Jesús Mendoza Zaragoza
Agosto 25, 2025
Ahora quieren convertir el Jardín del Puerto en una plaza comercial en el centro de nuestra ciudad. Acapulco ya cuenta con tantas plazas comerciales que prestan diferentes servicios a visitantes y acapulqueños para el desarrollo de la economía local. Acapulco tiene otras necesidades que parecen invisibles para quienes toman las decisiones. Sólo piensan en negocios. Acapulco tiene necesidades culturales, ambientales, educativas entre otras, que requieren de una necesaria planeación, con una mirada hacia el futuro.
El ambiente que prevalece en Acapulco en los últimos años se ha caracterizado por el caos, el desorden, la corrupción, el conflicto y las inconformidades. En las últimas décadas, se han formado tantas colonias en esta ciudad sin planeación, de manera muy desordenada a partir de invasiones, las que tienen que ir regularizándose con el tiempo. Las calles, si es que se les puede llamar de esa manera, sobre todo en las colonias de la periferia de la ciudad, se están haciendo pedazos. En tantas zonas hay carencia de agua, de alumbrado público, de parques y de espacios verdes. Es insoportable el tráfico en calles, avenidas y bulevares, el transporte público no funciona bien y sus unidades están en malas condiciones. Y es que ya nos estamos acostumbrado a vivir así, en ese desorden.
Nuestra ciudad está reflejando lo que somos. Eso somos, somos un desorden porque no tenemos identidad como acapulqueños. Somos una ciudad que vive fragmentada, pues pocos piensan en Acapulco como ciudad, una que tiene necesidades urgentes e inaplazables. Hay algunas que no podemos postergar, a las que tenemos que comprender y responder de manera urgente. Y una necesidad fundamental es esa: construir la identidad de Acapulco como ciudad en la que participe toda la población. Y esa identidad la podemos construir en la medida en que tengamos memoria de nuestro pasado e imaginemos el futuro que deseamos para nuestra ciudad. ¿Qué queremos que suceda en Acapulco en diez o veinte años? Necesitamos mirar nuestra ciudad de manera prospectiva, de modo que los habitantes de Acapulco pensemos en el Acapulco que necesitamos y deseamos. De esa manera iremos construyendo la identidad de esta nuestra ciudad, como una tarea cultural, en armonía con la naturaleza, con el mar y nuestro entorno, en armonía territorial con calles y colonias ordenadas y en armonía social entre la población.
Si la identidad es una tarea cultural, podemos darle vuelo a la creatividad y a la imaginación para que todos los habitantes de Acapulco nos pongamos la camiseta de la ciudad, abandonando el individualismo y la fragmentación que padecemos desde tanto tiempo. Que pensemos Acapulco como nuestra ciudad y no vivamos ajenos a sus necesidades. Es cierto, necesitamos agua para todos, pero también necesitamos una identidad que nos facilite pensar y actuar por y para esta ciudad. Acapulco ha tenido cambios sustanciales, para bien y para mal, en los últimos cincuenta años, y ahora necesitamos cambiar nuestra mirada a partir de esos cambios.
Por eso creo que el Jardín del Puerto, como espacio público, puede servir para que pensemos Acapulco de manera diferente. Que en ese lugar nos reunamos los acapulqueños a mirar esta ciudad, con sus diferentes necesidades para buscar caminos que la ayuden a ser pensada y organizada para que juntos construyamos su identidad. En muchas colonias de Acapulco no hay parques en los que la gente salga a caminar, a convivir, a hacer deporte y a practicar el arte en cualquiera de sus formas. Es una gran necesidad reconstruir el tejido social en esta ciudad para que podamos escucharnos y caminar juntos en la solución de las necesidades de cada espacio de la ciudad. El Jardín del Puerto puede convertirse en un símbolo que le dé identidad a esta ciudad, que transforme nuestra cultura y nuestra manera de vivir. Si los cambios y transformaciones políticas, económicas y sociales de esta ciudad no van acompañadas de una transformación cultural, de nada sirven.
Para que esto suceda, es necesaria la participación de la población. En el pasado se han restaurado algunos parques sin la participación de la gente y de poco ha servido. Para que se reconstruya el tejido social en las colonias de esta ciudad se necesita la participación de la gente. Si nuestras autoridades no escuchan a la gente, o simulan escucharla, como hasta ahora está sucediendo con el Jardín del Puerto, nos llenaremos de inconformidades y conflictos que no podremos resolver.
Lo mismo está pasando con la reconstrucción de Acapulco después de los huracanes Otis y John: las autoridades no nos han escuchado para ejecutar la inversión de recursos económicos y humanos que se necesitan para dicha reconstrucción. Hacen lo que ellos deciden sin reconocer las necesidades –que parecen invisibles a sus ojos– de esta ciudad. De esa manera, más que reconstruir esta ciudad, están haciendo una rehabilitación de espacios públicos. Eso no es reconstruir, es solo rehabilitar.
El tema de la cultura es imprescindible para esta ciudad. Con el arte y los diferentes saberes de la población podemos transformar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestros gestos y nuestros lenguajes para que miremos nuestra ciudad de una manera diferente, no solo como un conglomerado, sino como una comunidad a la que cuidamos, servimos y ayudamos todos juntos. Desde luego, no es suficiente que el Jardín del Puerto sea jardín. Tenemos que pensar un proyecto para ese espacio público que facilite la reconstrucción de la ciudad, pensada como pueblo o comunidad.
¿Qué necesitamos hacer en ese espacio público para mirar las demás necesidades de la población? Pensemos en las necesidades de la seguridad humana, de la paz con justicia, de la transparencia, de los servicios públicos. Si el Jardín del Puerto se convierte en un símbolo de la ciudad, podemos imaginar cuantos “jardines del puerto” o parques se pueden construir en las colonias para que imaginemos y reconstruyamos Acapulco con una cultura de paz, sin las violencias que hasta hoy padecemos. Necesitamos una ciudad más humanizada. Sin humanidad, el turismo que aún llega a esta ciudad, se nos va a ir pronto.
En conclusión, el Jardín del Puerto que Acapulco está necesitando debiera ser un espacio público y no privatizado con negocios; un espacio verde, que siga siendo jardín, lleno de árboles y flores; un espacio para el arte, con conciertos de música, exposiciones de expresiones artísticas; un espacio en el que los acapulqueños y visitantes nos encontremos; un espacio que sea símbolo de la ciudad; un espacio en el que construyamos nuestra identidad como ciudad, respondiendo a las muchas necesidades que tiene Acapulco, como la necesidad de justicia, de transparencia, de solidaridad y, sobre todo, de paz.