EL-SUR

Sábado 03 de Diciembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

El derecho a la hospitalidad y el diálogo social

Saúl Escobar Toledo

Enero 18, 2017

Poco ante de fallecer, el sociólogo Zygmunt Bauman (Pozman, Polonia, 19 de noviembre de 1925-Leeds, Reino Unido, 9 de enero de 2017), nos dejó un libro que tituló Extraños tocando a la puerta (Strangers at our door) publicado a finales del año pasado. La edición en español estuvo a cargo de Espasa, Barcelona. Se trata de un fuerte y conmovedor alegato en defensa de los migrantes y en contra de las políticas y discursos que se han desatado contra ellos en Europa y en Estados Unidos.
En vista de que, en un par de días, Donald Trump tomará posesión como presidente de ese país, vale la pena rescatar algunas reflexiones de Bauman. Aunque el autor se refiere principalmente a Europa, también analiza el caso norteamericano. La principal diferencia entre el primero y el segundo es que la migración hacia los países desarrollados de aquel continente se ha alimentado no sólo de personas que buscan mejorar su nivel de vida sino también, ahora, de la profunda inestabilidad en la región de Medio Oriente. Este último flujo de migrantes en busca de refugio es el “daño colateral de las desventuradas y calamitosas expediciones militares encabezadas por Estados Unidos en Afganistán e Irak”.
En general, sin embargo, Bauman destaca que en las zonas desarrolladas del planeta “los empresarios ven con buenos ojos e incluso codicia la afluencia de mano de obra barata”. Sin embargo, para una buena parte de la población de esos países, “acuciada por su precariedad existencial y su endeble posición social, esa afluencia de migrantes significa mayor competencia en el mercado laboral y por lo tanto mayor incertidumbre y menores posibilidades de mejoramiento”.
Bauman asegura, como muchos otros autores, que la migración por razones económicas se debe principalmente a la brecha salarial que existe entre los países pobres y los ricos. Esta brecha se mantendrá seguramente durante varias décadas y por ello los flujos migratorios seguirán creciendo.
Pero para los residentes de los países más desarrollados, receptores de los migrantes que tocan las puertas de sus ciudades y barrios, se trata de unos “extraños” que por ello producen desconfianza e incertidumbre. Personifican el “derrumbe del orden social”, son los “mensajeros de malas nuevas desde diversos rincones lejanos del mundo”
Todo ello desata una mentalidad que genera “una trayectoria ascendente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo chovinista y, consecuentemente, los asombrosos éxitos electorales sin precedentes de partidos y movimientos de este tipo y de sus líderes patrioteros”.
Bauman asegura que “es claro que la política de separación, de construcción de muros en vez de puentes… no conduce a ninguna parte más que al erial de la desconfianza, distanciamiento y bronca mutua… se trata de políticas suicidas que no sirven más que para acumular carga explosiva para una futura detonación”. Denuncia con vigor la política de “securitization”, término desconocido en los diccionarios pero que aparece cada vez más en los discursos públicos y en los medios de difusión. Se trata de un neologismo que pretende que todos los problemas sociales y económicos se transfieran al ámbito, la jurisdicción y supervisión de los órganos de seguridad. Así, las preocupaciones de los ciudadanos sobre sus empleos, sus salarios y las deficiencias de la seguridad social, mediante un truco de prestidigitación, se relegan o se convierten en parte de la “securitization”, en un problema de seguridad pública.
Junto a ello, la migración se identifica con terrorismo. O como hizo Trump con los mexicanos, con violadores, narcotraficantes y gente ilegal. Con ello se fabrican “grandes miedos” que ahora tienen un destinatario concreto, visible y tangible. Eso rinde grandes frutos políticos, pero también produce otro efecto: “Desde el momento en que, en la opinión pública, se les relega a la categoría de potenciales terroristas, los migrantes pasan a estar fuera del alcance (y fuera de los confines) de la responsabilidad moral y, sobre todo, del espacio de la compasión y de aquello que nos impulsa a preocuparnos por las otras personas”. Al estigmatizar a los migrantes se les ve como personas que no son “totalmente humanas” y por lo tanto a las que se les niega aceptación social y se les somete a marginación y rechazo.
