EL-SUR

Lunes 03 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

El fin del diesel y la gasolina en el planeta

Octavio Klimek Alcaraz

Febrero 16, 2019

Una de las preguntas que se vienen en los próximos años en la lucha contra el cambio climático, es cuándo México determinará y anunciará su meta del fin de los vehículos movidos por combustibles fósiles en el país. Es decir, prohibir en definitiva el uso de los vehículos que se muevan con gasolina, diésel o gas, dejando de emitir a la atmósfera gases de efecto invernadero.
El tema no es sencillo, mientras que en el sector de la generación eléctrica es evidente que día a día se va avanzando en la generación de energía eléctrica a través de energías renovables provenientes del sol, el viento y el agua. Se observa que en el sector del transporte será cuesta arriba.
Los países de Europa ya tienen fechas para prohibir el uso de vehículos que utilicen combustibles fósiles, los medios de información dicen, que Austria se propone hacerlo en el 2020, Noruega en 2025, Dinamarca, Países Bajos o Irlanda en 2030, fecha posible también en India, mientras que Alemania, Inglaterra y Francia tienen como fecha el 2040, similar fecha a la que se discute en España y se propone China.
No hay nada audaz en todo esto, la tecnología con vehículos más limpios ya existe, los autos eléctricos, los híbridos, los de hidrógeno. Cada día, estos vehículos son más baratos, más eficientes y placenteros en su conducción. Lo que pretenden en general los países que están dando esta transformación económica, ambiental, social, tecnológica y cultural, es desarrollar la infraestructura para su operación, sitios de recarga, baterías más livianas y durables, reciclables.
Sin embargo, diversos informes indican que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del transporte hacia el 2040, como diversos países europeos se han comprometido es tardío, se debe busca máximo el año 2035. Sólo así Europa puede cumplir sus compromisos de mitigación de emisiones del Acuerdo de París.
Para lograr una meta más de corto plazo se están proponiendo igualar, por ejemplo, los costes de los coches eléctricos con los de combustión interna, si no es que reducirlos más. Esto, con medidas de incentivos fiscales para los vehículos de emisión cero y por el contrario mayores cargas fiscales a los vehículos de combustión interna, incluyendo al uso de combustibles.
En Europa se busca retirar subsidios u otros incentivos económicos que favorezca en consumo de combustibles fósiles. Los europeos buscan de manera progresiva retirar aquellas medidas que favorezcan el consumo de combustibles fósiles.
Asimismo, se tiene el propósito de que todas las gasolinerías estén obligadas a instalar puntos de recarga para vehículos eléctricos. Las gasolinerías que vendan más combustible deben ser las primeras en instalar dichos puntos de recarga.
Obvio, dejar de vender vehículos que usan combustibles fósiles, no significa que en ese año dejen de circular los vehículos que ya están en circulación. Eso es otro momento a precisar. Por eso, deberán de hacerse planes de movilidad, con acciones de impulso al transporte público no contaminante; el que los vehículos de combustión no ingresen a las zonas urbanas de emisión cero en poblaciones mayores a 50 mil habitantes; privilegiar el coche compartido, hasta políticas de apoyo en el retiro de los vehículos más viejos y contaminantes, entre otras acciones.
Si en verdad pretendemos reducir las emisiones y cumplir con los compromisos internacionales, es imprescindible una acción decidida en materia de transporte. Por ello, es necesario que México como país adopte una política de transporte por lo menos hacia el año 2040, que promueva acciones similares a la de los países antes citados. Es posible diseñar un camino virtuoso, en el que la sociedad se convenza de las bondades de ir abandonando el uso de las gasolinas. Es claro que necesitamos todavía refinerías para producir combustibles fósiles, pero también debemos caminar a la reducción de la demanda y no su incremento. El riesgo de no prepararnos, es quedarnos muy atrás de los cambios globales en materia de transporte, como son los que se observan.