesante manera de acercarse a los amores ideológicos y estéticos del padre. El hijo debe encargarse de la cremación, de las cuentas bancarias, del testamento y otros asuntos legales, pero tiene la fortuna de que su padre llevaba consigo un celular y dejó encendida la computadora en la que trabaja. Eso permite a Giulio ingresar a una intimidad de apariencia oscura que termina por robustecer la humana figura de un padre que se pregunta con insistencia en sus anotaciones y misivas, “¿qué significa fracasar, hijos míos?”.
El protagonista revisa con calma los archivos de la computadora y encuentra algunas carpetas donde hay largas reflexiones a favor del nazismo, en especial, acerca de la urgencia con la que Hitler trabajaba para el bienestar del pueblo germano, no ensalsa nunca el antisemitismo, pero la idolatría por Hitler es palmaria. En los archivos también es abrumadora la obsesión de Federico por el trabajo del director de orquesta Wilhelm Furtwängler, a quien consideraba un invaluable portento musical e ideológico. Aparte de ellos, Friedrich Nietzsche y fragmentos de la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, integran una colección de pensamientos terribles, sobre todo, porque la idea de la superioridad alemana campea en todos los textos del padre, en las fotos, en los pensamientos que hacen de Hitler un héroe y del nazismo una época dorada.
Giulio (y el lector) rechaza todas esas ideas, las condena y entiende que esa no es una parte de su padre que desea conocer; pero ya está en el proceso de cognición y sigue en la pesquisa de lo que fue un hombre. Ese esfuerzo se verá recompensado.
Como parte de esa inmersión a la mente de Federico, Giulio encuentra dos carpetas más, una denominada “Fun” y otra “Kids”. Fun guarda muchas imágenes de mujeres desnudas, incluso hay medidas y peso de las esplendentes anatomías femeninas; Giulio supone que Kids pueda contener imágenes de niños desnudos y eso condenaría al padre, así que no se anima a abrir la carpeta; deja pasar un tiempo, pero la curiosidad es enorme y lo que encuentra ahí es una hebra más de la otra verdad de un hombre distante. En la carpeta Kids hay fotos de Giulio y Pietro, cumpleaños, fiestas, viajes, fotos de dibujos de Giulio y de Pietro, montones de fragmentos “de los mejores años de mi vida como padre”.
El protagonista entiende que el padre atesoraba a sus hijos, por encima de todo e incluso de la música. “Era lo mejor de su vida”. Esa carpeta de archivos lleva a Giulio a una epifanía, pues se activa la memoria y los recuerdos felices abren un surco que le permite entrar al duelo y cumplir la última solicitud del padre: “Lleva mis cenizas a las playas de Marsala, donde fui inmensamente feliz junto a ustedes”. Pero antes de eso, Gulio debe hablar con Pietro y con su madre.
Giulio entiende que todo lo que construyó su padre en Berlín fue una coraza para sobrellevar la soledad. Descubre también que el matrimonio del que nació fue imperfecto, como todos, pero antes de la infidelidad del padre hubo una infidelidad de la madre con un judío. Nada es lo que parece.
El protagonista, con poco más de treinta años de edad, recibe mucha información y reinterpreta el origen de su familia; en especial, se libera de todos los juicios que le convirtieron en un gruñón empedernido, porque puede, por fin, asimilar el motor del divorcio. Ergo: el padre nunca fue tan malo; ni la madre tan buena.
Otro aspecto significativo es que el Berlín de este libro es una ciudad vieja con aliento joven, está en constante cambio. La metrópoli que adoptó al padre es otra parte de la historia que Giulio, poco a poco, construye. Y le ayuda a entender a Federico, quien vivió en el barrio en el que Hitler tuvo casa (antes luminoso y de abolengo, ahora triste y solitario). Hay muchos policías que tratan de mantener bajo control la urbe que ya no es lo que era, pero insinúa una nueva vida. El contraste entre Italia y Alemania también se manifiesta y el autor lo hace con inteligencia. Sin caer en obviedades ni exaltar las pasiones siempre cursis del nacionalismo.
El duelo por el padre siempre revela algo más, por ejemplo, la vitalidad que viene después de una reflexión asistida por la muerte. Y esa emoción se refuerza con estas palabras: “El mal que un hombre hace vive más allá de él. El bien a menudo permanece enterrado con los huesos. Para cuando leas estas líneas, ya no estaré aquí. Mi única esperanza es que en la muerte pueda estar cerca de ti, más de lo que pude en vida.
Tendrás que entender tantas cosas sobre el amor y el fracaso. Sobre la nostalgia por lo que pasó y lo que nunca volverá, por lo que nunca sucedió, por lo que no logramos, hijo. Entonces, ¿cómo llenamos los vacíos que nosotros mismos hemos creado? ¿Qué significa fracasar, hijo querido? ¿Qué significa fracasar en la vida? ”.
* La traducción de las frases entre comillas es mía.

@FederíVite