EL-SUR

Jueves 02 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El descenso gótico y enervante de Mariana Enríquez

Adán Ramírez Serret

Enero 16, 2026

La ciudad de Buenos Aires ha sido inmortalizada por una pluralidad de obras literarias durante el siglo XX, de Borges a Cortázar, pasando por Sabato, Marechal, Girondo o Piglia; siendo un escenario, a veces casi más literario que “real” por la contundencia y grandeza de estas obras en donde aparece.
Entonces, cuando parecía que ya se había dicho todo sobre Buenos Aires, de repente aparecen nuevas voces como algunas novelas, como Aira, en donde ya no es la ciudad del arrabal, de la Boca, la Chacarita, Corrientes o Palermo, sino otra, una marginal de las villas periféricas y marginales que rodean la ciudad y que forman una parte del Gran Buenos Aires. Allí están también Guerriero o Saccomanno.
Y por si esto fuera poco, Argentina no es otra cosa que abundancia de buen futbol y literatura, también hay otra voz fundamental para reconocer esta ciudad, Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973), quien con libros como Las cosas que perdimos en el fuego, Los peligros de fumar en la cama y Nuestra parte de noche, se ha consolidado como la escritora más exitosa de Latinoamérica en los últimos años.
A mí, sin lugar a duda, me gusta mucho, pero debo admitir que hasta ahora no había caído del todo bajo su embrujo. Sin embargo, en días recientes que he leído su primera novela, escrita a los 19 años y recientemente reeditada, Bajar es lo peor, he descubierto a una autora sangrante, plena de oscuridad, de locura, de soledad y desarraigo que vaya que me está gustando cada vez más.
En esta primera novela ya está la esencia de Mariana Enríquez, ya están las drogas, el alcohol, los personajes marginales, el otro mundo fantasmagórico, las pesadillas, el universo gótico, y lo que me gusta más es que todo está menos asimilado, menos llevado a la estética; es decir: más ríspido, de una Enríquez que no sabe que será súper famosa y que un público sediento de su literatura será quien la consuma, quien devore, más bien, sus libros.
En esta novela lo que hay es mera originalidad surgida, lo dice ella misma en la “Nota a la edición”, de una necesidad profunda de desahogarse mediante la escritura, sin desear ser nada, ni escritora ni famosa, tan sólo por la mera y destructiva necesidad de sacar todo aquello que trae adentro sin ningún otro anhelo.
Claro, esto puede ser mero romanticismo, mera poética; pero leyendo el libro le creo. Con estos personajes plenos de calle, de alcohol, de drogas y sexo en esa Buenos Aires tantas veces leída hasta llevarla a la mitología de un París o Londres; Enríquez la reinventa, la hace otra cuando va a ese mundo nocturno en donde todo consumo es promiscuo, toda acción destruye y da placer; todo es un pretexto para inyectarse, tomarse otro trago o tener sexo.
Y la maravilla, incluso la belleza, o más bien, por supuesto que la belleza, viene cuando se descubre la estética deslumbrante de este mundo oscuro a través de sus personajes; con Narval (acaso una alusión al poeta francés romántico Gerard de Nerval) quien vive en las calles a base de vino y heroína; Carolina, también en las calles, en “el abismo” dirían Jack London o J. M. Servín; y Facundo, cuya belleza recuerda a un vampiro cercano a Dorian Gray. Y en este tapiz oscuro y que nos podría parecer lejano, está la condición humana, con todos sus matices, con sus oscuridades, claro, sería lo primero, pero también con su integridad, con su entrega a la vida en cada trago, pasón o experiencia sexual en donde viven al límite las pasiones humanas.

Mariana Enríquez, Bajar es lo peor, Ciudad de México, Anagra-ma, 2022. 271 páginas.