Arturo García Jiménez
Octubre 09, 2025
Cuando los campesinos e indígenas de esta región escucharon la noticia de que la presidenta Claudia Sheinbaum firmó el pasado 15 de agosto la creación del Corredor Biocultural Gran Selva Maya con los gobiernos de Guatemala y Belice para comprometerse a proteger hasta 5.7 millones de hectáreas de selva, éstos, se alegraron, porque con dicho anuncio vieron florecer un proyecto que desde finales de 2019 iniciaron. Un concepto que, aunque ya acuñado de años atrás, no se ponía en práctica.
El concepto
Desde hace ya muchos años, los científicos que buscaban los orígenes de la agricultura en el mundo y especialmente del maíz, se basaban en indagar la ruta que recorrían los grupos humanos en busca de alimentos y sustento. A Mesoamérica llegaron hace más de 10 mil años y se establecían en cuencas que les parecían favorables para asentarse y construir sus civilizaciones, a este recorrido y posterior asentamiento le denominaron “corredores biológicos culturales”. Por cierto, fue de esta forma como, mediante evidencias paleontológicas y arqueológicas descubrieron que el origen del maíz se dio en la cuenca del río Balsas en Guerrero, en una cueva de Xihuatoxtla, cerca de Huitzuco; de los estudios del teocintle, ancestro silvestre del maíz, se descubrió que sus genomas aparecen en las diversas razas de maíces actuales. Las comunidades que se han coordinado en este corredor precisamente forman parte de la cuenca hidrológica del río Balsas.
Posteriormente, en Europa se acuñó como tal el concepto ya como “corredores bioculturales” cuya definición se centra en la interconexión de ecosistemas y la restauración de sus funciones biológicas y culturales originales como vías de intercambio biológico y cultural.
Con estos elementos, las comunidades de los núcleos agrarios de la región se han coordinado para impulsar un proceso que tiene como centro el compromiso por salvaguardar su patrimonio biocultural.
El proceso organizativo
A finales del 2019, se promovió en la región la creación de Áreas Naturales Protegidas bajo la figura de Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación (ADVC). Con ello, se amplió la visión para crear una cultura y práctica de preservación del medio ambiente, el cuidado de los recursos naturales y el rescate de la cultura. La idea de crear más ADVC’s generó la búsqueda de estructuras organizativas; surgiendo así la idea el Corredor Biocultural anclado en la constitución de una Unión de Ejidos y Comunidades de acuerdo con la legislación agraria. El propósito se amplió, ya que de lo que se trata es de que las comunidades se organicen autogestivamente y gestionen de manera integral el conjunto de sus problemáticas donde, además de lo ambiental, se contenga el desarrollo productivo, la gestión de servicios y una cultura de paz.
Se trata de trece núcleos agrarios que comparten el denominador común de guiarse por tres principios básicos: El apoyo mutuo, la gestión conjunta y el impulso de políticas públicas para el desarrollo del campo.
Así, en asambleas ejidales y comunales de conformidad con la ley, los núcleos agrarios de Sulchuchio, Petatlán, Atlixtac, Cualac, Santa Cruz, San Bartolomé Tlaquiltepec, Coyahualco, San Pedro Aytéc, Alpoyeca, Ixcateopan, Tecoyo I, San José Buena Vista y Zacualpan, quienes representan y administran 83 mil 571.45 hectáreas de propiedad social de la tierra que se ubican en los municipios de Chilapa de Álvarez, Atlixtac, Cualac, Huamuxtitlán, Alpoyeca y Tlapa de Comonfort, y que se distribuyen en la Montaña Baja y Cañada de Guerrero, se constituyeron en el Corredor Biocultural, tomando como base el ser núcleos agrarios soberanos, reflexivos, con principios ideológicos comunes y que actúan a través de procesos de gobernanza comunitaria a ras de tierra y bajo su sistema normativo milenario de autodeterminación, sin dependencia de funcionarios públicos, legisladores, centrales campesinos neoliberales o partidos políticos. Y ya como colectivo agrarista organizado, desde el 21 de febrero de este año, determinaron constituir la Unión de Ejidos y Comunidades del Corredor Biocultural. En el conjunto de su territorio, además de una basta diversidad de recursos vegetales y faunísticos, se asientan 150 localidades rurales e indígenas en las que viven 32 mil 975 personas que se distribuyen en tres de las cuatro culturas originarias registradas en Guerrero y hablantes de la lengua materna tu’un savi o mixteca, náhuatl y me’phaa o tlapaneca.
Como comunidades organizadas han puesto el ejemplo firmando un acuerdo agrarista que implica la prevención y combate de incendios forestales, así como la restauración de áreas siniestradas; han gestionado acciones para enfrentar la contingencia fitosanitaria en sus bosques; también gestionan el saneamiento de la cuenca del río Tlapaneco, y recientemente, lograron ante la CONANP, la certificación de predios en Área Natural Protegida en siete núcleos agrarios.
La propuesta
La figura de Corredor Biocultural no forma parte de los esquemas de conservación ecológica instituidos en el artículo 46 de la Ley de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA), por lo que se requiere la actualización de la Ley para agregar nuevos esquemas de conservación ecológica, dentro de los cuales está el corredor biocultural, las regiones bioculturales, los territorios de conservación comunitaria, entre otros, para lograr la protección del 30 por ciento del territorio continental y marítimo al 2030, tal como se ha establecido a nivel nacional.
Como un primer paso para ello, este 10 de octubre en la comunidad de Petatlán, municipio. de Atlixtac, el Comisionado Nacional de la CONANP hará el reconocimiento oficial de Corredor Biocultural a través de la declaratoria oficial.
Se trata de un logro histórico para la Montaña y para Guerrero, que se circunscribe en las líneas estratégicas que impulsa desde 2019 la Coordinadora de Comisariados de Guerrero.