EL-SUR

Jueves 11 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

El ecoturismo en la sierra de Zihuatanejo y la redistribución del ingreso

Silvestre Pacheco León

Noviembre 26, 2005

La idea la desarrollaron a partir de lo que aprendieron sobre el modo de vida estadunidense.

Homero vivió 11 años en Estados Unidos. Allá trabajó y llegó a ser hombre exitoso en su propio negocio de venta de autos usados. Aprendió a tratar a los vecinos del norte como sus iguales, y asegura que ese es el modo que a ellos les gusta.

Su hermano Bulfrano estudió en Zihuatanejo la carrera de administración y con ella incursionó en la hotelería. En ese ambiente aprendió inglés y conoció las costumbres y los gustos de los turistas.

Ambos tienen idea de los negocios y en la sierra han dado prueba de ello, aprovechando los recursos naturales de manera productiva gracias al apoyo que los programas oficiales ofrecen.

Su liderazgo y capacidad de gestión han permitido que los vecinos de su                                             comunidad se beneficien de algunos servicios básicos como es el acceso carretero, la educación y ahora la energía eléctrica.

Mesas de Bravo es el nombre de la comunidad donde viven, en el ejido de La Laja, municipio de Zihuatanejo. Muchos  conocen o han oído hablar de este poblado que se encuentra a la vera del viejo camino viejo que los mineros de Real de Guadalupe utilizaron en los dos siglos anteriores para llevar el mineral hasta Petatlán, a lomo de bestia.

Es un lugar de agua abundante y clima sin par, en la llamada zona de transición con bosque de pino-encino.

Siguiendo la carretera que comunica a la costa con la Tierra Caliente, a una hora de Ixtapa, tomando en cuenta el camino sinuoso y maltrecho, se llega al entronque que los lugareños han bautizado como Apatzingán. De ése punto a nuestro destino se recorren 5 kilómetros de terracería que el gobierno municipal se ha comprometido a rehabilitar y quizá a proseguir con la construcción de vados, obra inconclusa que los propios habitantes                                             pararon en la gestión                                             municipal saliente debido al desacuerdo que tuvieron con la dirección de obras públicas que los presionaba a firmar precios inflados.

Mientras avanza en el camino el visitante puede ver algunas huertas de naranja valenciana cuya producción es orgánica y sus propietarios comercializan ya en la zona turística. Le llamará la atención que el tendido de la red eléctrica en partes se aleje del camino, pero luego sabrá que el trazo                                             caprichoso obedeció al respeto que los pobladores tienen por los árboles. No quisieron derribar añosas parotas ni higueras sombrosas del camino y prefirieron dar un  rodeo con la red para llegar al poblado.

Entre las encineras cercanas al camino se ven plantíos de agave azul como pedazos de océano, que los Bravo han introducido para producir su propio mezcal. De esa planta tienen sembrada una superficie de tierra que se acrecienta cada año al deshijar las matas adultas para crear nuevos ejemplares.

El pasto inducido y natural también es abundante y con él mantiene hatos de ganado vacuno y ahora experimentan con borrego peligüey. Saben que el secreto de la ganadería descansa en la producción permanente de forraje junto al agua que no debe faltar.

Desde el año pasado la familia y todo el pueblo reciben grupos de turistas de Estados Unidos que van en busca de las cascadas que forma el río de aguas vírgenes procedente del Capire, la zona mejor conservada dentro del ejido.

Los visitantes que conocen el lugar quedan convidados para regresar con amigos. Todos se sienten tratados en familia y se muestran satisfechos y privilegiados por disfrutar de las bellezas naturales.

El trato para todos es igual. Cada turista recoge directamente del nido de las gallinas los huevos  para su almuerzo, y antes de iniciar el paseo por el río escogen la gallina que se comerán, guisada al estilo serrano, acompañada con tortillas quebradas, de maíz de nixtamal como lo indica el manual de las familias rurales.

El paquete del paseo incluye transporte, desayuno y recreación en las cascadas, pozas, toboganes y jacuzzis naturales. Todo calculado para seis horas.

Los 15 grupos que recibieron durante la temporada alta se quedaron todo el día conviviendo con las familias del lugar. La comida se les ofreció de manera gratuita, pero recibieron por ella un pago superior a cualquier precio pactado.

Algunos de los lugareños aún no salen de su asombro por lo fácil que resulta satisfacer las demandas del turismo cobrando por el servicio precios pocas veces imaginados.

Los visitantes se interesan por  la vida en el medio rural. De todo quieren saber y probar. Muchos aquí conocieron las ocas y los patos domésticos, los langostinos fueron alimento exótico y de sumo placer.

El mugido de las vacas los atrajo hasta el corral. Todos quisieron ordeñar y lazar los becerros. Hasta la caca de las vacas fue atractivo para la foto.

Ahora quienes liderean el proyecto lo están trabajando con más seriedad.

Ya ubicaron el mejor lugar para las cabañas que piensan construir al estilo de la sierra, junto al río, en la parte alta para tener la mejor vista. Se imaginan las casas para huéspedes con techo de teja o palma, las paredes enjarradas con barro de diferentes colores. Sin luz eléctrica ni refrigeradores ni estufas de gas. Cada cabaña tendrá un radio de comunicación para solicitar algún servicio.

En las mañanas los huéspedes se despertarán con el cantar de los gallos. El desayuno y la comida se les llevarán en cuanto lo soliciten.

Planean ofrecer tratamientos de lodo y                                             masajes, serán servicios que se contratarán con personas expertas. Un puente colgante sobre el río comunicará al pueblo con los visitantes.

Para todo esto sólo falta el financiamiento que los líderes buscan afanosamente en las dependencias públicas y con los organismos internacionales.

La idea de escribir sobre esta experiencia                                             tiene que ver con la necesidad de diversificar la oferta turística de Ixtapa y para hacer que la derrama económica del sector llegue directamente al medio rural.

El ecoturismo puede ser el gran aporte en el desarrollo que permita el cuidado y la preservación de la biodiversidad. La clave es que quienes conduzcan el proyecto sean los poseedores del los recursos naturales.

Si los diferentes órdenes de gobierno entienden lo avanzado del proyecto, estamos también ante la posibilidad de coadyuvar en atenuar la violencia y la inseguridad en el campo, atancando a fondo los problemas del desempleo, la desigualdad, el rencor social y la marginación.

Sí, el talón de aquiles para el ecoturismo es la inseguridad, y la manera eficaz de combatirla es con el trabajo y la organización de los propios lugareños, respaldados por sus autoridades.

Si hablamos de que anualmente es casi un millón de visitantes los que recibe Ixtapa y Zihuatanejo, no es difícil lograr que 5 de cada 100 paseen y se diviertan en la cuenca, agregando un día más a su estancia, con gastos que lleguen                                             directamente al bolsillo de las familias campesinas.