EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El gasolinazo como oportunidad

Jesús Mendoza Zaragoza

Enero 02, 2017

Hemos comenzado un nuevo año con el peso de un gasolinazo impuesto por el gobierno, que sigue una ruta diferente a la del pueblo mexicano.
Hay mucho enojo amontonado en todas partes, no solo por este hecho sino por toda una historia de abusos y agravios. Pero este gasolinazo se ha salido de toda proporción según el sentir de la gente y lo que más enoja es que un gobierno corrupto y una clase política corrupta nos impongan más cargas. Con esta medida gubernamental, es impredecible lo que pueda ocurrir en México. Al calor del enojo se han manejado diversas propuestas sociales, incluida la de sacar a este gobierno del poder.
Hay que decirlo, no nos encanta este gobierno, y hay que hacer algo para que cambie. Pero, según mi criterio, lo que urge no es cambiar a los gobiernos, sino cambiar a los ciudadanos. Por ahí tenemos que comenzar porque, de algún modo, los gobiernos reflejan la situación de la ciudadanía. La mayoría de los mexicanos somos ciudadanos nominales, es decir, de nombre, porque contamos con el acta de nacimiento que lo acredita, o porque contamos con una credencial de elector o porque votamos. Ejercitamos una ciudadanía restringida a lo mínimo, una ciudadanía sin responsabilidad social ni política, que no da para que tengamos el poder de tomar parte en las decisiones como en el tema de los gazolinazos.
Con muchas décadas de gobiernos autoritarios y paternalistas, los ciudadanos nos quedamos estacionados en un infantilismo crónico que no hemos podido sacudirnos. Queremos un gobierno responsable cuando los ciudadanos no somos responsables, queremos que el gobierno resuelva nuestros problemas cuando nosotros no movemos un dedo para ello. Con una ciudadanía así, hay que seguir esperando más gasolinazos y arbitrariedades del estilo.
Una ciudadanía inmadura que solo patalea cuando se siente agraviada, que se limita a desahogos catárticos, es funcional a los gobiernos que padecemos. Estos, nos han tomado la medida y por eso abusan. En el año 1994, justo el 1 de enero, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) salió al escenario público, hubo una efervescencia social extraordinaria. ¿Qué quedó de ella en la conciencia de los ciudadanos? En el año 2011 surge el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, con sendas caravanas por el país, levantando muchas expectativas entre los ciudadanos. ¿Cuál fue el resultado en la conciencia ciudadana? Y en el año 2014 se dan las grandes movilizaciones a lo largo y ancho del país para apoyar a los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa. ¿Dónde están los muchos miles de movilizados?
El gobierno nos ha tomado la medida y sabe que no damos para más. La inconformidad y la rabia, así como suben de intensidad, así bajan. Porque no bastan para generar los cambios que necesitamos. Ni los cambios para el país ni los cambios de los ciudadanos mismos. Somos ciudadanos explosivos de no larga duración. A lo sumo, llegamos a manifestaciones públicas, a marchas, a concentraciones impresionantes. Y hasta ahí. No tenemos cuerda para más. Y, lo hemos visto, no basta.
Necesitamos algo más que inconformidad y rabia para hacer frente a los agravios, necesitamos profundos cambios en las actitudes ciudadanas, no solo emocionales y viscerales. Necesitamos ciudadanos y ciudadanas con visión amplia y de futuro, que sepamos responder cuando los demás sufren y no solo cuando nos toquen en carne propia, y que no demos la cara solo ante problemas puntuales. Necesitamos ciudadanos y ciudadanas que vean más allá de sus propios intereses y que se pongan la camiseta del país entero, o al menos de su región o de su comunidad.
Una ciudadanía con un talante ético se requiere para poner al gobierno en su lugar y para no permitirle más abusos. Si consentimos a la corrupción o colaboramos con ella, no tenemos condiciones para condenar y para gritarle al gobierno sus desmanes. Si seguimos acostumbrados a ejercitar la violencia en las familias y en los espacios comunitarios, si mantenemos nuestro perfil individualista a la hora de la solidaridad cuando hay sufrimiento, no estamos preparados para cambiar al país. Hay que tener en cuenta que padecemos una muy grave descomposición social y que un segmento significativo de la sociedad se ha estado beneficiando con los réditos de la delincuencia organizada.
¿De qué serviría cambiar a este gobierno y poner a otro, con este tipo de ciudadanos? Creo que no ganaríamos mucho. Un nuevo gobierno haría exactamente lo mismo que el anterior. Lo vimos con la alternancia del PAN. Tenemos que ofrecer una alternativa desde los ciudadanos. Y para que eso suceda, tenemos que desarrollar un cambio cualitativo en nosotros. Requerimos educarnos. No tanto regresando a las aulas sino en los espacios ciudadanos que tenemos en las localidades, en las organizaciones, en las comunidades y en los grupos ya existentes. Educarnos en la lucha no solo para resolver los pequeños problemas cotidianos sino para hacernos cargo de la realidad global del país. Educarnos para la libertad, para la solidaridad, para la justicia, para la verdad. Educarnos para impulsar luchas no violentas y para entrarle a la política de manera diferente. Se requiere rescatar a la política, secuestrada por la clase política que está en el poder, para que se convierta en una herramienta que humanice y sane las heridas del país.
Si este año nuevo está oliendo a gasolinazo, el gobierno nos está poniendo la oportunidad para convertirnos en ciudadanos responsables. Es un oportunidad para la sociedad civil de esta patria herida, que tiene que madurar y asumir la responsabilidad del país. Las respuestas de gritos y sombrerazos no son suficientes, pues tienen corto aliento. Necesitamos mirar lejos hacia el futuro con una mística de solidaridad y de servicio, más allá de la particular y estrecha mirada.
Este año nuevo podemos empezar a dar ese paso indispensable. Los cambios profundos que el país necesita no se van a dar sin los ciudadanos, sin un talante ético y sin una visión esperanzada de futuro. Aprovechemos este inmoral gasolinazo para comenzar a generarlos. Si queremos cambiar al gobierno, tenemos que ser ciudadanos de tiempo completo. De otra manera, estaremos apostando por el desgaste social y por la ineficacia política.