EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

El gringo de la marañona

Anituy Rebolledo Ayerdi

Septiembre 09, 2021

 

(Tercera de siete partes)

Anituy Rebolledo Ayerdi

 

Un abrazo solidario para familiares y amigos de Jorge Joseph Zetina. QEPD.

Ret Marut

B. Traven reaparece en Alemania cuando esta es sacudida por una vigorosa insurrección proletaria. Se hace llamar Ret Marut (El Rojo) y está a cargo de la propaganda de la efímera República de Baviera, Weimar. Como tal, dirige el periódico Der Ziegelbrenner (El Ladrillero) que enarbola las banderas de la Liga Espartaquista de Rosa Luxemburgo, teórica marxista polaca naturalizada alemana. Marut escribe:
“No soy más que un producto de mi tiempo que tan fervorosamente desea desvanecerse sin nombre de nuevo en la gran universalidad gritando a los cuatro vientos su anonimato total”.
La debacle del movimiento llegará muy pronto cuando sean asesinados Rosa Luxemburgo y su esposo, sus ideólogos, en tanto que el periodista es aprehendido y sentenciado a muerte. Marut correrá con tan buena suerte que sus compañeros espartaquistas logran evadirlo de las mazmorras para ponerlo a salvo en la frontera con Bélgica. Su escapatoria hacia México la hará por mar. Aprovechará el viaje para escribir su novela El barco de la muerte, referida a las embarcaciones, cuyo final será el naufragio premeditado para el cobro de los seguros.

Otra vez en México

El prófugo pisa suelo mexicano cuando el presidente Alvaro Obregón ha cubierto la mitad de su periodo constitucional de cuatro años. Afincado en Tampico, Tamaulipas, el prófugo cubre una gama insólita de oficios: pizcador de algodón, panadero, ganadero, minero y petrolero. Experiencias vitales de las que el escritor Traven llevará a tres de sus textos fundamentales: Los pizcadores de algodón, El tesoro de la Sierra Madre y La rosa blanca.
En la Ciudad de México se inscribe en los cursos de verano de la UNAM para estudiar todo lo relacionado con el país. Su historia, su geografía, su arte y literatura, así como sus problemas políticos y sociales. Su boleta de calificaciones, fechada el 17 de agosto de 1928, esta expedida a nombre de Traven Torsvan, su nuevo nombre.
Un año más tarde lo encontraremos en plena selva chiapaneca, ahora en pos de Bonampak. Acompaña al explorador científico Alfonso Dampf en calidad de fotógrafo. El mundo indígena estruja la conciencia del escritor con cámara. Le emociona la dignidad y la reciedumbre de las etnias frente a la marginación y al desprecio seculares. Aletargadas ideas anarquistas despiertan en su interior bajo el estímulo de la feroz sobreexplotación de aquellos pueblos. Dampf regresa, él se queda en Chiapas.
En Ocosingo, donde se instala, verá surgir de la cerrada espesura a los personajes de La rebelión de los colgados y de cinco novelas más. El hombre asume en medio de la selva el compromiso de hacer de México su patria y de dar lo mejor de sí mismo en favor de los mexicanos más jodidos. Los indios, pues, eternamente explotados, eternamente ofendidos, eternamente humillados. Así los ve:
“Los indios mexicanos son los mejores hombres de la tierra. En ningún sitio del mundo hay seres iguales. Nunca me preocupé por el dinero que no tenía entonces, porque cada choza era tan acogedora como mi casa propia”.

Los rostros de Traven

La apropiación de tantos seudónimos por parte del escritor encontrará justificación en Europa, cuando milite en el azaroso movimiento anarquista. Vivirá intensamente la derrota sangrienta de la República de Baviera, su aprehensión, su sentencia de muerte y, finalmente, su fuga en pleno ascenso del nazismo. Su anonimato será entonces un paliativo para su salud mental, necesariamente alterada. Si bien le ha otorgado un noble halo místico-legendario, su vida se ha tornado intranquila, siempre huyendo de los perros de caza tras su identidad
Por todo ello, a Traven se le llegará a identificar, absurdamente, por supuesto, con colegas y paisanos suyos como Jack London y Ambrose Bierce (el Gringo viejo de Carlos Fuentes). No faltarán quienes hablen de un colectivo de escritores de nacionalidades diversas y hasta se le identificará como hijo del kaiser Guillermo II, de Alemania.
Quien ha escrito tanto sobre México, y con tanto amor por sus indios, debe ser necesariamente mexicano, se dijo con lógica aplastante. Surgen entonces los candidatos nacionales a la pluma de B. Traven. El más destacado resulta en su momento el presidente de la República Adolfo López Mateos (1958-1964). Acosado por la prensa durante una gira por la República Argentina, el mandatario mexicano desentrañará el origen de la versión. Su hermana Esperanza López Mateos servirá a Traven como secretaria, traductora al español y su representante latinoamericana hasta que ella misma se arranque la vida en 1951.
–¿Escribir yo? ¡Por ahora ni mis discursos!, confesará un sonriente ALM.
Traven, digámoslo, nunca se llamó Bruno, ni Berik, ni Ben, ni Ret Marut, ni Goetz Dhly. Tampoco Richard Maurut, Heinrich Otto Becker ni Hal Croves. Su acta de nacionalización su pasaporte y su licencia de manejar tuvieron como titular a Traven Torsvan.

