EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

El escarnio como una de las bellas artes, Vollmann en Nápoles

Federico Vite

Septiembre 06, 2022

El pasado viernes 2 septiembre por la noche, el escritor estadunidense William T. Vollmann presentó en el Festival de la Literatura Independiente de Pomigliano D’Arco, en Napoles, Italia, el libro Come un’onda che sale e che scende (Como una onda que baja y asciende). El título original, en inglés, es Rising up and rising down. Estamos ante un análisis exhaustivo de 800 páginas. Quizá este volumen, publicado originalmente en 2003, es el que mejor funciona para ingresar a una duda trepidante de Vollmann: ¿cómo entender la violencia? Estuvo acompañado por el agente literario y editor Leonardo G. Luccone y por el escritor Ferruccio Mazzanti. Ambos, admiradores de la obra de William (Will, para los camaradas) hicieron un amplio bosquejo del anima mundi en la obra de este escritor que de alguna manera se las ha ingeniado para tener un bajo perfil, aunque su obra sea de primer nivel. Quizá, deba decirse, el espíritu que anima su escritura es rudo, intenso y oscuro, porque el trabajo de Vollmann está completamente imbuido por la violencia, no sólo hablo de la física sino de la sicológica, la ambiental, la económica y, con especial énfasis, mira el patriarcado que él entiende como patriotismo. Quisiera enlistar algunos de los libros de este caballero para sintonizar nuestra imaginación sobre la cantidad de tiempo que ha invertido en la literatura. A principios de los años 80, mientras vivía en San Francisco, se hizo amigo de las prostitutas del Tenderloin para reunir el material de su primer libro de cuentos, The Rainbow Stories (1989). Vino después la primera publicación estruendosa Afganistán picture show (1992), un documento que tiene visos de autoficción, reportaje y ensayo. Durante más de una década, Vollmann trabajó en Seven Dreams: A Book of North American Landscapes, un gran proyecto de múltiples novelas para recrear la historia del continente norteamericano. “Me gustaría ver estos libros enseñados en las clases de historia”, ha dicho. The Ice-Shirt (1990) relata la breve colonización de una parte del continente por parte de los vikingos; Fathers and Crows (1992) habla de las relaciones entre los sacerdotes jesuitas franceses y los nativos americanos iroqueses y hurones; Argall: The true story of Pocahontas and Captain John Smith (2001) centra la mirada en las hazañas del explorador británico Sir John Franklin, quien murió en una expedición naval en el Ártico canadiense; en The Rifles (1994), Vollmann pasó dos semanas en una estación meteorológica abandonada en el Polo Norte magnético, donde su saco de dormir no lo calentaba y comenzó a alucinar por la falta de sueño. The dying grass (2015) refiere el conflicto armado de 1877 en el oeste de Estados Unidos, justamente un hito llamado “Nez Perce War” en el que estuvieron involucradas bandas de la tribu Nez Perce, una pequeña agrupación de la tribu Palouse y el ejército de Estados Unidos. Red Echo (Hahtalekin) y Bald Head (Husishusis) orquestan una batalla contra el ejército gringo. El conflicto, que se llevó a cabo entre junio y octubre, se originó porque varios grupos de Nez Perce, apodados indios sin tratados”, no renunciaron a sus tierras ancestrales en el noroeste del Pacífico. No querían mudarse a una reserva india en Idaho. Esta expulsión forzosa fue una violación al Tratado de Walla Walla, en 1855, pues se le había otorgado a la tribu 7,5 millones de acres de tierras ancestrales y el derecho a cazar y pescar en tierras cedidas por el gobierno.
