EL-SUR

Miércoles 01 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

El día después

Raymundo Riva Palacio

Diciembre 11, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Hace algunas semanas, un grupo de analistas políticos y de inteligencia estadunidenses encabezados por un funcionario del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, llegaron a México para entrevistarse con diversas personas a fin de encontrar respuestas satisfactorias a su preocupación sobre lo que va a pasar en México el próximo 3 de julio, al día siguiente de las elecciones presidenciales. La pregunta está directamente relacionada con el escenario de una votación muy cerrada ante lo cual uno de los candidatos pueda inconformarse con el resultado y opte por la vía de la movilización popular, generando inestabilidad en un país con el que comparten 3 mil 200 kilómetros de frontera y en el contexto de su paranoia por el terrorismo.

Los analistas que viajaron de Washington tenían en mente dos vertientes de su preocupación. La primera es sobre el candidato perredista Andrés Manuel López Obrador, al único que ven en la línea de confrontación en caso de un                                                 resultado electoral negativo, dado su pasado beligerante y violento en Tabasco, donde su derrota en las elecciones para gobernador lo impulsó a la toma de pozos petroleros, obstrucción de vías de comunicación y quema de autobuses. Si eso se extrapolara al territorio nacional o a las zonas donde el PRD tiene bases, es uno de los cálculos, podría significar un problema de inestabilidad social y política.

La segunda se refiere directamente al presidente Vicente Fox, a cuyo gobierno no le ven la capacidad, menos aún la determinación, para poder controlar una eventualidad de esa naturaleza. Los estadunidenses se preocupan porque estiman que un clima de descomposición, como el que podría causar López Obrador al rechazar con movilizaciones nacionales un veredicto en las urnas, les perjudica sobremanera por la agitación que tendrían en la frontera más larga del mundo que no está militarizada, de la cual dependen 13 ciudades de la Unión Americana, y por la cual transita una gran cantidad de productos para sus consumidores. Una toma de puertos fronterizos prolongada podría colocar en una crisis económica a toda la región estadunidense afectada, además del escenario de infiltración terrorista, por la vía del narcotráfico, en una situación de tanta inestabilidad.

El pasado de López Obrador los tiene inquietos, y el propio candidato presidencial no ha tenido el cuidado de ir disipando esos temores. Por el contrario, como se vio en su reciente aparición ante un grupo de inversionistas estadunidenses, se mantiene intransigente en sus posturas clamando siempre que la opción por los pobres es su prioridad, lo cual política y éticamente es correcto, pero tácticamente es equivocado –¿cómo beneficiar a los pobres sin dinero?. Estratégicamente es un juego altamente peligroso porque no ha dejado de elevar las expectativas, con lo que puede llevarlas a puntos sin retorno donde la única salida sea la violencia. Algunos asesores de López Obrador le han pedido que matice su discurso a fin de eliminar los giros de intransigencia que le siguen costando políticamente, pero el carismático candidato parece confiar demasiado en su persona. Quizás, después de la desangelada toma de protesta este domingo en la ciudad de México, López Obrador empiece a entender que no todo es imán –como fundamentalista–, sino que necesita mayor racionalidad en los discursos para alcanzar su objetivo.

Aunque López Obrador mantiene ventaja sobre su más cercano adversario, es previsible que en los próximos meses la distancia se vaya acortando aún más de lo que se ha reducido en el último año, por las razones naturales de su propio desgaste, y por la consolidación de las campañas de sus adversarios del PAN, Felipe Calderón, y del PRI, Roberto Madrazo, que empezarán a mover las estructuras de sus partidos. Grosso modo, el PRI tiene un 28 por ciento de militancia dura, por un 26 del PAN y un 20 del PRD. Las alianzas que están tejiendo con otros partidos modificarán ese voto duro, pero a López Obrador todavía le faltan varios millones de votos por encima del núcleo fiel del PRD, que necesita sacar de las redes ciudadanas. No está claro todavía si podrá acumular ese apoyo en votantes fuera del PRD, que necesita para estar en condiciones de competir por la Presidencia. Tampoco se puede olvidar que, en función del padrón electoral, cada punto porcentual equivale a unas 450 mil personas. La simple aritmética electoral sigue operando, hasta hoy en día, en contra de López Obrador, por lo que los escenarios que están corriendo en diversos círculos, como los estadunidenses, los llevan a tomar providencias.

El gran dilema mexicano es que para 2006 se empatará el avance de la democracia electoral con el subdesarrollo de la democracia como forma de organización social. La democracia electoral que se ha venido construyendo introduce precisamente la duda sobre quién ganará la Presidencia el próximo año, pero las deficiencias sobre cultura democrática, que son cambios que no se establecen por años sino por generaciones, ubica el temor de diferentes sectores en México y en el extranjero, en la llamada aceptabilidad de la democracia, que es el componente político que muestra la madurez de las sociedades y sus actores. No existe preocupación por una eventual derrota de Calderón o Madrazo, porque no tienen en su pasado actitudes violentas como las que tiene López Obrador, y el escenario ideal de una victoria bastante holgada sobre el perredista, no se ve en ningún horizonte.

Existe, por supuesto, la probabilidad de la victoria de López Obrador, pero las preocupaciones en este momento no se ubican en ese nivel. El temor es si, en caso de derrota apretada, el perredista aceptará la victoria de su contrincante. Por la manera como han actuado varios de sus lugartenientes descalificando las instituciones políticas y electorales, parecería que están construyendo el escenario de fraude. Mucho ayudaría a todos, incluido él mismo, si López Obrador revisa su estrategia y empieza a dar muestras de madurez política, que se pueda expresar tanto en la derrota, como, por supuesto, en la victoria.

 

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