El seudónimo

Escritores de todas partes y épocas han recurrido al seudónimo (usar un nombre falso por el verdadero) como instrumento de identidad. Las razones para esconder el nombre propio han variado con el tiempo pero nunca, o casi nunca, han logrado mantener en el anonimato a la persona que lo utiliza. Algunos célebres:
Gabriela Mistral (Lucila Godoy Alcayaga); Pablo Neruda (Neftalí Ricardo Reyes); Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento); Azorín (José Martínez Ruiz); Tirso de Molina (Gabriel Téllez); Porfirio Barba Jacob (Manuel Ángel Osorio); George Orwell (Eric Blair); George Sand (Armandine Dupin) y Máximo Gorki (Alexei Pechkov), entre otros

Periodistas acapulqueños

El periodismo de Acapulco no ha faltado en ningún tiempo a la rancia tradición del seudónimo. Recordemos algunos del pasado:
Mapero (Manuel Pérez Rodríguez); Itocasius (Raúl Pérez García); Guillermo Walls (Enrique Díaz Clavel); Galdom (Manuel Galeana Domínguez); Arpazos (Arturo Parra Zúñiga); Planchet (Xavier Mendieta Bueno); La Araña (Carlos Toby Bello); El Vampiro (José Ma. Severiano Gómez); Rodrigo Lorenzo Castillo (Pedro Huerta); Pepe Radilla (Mauro Jiménez Mora); Ernesto de la Serna (Eulalio Espinosa), Ubicua y yo (Jesús González Holanda); Présbita (Ignacio de la Hoya); Raguisa (Ramón Guillén Salas); Jonás (Rafael Castejón Pérez); El Buho (Manuel Ávila González); Antonio Bayardi (Anituy Rebolledo Ayerdi).

Seguirá “quemándose”

Acostumbrado a caminar por las calles de la ciudad, el Gringo de la marañona aplaude la medida sanitaria anunciada por el doctor Ignacio Barajas Lozano, jefe de la unidad federal de Salubridad y Asistencia. La prohibición para que animales de todo tipo circulen libremente por las calles del puerto, so pena de multas de 50 a 500 pesos, además de decomisos en caso de reincidencia. Esto último propiciará la frecuencia de las “rellenizas” oficiales. El Gringo llegará a negar la ordenanza cuando continúe “quemándose” en sus caminatas con boñiga callejera.

El tesoro de la Sierra Madre

A John Huston, director de cine jolibudense, le bastará una lectura de la novela El tesoro de la Sierra Madre para decidir llevarla al cine con Humprey Bogart en el papel principal. Contacta de inmediato a Esperanza López Mateos, representante del novelista, como se sabe, para la adquisición de los derechos. La cinta se filma entre los meses de febrero y diciembre de 1925 en escenarios de Durango, Tamaulipas, Morelos y Michoacán.
El primer día de filmación se presenta ante el director Huston un hombrecillo identificado como Hal Croves, diciéndose traductor de Traven y encargado de representarlo en la filmación. Entrega una carta donde el escritor pide al director confiar en él porque, además de ser su amigo, “conoce mi obra tan bien como yo”. Huston ordena inmediatamente el ingreso de Croves a la nómina de la Warner Bross, con salario de 150 dólares a la semana.
La adaptación de Huston a El tesoro de la Sierra Madre entusiasma a Hal Croves calificándolo de irreprochable. Sólo una objeción relacionada con el reparto de la cinta: “El actor Walter Huston no da el tipo para representar al viejo Howard del drama”. El director aparenta no haber entendido la sugerencia de echar de la película a su señor padre, tomando a partir de entonces distancia del enviado.
El tesoro de la Sierra Madre será la consagración definitiva de John Huston. La Academia de cine lo premia en 1948 con sendos premios Oscar , como mejor director y mejor adaptador. Una tercera estatuilla la consigue su padre, Walter Huston, como mejor actor de reparto. Este se burlará de Croves, pidiéndole sopesar la estatuilla dorada.

Más películas

Otras cintas basadas en obras de Traven: Canasta de cuentos mexicanos (Julio Bracho, 1956); La rosa blanca ( Roberto Gavaldón, 1959) , confiscada “para no enojar a los gringos” por la Secretaría de Gobernación a cargo de Gustavo Díaz Ordaz. La rebelión de los colgados (1954), adaptada y dirigida por Alfredo B. Crevenna, calificada en su tiempo como “deleznable y demagógica”; Macario (Roberto Gavaldón, 1960) y El puente en la selva (John Huston, 1959).