EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

El EZLN contra sí mismo

Humberto Musacchio

Enero 03, 2019

 

 

Andrés Manuel López Obrador, suponemos, no esperaba tener entre sus enemigos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional –cualquier cosa que eso signifique a estas alturas–, a sus líderes ni a los intelectuales que acarician la utopía de volver al México prehispánico.
Desde hace varios años, el gran cacique del neozapatismo ataca al líder de Morena, ahora Presidente de la República. Por razones desconocidas, el tamaulipeco no tiene simpatía alguna por el tabasqueño, al que ha descalificado en forma insistente.
Por lo anterior, no resultó extraño que en 2018, en lugar de apoyar a López Obrador, el EZLN decidiera lanzar a una candidata propia que, como se podía esperar, terminó por retirarse de la contienda ante su falta de argumentos y, sobre todo, de simpatizantes.
Las peroratas de Sebastián Guillén Vicente no lograron desanimar a un electorado harto de las tropelías del PRI y del PAN. La gente votó por López Obrador con la confianza o la esperanza de que las cosas empiecen a cambiar en México y se vaya acabando con la corrupción, los abusos, el fraude electoral y otras lacras del régimen que recibió su acta defunción el pasado primero de julio.
Pero la zapatería no está de acuerdo. El pasado martes, al recordar el alzamiento del primero de enero de 1994, el llamado Subcomandante Moisés llamó “loco”, “mañoso”, “tramposo”, “apestoso político”, “mentiroso”, “descerebrado” y “nuevo finquero” al que, si la madre tierra hablara, le diría “chinga tu madre, vete a la chingada”… En fin, insultos que nunca lanzó el EZLN contra otros presidentes en funciones.
Para los restos de aquel zapatismo que tantas expectativas y simpatías despertó hace 25 años, el actual gobierno “no sólo pretende destruir al país, sino también a los pueblos originarios, y lo está haciendo a través de consultas ciudadanas”. Y si López Obrador dice que gobernará para ricos y pobres, entonces todo está “dictado por su patrón”, que no dicen quién es.
El coraje del Sub y de sus Subordinados es porque AMLO declaró “que va a perdonar a los criminales”, entre otros a los ex funcionarios de Pemex que hayan cometido delitos, lo que desde luego no puede compartir un pueblo agraviado que votó precisamente para que se castigue a los depredadores.
Otro motivo del entripado es la proyectada creación de la Guardia Nacional, planteamiento absurdo del actual gobierno porque se constituirá con elementos castrenses y será dirigida por militares. En ese punto hay que dar la razón al zapatismo, pues carece de sentido hablar de que deben retirarse las fuerzas armadas de la guerra contra la delincuencia organizada al mismo tiempo que se plantea sustituirlas con personal de las mismas fuerzas armadas.
Sin derrame biliar, es posible estar muy de acuerdo con esas dos críticas que hacen los enmascarados. Donde las cosas entran en un plano de irracionalidad es cuando los subalternos del Sub amenazan con no permitir que “pase el proyecto de muerte y porquería del Tren Maya”. Ante eso, dice el documento leído en la concentración del EZ, “vamos a pelear y lo vamos a enfrentar”. ¿Con rifles de palo como los que llevaban algunos de los mártires de hace 25 años?
Para los jefes zapatistas, el gobierno de López Obrador impulsa proyectos “que no sólo pretenden destruir al país, sino también a los pueblos originarios”, afirmación que raya en lo delirante, porque la construcción del Tren Maya, hasta donde es posible advertir, creará fuentes de empleo durante la construcción y sobre todo después; indemnizará a los grupos que resulten afectados por el derecho de vía y ofrece la posibilidad de un ingreso permanente a las comunidades por donde pase el ferrocarril.
Habrá, ya se sabe, participación de capitales privados y no faltarán vivales que pretendan pasar por encima de los pueblos indios, de sus derechos y su patrimonio. Pero hoy, a diferencia de la era priista, no hay un gobierno dispuesto a sacrificar gente para beneficiar negocios de particulares.
Oponerse a la modernidad con argumentos falaces trabaja en perjuicio de quienes se han pasado la vida soñando con empleos estables y bien remunerados. Ya una vez Guillén Vicente encabezó el más grande movimiento político liberador, pero prefirió sacrificarlo en aras de un izquierdismo escenográfico. El Tren Maya es la oportunidad de sacar del atraso a grupos humanos que viven como hace 500 años. Tal vez por eso el liderazgo caciquil del EZLN prefiere que todo siga igual.