EL-SUR

Lunes 13 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El dalái lama sobre sabiduría y felicidad para enfrentar el siglo XXI

Ana Cecilia Terrazas

Mayo 16, 2026

El más reciente documental del nonagenario dalái lama, Wisdom of Happiness –como lo tradujo Prime Video, o Sabiduría y felicidad, como le pusieron en español–, de 2024-2025, comienza con la siguiente advertencia: “Hermanos y hermanas de este pequeño mundo…”.
Eso pone el tono para ubicarnos en la inmensidad del cosmos y también para, de entrada, igualarnos. El primer mensaje de este texto audiovisual, legado de Tenzin Gyatso, el décimo cuarto dalái lama, nacido en 1935, líder espiritual del Tíbet en exilio, Premio Nobel de la Paz (1989), quiere dejar claro que él es igual a cualquier otro ser humano y debemos procurar entender, sobre todas las cosas, que todos y todas somos exactamente iguales. Así, quien mire la hora y media del documental, dice, “no debe esperar ni milagros ni bendiciones especiales”. El legado compartido consiste en comentar experiencias y resultados de su pensamiento e historia de vida en la práctica.
Establece también que su decisión para armar este testamento audiovisual se debe a que el presente siglo y sus evidentes convulsiones –desastres, catástrofes, guerras, destrucción– demandan nuestros mejores recursos.
En un inicio, la narración arranca con su propia biografía, su salida del Tíbet y el consecuente éxodo de su pueblo hacia India, a manos de Mao Zedong (quien, asegura, era “como mi padre”). Esa tensión y contraste es punto de arranque para abundar sobre cómo podemos fortalecer las capacidades de resiliencia ante lo que haya que enfrentar en el siglo XXI.
Quizá lo más relevante para contrarrestar las secuelas destructivas, menciona, es que las emociones pueden controlarse con disciplina mental, con el hábito de la meditación analítica y con el darse cuenta de que con cada conflicto o enemigo se pueden poner en práctica la paciencia, la bondad y la compasión (muy afines al budismo tibetano que encabeza).
Manejar las emociones correctamente, de acuerdo con el dalái lama, es construir el camino hacia una felicidad en medio de un caos y, en última instancia, esto puede literalmente arreglar y cambiar al mundo, puesto que resulta en paz. Transformar la mente puede llevarnos, en conjunto, hacia la paz. Ante el egocentrismo, los miedos, la ira y el enojo, de acuerdo con el dalái, debemos concentrarnos en hallar interesante el punto de vista de contraste, el diálogo, la contención de emociones negativas y emprender un ejercicio para mejorar que consiste en esa disciplina mental hincada en la bondad, la compasión y la paciencia.
Para el dalái lama, el sufrimiento se puede acotar en la medida en la que las personas se desapeguen de “todo como debiera ser” y puedan escuchar lo que está ocurriendo, eso nuevo que sucede. Así, este contexto de pensamientos sin apego, con igualdad y con la cultura del cuidado que se puede aprender de las mujeres –de las madres–, nos facilita la autodisciplina para contener las emociones destructivas y mantener una higiene emocional. Respirar con pausas y conciencia, técnica elemental de la meditación, puede ser una herramienta clave para ese ejercicio de autocontrol.
La producción ejecutiva del documental estuvo a cargo del actor Richard Gere, conocido por su afinidad con la meditación budista y de Oren Moverman. Multipremiada, su información oficial insiste en que la película “no se ve, se vive” y en que “nos revela una verdad atemporal: la felicidad sigue siendo posible, incluso en medio del caos y la incertidumbre. Este poderoso mensaje de esperanza se transmite a través de una conversación íntima con uno de los pensadores más importantes de la actualidad (…) quien, con una claridad conmovedora y una profunda humanidad, nos invita a imaginar –y a contribuir a crear– un mundo donde la compasión se active como nuestra fuerza más poderosa para el cambio y la felicidad esté al alcance de todos”.
Si hubiera que resumir algunas de las pautas que se extienden en el documental, estarían: preponderar el enfoque colectivo por encima del individualismo; practicar la gestión emocional desde el análisis intelectual, mental, para suplantar sensaciones como la ira y el odio por la paciencia y la bondad; fincar toda reacción social a partir de la compasión para sobrevivir, ganar salud mental y lograr vivir realmente desde una posición de igualdad; finalmente, reconocer la interconexión global de todo y de todo ser sintiente, sin eludir la responsabilidad que nos toca respecto de la vida y las formas de vida.

@anterrazas