Gaspard Estrada
Junio 25, 2025
El pasado jueves el gobierno del Presidente Luiz Inacio Lula da Silva difundió una entrevista con el cantante y activista, Mano Brown. Este intercambio, que duró poco más de dos horas, constituyó un momento propicio para llevar a cabo un balance del gobierno Lula, tras poco más de 2 años y medio de gobierno, y sobre todo, a poco más de un año de la elección presidencial. El hecho de que Mano Brown haya conducido esta entrevista, no es irrelevante: en 2018, durante la elección presidencial que terminó con la victoria del ex capitán del ejército Jair Bolsonaro, el activista Brown realizó un reclamo público al propio Partido de los Trabajadores (PT), al hacer hincapié en que la izquierda había dejado de dialogar con su base social y política, en particular en las periferias de Brasil. Ese discurso crítico, que había sorprendido a muchos analistas y militantes de ese partido, terminó teniendo un impacto considerable en la evaluación de la derrota del PT frente a Jair Bolsonaro. Para muchos, se trató de un electrochoque necesario para corregir los rumbos, y lograr la victoria durante la elección presidencial de 2022 frente a la extrema derecha.
Ahora que la izquierda regresó a la presidencia, esta entrevista sirvió como una suerte de balance crítico del tercer mandato del Presidente Lula. Y es que los resultados del gobierno son bastantes ambivalentes. Por un lado, los números macroeconómicos y sociales son bastante buenos. Tras dos años de crecimiento económico por encima del 3 por ciento del PIB anual (3.2 en 2023, y 3.4 en 2024), en 2025 todo apunta al mantenimiento del crecimiento, aunque a una tasa ligeramente inferior (por ahí del 2.5 por ciento). A nivel social, el coeficiente de Gini, que mide las desigualdades, disminuyó, al igual que los principales indicadores de pobreza y de desempleo. Sin embargo, estos buenos números no han repercutido con suficiente fuerza en el seno de la sociedad brasileña, en particular dentro de las clases medias bajas de los grandes centros urbanos. Para muchos, si bien hay más trabajo hoy en Brasil, el aumento de la inflación de los insumos de la canasta básica –en particular, de los alimentos– ha contribuido a generar una percepción de encarecimiento del costo de la vida. Esta inflación corroe el aumento de los salarios y de la masa salarial, limitando la sensación de mejora de la vida. De esta manera, una de las principales banderas de la campaña electoral, la mejora del poder de compra de los brasileños más humildes, no se ha podido cumplir, a pesar de los avances en la materia durante los dos primeros años del tercer mandato del Presidente Lula.
Durante la entrevista a Mano Brown, Lula reconoció esta situación, al tiempo que aprovechó el espacio para decir que los próximos meses serían el “momento de la cosecha”, es decir, que los resultados comenzarían a aparecer a partir de ahora. Para el Presidente de Brasil, buena parte de los problemas de su gobierno son el fruto de un problema de comunicación, que según él ha sido incapaz hasta ahora de incidir en la construcción de la agenda política del país. En este caso, varios especialistas han destacado el rol negativo que jugó el entonces ministro de la Comunicación Social de la Presidencia de la República de Brasil durante los dos primeros años del tercer mandato de Lula, Paulo Pimenta. En efecto, este último estaba mucho más enfocado en la política de su estado local, Rio Grande do Sul, que en el diseño de una política de comunicación social coherente y eficaz. Por otro lado, el ministro, si bien disponía de un acceso regular al Presidente, tenía dificultades en imponer su autoridad a algunos de los subordinados de Lula, que trabajan con él desde hace varias décadas y disponen de un acceso directo. Esto provocó un aumento de las tensiones dentro del equipo más cercano al Presidente, y una fragmentación del discurso presidencial. Tras la llegada de un nuevo ministro de Comunicación Social, Sidonio Palmeira, las cosas han mejorado, en el sentido que la comunicación presidencial luce más alineada y ordenada.
Sin embargo, el problema de fondo persiste: ¿cómo cambiar la percepción de la ciudadanía frente al gobierno de Lula? En ese sentido, la respuesta a esta pregunta es, ante todo, política, y para ello, luce necesario escuchar las críticas y sugerencias de Mano Brown.
* Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics
X: Gaspard_Estrada