EL-SUR

Lunes 15 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

El cuidado del medio ambiente como estilo de vida

Jesús Mendoza Zaragoza

Junio 05, 2023

 

Hay tres verbos que han determinado la relación que la sociedad tiene con el medio ambiente: dominar, explotar y consumir, que han dado como resultado una crisis ambiental de proporciones alarmantes para el planeta y para nuestros entornos cotidianos. Es una relación destructiva que se ha normalizado y, aún, se ha naturalizado en la vida cotidiana. Salvo muchos de los pueblos originarios de México y del mundo, los entornos naturales tienen un enemigo formidable en el ser humano que no ha sabido hacerse amigo de las montañas, los mares, los ríos, los bosques, los animales y los recursos naturales. Las leyes del mercado, el consumismo y el lucro destruyen todo lo que tocan.
Afortunadamente ya hay muchas iniciativas ambientalistas. Hasta las trasnacionales en el mercado global se presumen así. Hay de ambientalistas a ambientalistas, algunos de ellos son mera simulación para su publicidad, pero las hay también, aquéllas que asumen responsabilidades económicas, sociales y políticas significativas. El cuidado del medio ambiente es multifacético al contar con las más diversas iniciativas, desde aquéllas que tienden a incidir en el freno al calentamiento global hasta aquéllas más locales que se focalizan en temas parciales como el ahorro de la energía, la administración del agua, el cuidado de los bosques y otros más.
Creo que una cuestión de fondo tiene que ver con la humanización del medio ambiente, es decir, en modificar profundamente la relación que hasta ahora es preponderante en términos de dominio y de consumo, entre el ser humano y la naturaleza, buscando una relación saludable y solidaria con el medio ambiente en sus más diversas expresiones. Se habla de la necesidad de una conversión ecológica en el sentido de que generemos una relación fraternal con la Tierra. Se dice que Francisco de Asís distinguía entre vivir sobre la Tierra y vivir con la Tierra. Son dos relaciones muy diferentes. Vivir sobre la Tierra constituye una relación de dominación, mientras que vivir con la Tierra busca ser una relación de solidaridad. El problema está en cómo podemos hacer un camino de conversión ecológica con capacidad de modificar esta relación.
La cuestión de fondo en este asunto está en una desconexión sistémica entre el ser humano (sociedad) y el medio ambiente, una relación en la que el ser humano impone una relación de violencia contra su entorno natural causando estragos y mil formas de destrucción. La violencia que se da en la sociedad causando una crisis social, y la que se dirige contra el medio ambiente genera una crisis ambiental tienen una misma fuente: el ser humano que no logra entenderse a sí mismo, no logra reconocer su propia dignidad y, por lo mismo, no es capaz de ser coherente consigo mismo, con lo que realmente es. Si prevalece, en la práctica, el principio de que “el hombre es el lobo del hombre”, olvidamos lo que somos y hemos vendido nuestra dignidad por un plato de lentejas.
La cuestión de cómo afrontar esa desconexión en la que el ser humano se desconecta de sí mismo y, como consecuencia, se desconecta de su medio ambiente. Esto quiere decir que, si el ser humano está desconectado de su original dignidad, a la que ha olvidado y ha abandonado, se desconecta en todas sus relaciones. Así, vive desconectado en sus relaciones económicas, políticas y sociales. Así, podemos hablar de las desconexiones que hay entre gobierno y sociedad, entre empresas y trabajadores, entre el campo y la ciudad, entre pueblos originarios y modernidad.
Por eso mismo, en el asunto del medio ambiente, lo que está en juego es la dignidad humana. Si esta dignidad está lastimada, fragmentada o herida, acciona como tal en las relaciones con su entorno. Por ello, necesitamos recuperarnos a nosotros mismos, lo que somos originalmente. Maltratar un río es perjudicial para el río, pero también perjudica al maltratador porque se hace daño a sí mismo al actuar de manera incongruente a su propia dignidad. Hay un proverbio bíblico que dice: “el hombre bueno se beneficia de su bondad, el hombre cruel se destroza a sí mismo” (Prov. 11, 17). Por esto, al actuar contra el medio ambiente actuamos en contra de nosotros mismos, en contra de nuestra propia dignidad. De ahí las grandes amenazas que pesan contra la humanidad como consecuencia de esta desconexión que nos ha permitido saquear los recursos naturales y contaminar el planeta de diferentes maneras. Necesitamos recuperar nuestra propia dignidad para conectarnos con la naturaleza con una nueva relación, de amistad, de cuidado, de solidaridad.
Hay una verdad que está ganando terreno en el pensamiento actual: todo está conectado. La naturaleza vincula todo, de ahí que hablemos de los ecosistemas y de las cadenas alimentarias. Para vivir necesitamos de las abejas y hasta de los mosquitos, porque todo está conectado. El ser humano está conectado con toda la naturaleza y, aún, con el cosmos. Somos parte de la naturaleza. Esto necesitamos comprender y aceptar. Las desconexiones son las que generan los desastres, que no son tan naturales, puesto que en ellos incide la actividad humana, como es el caso del cambio climático.
En fin, necesitamos recuperar nuestra dignidad humana para poder recuperar nuestra conexión con el entorno natural. Y de esa manera, podemos transformar nuestro estilo de vida, conectándonos con todo para disminuir los perjuicios que causamos con nuestras desconexiones. Por ejemplo, la cultura individualista y del lucro y la cultura del consumismo, son reflejo de esa desconexión humana. Vendemos nuestra dignidad para acrecentar las ganancias; a la naturaleza le aplicamos una categoría económica, llamándole en términos de “recursos” y olvidamos que es nuestra “casa común”, un término más humano.
Por eso, hoy que se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, tenemos que ir más a fondo en nuestra manera de pensarnos a nosotros mismos y de pensar a nuestra casa común, de manera que forjemos una relación de fraternidad con la Tierra y con cada uno de sus componentes. Adoptemos estilos de vida que impliquen menos desperdicio y menos consumo, innecesarios, sobre todo allí donde los procesos de producción son tóxicos e insostenibles. Tratemos de estar lo más atentos posible a nuestros hábitos y decisiones económicas, de modo que todos puedan estar mejor: los hombres y mujeres de hoy y de mañana.