Según Bauman es posible entender mejor el caso del “fantasma del hombre fuerte, Donald Trump”, si consideramos que es un espectro que “nació de la ansiedad de la gran clase media estadunidense afectada por unas probabilidades terriblemente elevadas de caer en la pobreza”. Un hombre fuerte que haga que América vuelva a ser grande de nuevo, en la realidad equivale a decirle a la población trabajadora común y corriente que puede volver a sentirse segura.
Se puede entender entonces que “se depositen las esperanzas de la gente en un salvador, un hombre o mujer providencial agresivamente nacionalista que promete dejar fuera al planeta globalizado, cerrar puertas que perdieron hace tiempo sus bisagras…” Pero estos esfuerzos son y serán inútiles. “Todos vivimos ya en un planeta cosmopolita, con fronteras porosas y altamente osmóticas… lo que nos falta es una conciencia cosmopolita”.
Ante la imposibilidad real de cerrar fronteras a los migrantes, Bauman recurre a un estudio de Kant publicado en 1795, hace más de doscientos años, en el que el filósofo de Könisberg en referencia a “la paz perpetua” afirmaba:
“…la hospitalidad significa el derecho de un extranjero de no ser tratado con enemistad a su llegada a territorio foráneo… si el extranjero está en su sitio pacíficamente no puede el otro comportarse hostilmente… Adquiere un derecho de visita que le corresponde a todos los seres humanos, el derecho a estar en un lugar de la Tierra igual que en cualquier otro…”
Sustituir la hostilidad por la hospitalidad es la solución para resolver el problema migratorio en lugar de convertirlos en objeto de imputaciones, difamaciones y calumnias que llevan a la deshumanización de los migrantes.
Así, para el futuro inmediato solamente nos queda la “posibilidad de que la inmigración continúe instalada en algo parecido a una guerra de guerrillas con la que se pretenda reducir los derechos de los migrantes y mantenerlos en un permanente estado de inseguridad y vulnerabilidad”, o la “posibilidad de obtener un mayor apoyo a una gestión de las migraciones de personas enfocada desde la perspectiva de los derechos humanos”.
Trump, dice Bauman, es un hombre con un largo historial de siniestra retórica de odio racial y religioso, de invectivas formuladas en forma de nosotros contra ellos. Frente a este tipo de personajes e ideas, nuestro autor recomienda que entre los ciudadanos de los países receptores y los inmigrantes se produzca un “estrecho y cada vez más íntimo contacto…” pues frente a esta y otras crisis que vive el mundo, no hay salida más que la “solidaridad entre los seres humanos”. Para ello es indispensable el diálogo que aspira a un entendimiento mutuo y lleve a una fusión de horizontes, a un horizonte común. Bauman agrega que el modelo básico del entendimiento es “la conversación”. La conversación abunda Bauman “…seguirá siendo la vía directa al acuerdo y, por ende, a la coexistencia pacífica, mutuamente beneficiosa, cooperativa y solidaria”.
Nosotros agregaríamos, como conclusión, que alentar ese diálogo, que lleve a reconocer el “derecho a la hospitalidad” y los derechos humanos de los migrantes, frente a un gobierno hostil en Estados Unidos que responde a ideas completamente opuestas, y a un gobierno como el mexicano que no se atreve a hacerlas suyas y ponerlas en práctica, tendrá que recaer en las sociedades de ambos lados de la frontera. Propiciar la conversación y el entendimiento entre los migrantes, los ciudadanos y los residentes de Estados Unidos y México, en todos los niveles, es nuestra principal alternativa y nuestra misión más importante a partir del próximo 20 de enero.

Twitter: #saulescoba