Gaspard Estrada
Diciembre 04, 2024
Desde hace unas semanas el tiempo político parece haberse acelerado en Francia. Tras la disolución inesperada de la Asamblea Nacional por el Presidente Emmanuel Macron, Francia vive un periodo de fuerte inestabilidad política. Hoy en día, la Asamblea Nacional francesa está dividida en tres bloques políticos: los centristas de Macron, la ultraderechista Encuentro Nacional y la coalición de izquierdas. Los tres grupos son polos opuestos en política y se niegan a trabajar juntos, lo que significa que cualquier gobierno podría ser derrocado en días.
En este sentido, los diputados franceses llevan semanas debatiendo el presupuesto propuesto por el nuevo gobierno de Michel Barnier, un veterano político de derecha, que incluye recortes draconianos del gasto por un valor de 40 mil millones de euros y aumentos de impuestos por 20 mil millones. El objetivo del presupuesto es reducir la espiral de déficit de Francia, que se prevé que alcance el 6,1% del producto interior bruto en 2024, más del doble del límite del 3% exigido por las normas de la Unión Europea.
Sin embargo, a medida que avanza la tramitación parlamentaria, queda cada vez más claro que para aprobar su presupuesto, Barnier tendrá que recurrir a una puerta trasera constitucional que le permite promulgar leyes sin someterlas a votación, pero que a su vez permite a los legisladores presentar mociones de censura.
Una alianza de legisladores de izquierda presentó una moción de censura. Por su lado, los legisladores del ultraderechista Encuentro Nacional hicieron lo mismo, de manera que lo más probable es que el gobierno de Barnier se derrumbe en las próximas horas. Un sondeo de Ipsos publicado el domingo mostró que el 53% de los encuestados estaba a favor de una moción de censura contra el Gobierno, incluidos dos tercios de los partidarios del Encuentro Nacional y el 73% de los socialistas. De manera que esta situación política, si no es controlada rápidamente por el presidente Emmanuel Macron, podría desencadenar una crisis de la eurozona similar a la de Grecia, en un momento en el que Europa se enfrenta a un estancamiento de la economía alemana y a la posibilidad de una guerra comercial con Estados Unidos.
Se podría pensar que después de semanas de agitación política, ahora sería el momento de volver a los votantes, pero no es así como funciona en Francia. La pelota estará de nuevo en el lado de Macron. El presidente, cuyo mandato se extiende hasta 2027 pase lo que pase, puede reanudar las conversaciones para nombrar un nuevo primer ministro y un nuevo gobierno. Pero incluso si quisiera, Macron no puede convocar a nuevas elecciones parlamentarias porque desencadenó una votación anticipada en julio.
De acuerdo con la Constitución francesa, eso significa que no puede convocar una nueva votación antes del próximo verano, lo que a su vez significa que la incertidumbre política y la agitación podrían prolongarse durante semanas e incluso meses.
En el caso de que el propio Macron tire la toalla y dimita –lo cual ha sido negado rotundamente por el presidente– la parálisis política se quedaría, teniendo en cuenta que el Congreso será el mismo hasta el próximo verano. Sin embargo, cada vez son más las voces que piden su dimisión.
Por otro lado, Macron podría nombrar a otro primer ministro de derechas, muy parecido a Barnier, que contaría con el apoyo de los centristas y los conservadores y que, también como Barnier, podría intentar ganarse el favor de Le Pen. Pero esa persona tendría que hacer concesiones sustanciales a la líder de extrema derecha después del enfrentamiento de esta semana, para sobrevivir.
Otra opción es que Barnier permanezca como primer ministro interino durante varias semanas, mientras Macron busca al político que pueda encontrar una salida a esta encrucijada.
De cualquier manera, esta crisis política no podría llegar en peor momento. El hundimiento del Gobierno de Barnier ya está asustando a los mercados financieros, hasta el punto de que varios medios ya están comparando la situación francesa con la de Grecia hace poco más de una década. Sin duda, las próximas horas serán decisivas para el futuro de Francia y de Europa.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE).
X: @Gaspard_Estrada