El trabajo de Vollmann también incluye la colección de cuentos Thirteen Stories and Thirteen Epitaphs (1991), así como las novelas Whores for Gloria; o Everything was beautiful until the girls got anxious(1992), The Royal Family (2000) y, la más ambiciosa de todas las novelas, Europa Central (2005). Debería dedicar varios artículos para hablar de las más de mil páginas de Europa Central. Hoy sólo quiero repetir las palabras de Vollmann en Nápoles porque tiene, me parece algo importante que compartir con un ciudadano de México, más específicamente, con un ciudadano de Guerrero que tiene la impresión de que el panorama se nubla y percibe que todos aquellos que piensen de manera distinta a la mayoría deban ser señalados. Deben ser exhibidos por disidentes.
Después de la presentación de Come un’onda che sale e che scende se tocó un tema importante. Vollmann dice: “Desagradable y emocional arte es el patriotismo. El patriotismo puede encontrarse incluso en el reino vegetal, donde un árbol crece y puede derribar a otro que no puede vivir y en ese caso, ¿puedes decir lo despreciable que los organismo hacen? La violencia está justificada cuando el poderoso la ejerce, pero es injusta cuando se usa para desafiar al poderoso”.
Uno de los presentadores le pregunta sobre el hecho de que su gobierno, el de Estados Unidos, lo haya señalado como sospechoso de ser el Unabomber. Al respecto, señala: “Cuando finalmente recibí mi expediente del FBI, supe que yo había sido el sospechoso número 2047. En el documento se indicaba que mi caso estaba basado en una remisión de un ciudadano. La investigación determinó que yo había viajado mucho, sin embargo, los registros de viaje existentes no me eliminan de ser un sospechoso. ¿Por qué?”.
Conviene traer a cuento que Vollmann escribió puntualmente sobre este hecho en la Harper ‘s magazine, cuyo artículo se titula Life as a terrorist, publicado en 2013. En ese artículo indica: “Se hacen dos citas muy mal redactadas. Aparte de una línea ‘Predicado sobre la referencia de un ciudadano’, cuyo contenido está distorsionado por varias redacciones para que tenga sentido, el resto de la página está en blanco”.
En la conversación en Nápoles habla al respecto y es enfático: “Fui denunciado por un conciudadano, uno que defendió su caso, al presentarle al FBI, refiriendo cinco de mis libros. ¿Quién podría haber sido este patriota? Como dijo Steinbeck: ‘El deseo y la voluntad de espiar, denunciar, amenazar y castigar, aunque no es una tendencia estadunidense, inflama a un buen número de estadunidenses’. Ese tipo (habla del denunciante) debe haber estado muy ocupado, pues inició un archivo sobre mí. Ese tipo también le pidió al FBI que no quería que su identidad se revelara a la prensa ni a los miembros no esenciales del FBI por ningún motivo. ¿Este tipo es un patriota?”.
“El patriotismo, expone, puede tener varias interpretaciones, pero mi denunciante basó sus opiniones desde la crítica literaria (disculpe mi intromisión, pero precisaría con justicia que el denunciante se basó en la interpretación literaria y eso es lo atractivo del caso, no tanto en la crítica literaria, como refiere Will). Esa persona, expone Vollmann, señaló que los temas anti-crecimiento y anti-progreso persisten en mi trabajo. Esto fue una novedad para mí. En mis novelas históricas sobre amerindios y europeos expresé mi tristeza por los tratados rotos y el genocidio, pero me pregunto si eso era ser anti-progreso. Esto puede parecer un asunto menor, pero me denunció ante el FBI, el gobierno, por el contenido de mis novelas y cuentos (ninguna no ficción aparece entre lo señalado); en efecto, su caso se basó en la crítica literaria. Mi mente se aturdió.”.
Los derroteros de la charla no permiten que Vollmann concluya su opinión sobre el patriotismo. Opina sobre otros de sus libros y expone la visión que tiene de la historia de Estados Unidos, ampliamente detallada en la saga Seven Dreams: A Book of North American Landscapes.
Esta charla me deja algunas preguntas ideales para estos tiempos en los que cualquiera puede ser señalado como traidor a la patria. Piense usted, ¿cuál es la superioridad moral de los patriotas? ¿Son ellos los artífices ruidosos del escarnio? ¿Necesitan una patria sin la mácula del disidente? Yo creo que el patriotismo es un termómetro que nos indica la proximidad irremediable de la violencia.