EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

El juego de las elecciones

Silvestre Pacheco León

Abril 12, 2021

“Todos quieren un Pinochet porque es símbolo de paz, de crecimiento económico y de orden”, decía el publicista argentino contratado para la campaña por el Sí del grupo en el poder que en 1988 buscaba legitimar el papel del dictador Augusto Pinochet después de permanecer 15 años a la cabeza del gobierno chileno.
La película donde el mexicano Gael García representa al joven publicista que se compromete con la oposición chilena en recuerdo de la militancia de su padre, tiene aristas interesantes como lecciones para el momento electoral que estamos viviendo.
La experiencia de la izquierda chilena que fue la primera en la historia moderna de América Latina en acceder a la democracia por la vía electoral en 1970, en los hechos mostró que América Latina era el patio trasero de los norteamericanos como decían entonces los analistas políticos. Sin lugar para gobiernos de ideologías exóticas como se consideraba a la marxista de la Unidad Popular.
En esas condiciones la película nos muestra que los detentadores del poder no se atan las manos ni se tientan el corazón para ejecutar lo necesario cuando se trata de defender sus privilegios.
Ciertamente en aquella época de confrontación ideológica soterrada entre los bloques capitalista y comunista el triunfo electoral de la izquierda en nuestro hemisferio se creía utópico porque en primera instancia era el imperialismo el enemigo a vencer. Por eso los partidarios de la vía armada vieron confirmada su visión frente a la pacífica que ensayaba la izquierda representada por Salvador Allende.
El gobierno de Richard Nixon con su afamado secretario Henry Kissinger como el más aplicado a ese propósito apoyaron el golpe de Estado contra Salvador Allende sin esperar los resultados de su gestión que podía poner en entredicho el modelo que defendían.
Prohibieron financiamiento del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para el gobierno socialista mientras alentaban con recursos económicos a la oposición política local y a las empresas que boicoteaban el poder del gobierno.
La International Thelephone and Telegraph (ITT) junto con la IBM capitanearon la estrategia para financiar el proyecto golpista mientras el frente político comprometía a las fuerzas armadas en esa estrategia.
Los intereses ideológicos dominaron la escena de entonces. Los miles de muertos, perseguidos, exiliados, desaparecidos, torturados y encarcelados inocularon a la sociedad de miedo y terror.
Después del sacrificio de Salvador Allende los chilenos vivieron 15 años con sus derechos humanos conculcados, sobre todo la libre expresión de las ideas. La gente calló y enmudeció.
Uno de los elementos que más pesa en la película es el hablar quedo y rápido de los chilenos, como si lo hicieran en clave. Eso lo aprendieron para evitar la delación.
El gobierno militar utilizó como argumento para su legitimidad los datos de crecimiento económico y el empleo, ufanándose de las supuestas ventajas de su sistema social impuesto, en el que “cualquiera,” “no todos” puede llegar a presidente, como decía el publicista argentino exaltando la ideología del capitalismo.
Pinochet perdió el apoyo de la mayoría de los chilenos en aquel plebiscito de 1988 gracias a la unidad de la oposición que impulsó el NO y a la observación de la prensa internacional que inhibió la tentación del fraude intentado por Augusto Pinochet en el último momento.
La película también muestra cómo los poderes fácticos siempre están más allá de la democracia aunque dejan a sus ideólogos la tarea de exponerla como la panacea porque en realidad la democracia no resuelve el problema de la desigualdad social que es producto de la explotación del trabajo por el capital. Es una falacia la afirmación de que en ella “cualquiera” puede progresar si se lo propone, por eso uno de los resultados de quienes viven creyendo esa afirmación es la frustración.
La igualdad no es un asunto de deseo, es el propio resultado del modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos. El capitalista carece de conciencia social, aunque haya personajes como Jeff Bezos, el dueño de Amazon, el hombre más rico del mundo, que quiere y propone que los ricos paguen más impuestos porque le parece obsceno que el uno por ciento de la población mundial concentre la riqueza necesaria para decidir el futuro de la humanidad.
En ninguna sociedad capitalista del mundo, por más rica y democrática que sea, hay lugar para que la ocupación bien remunerada alcance el 100 por ciento de su población. El capitalismo genera y requiere al llamado “ejército industrial de reserva” que permite a los patrones mantener siempre a la baja el salario de sus empleados. Si hay mucha demanda de trabajo, ya se sabe, bajan los salarios, pero en general nunca se da el caso de que sobren empleos para que suban los salarios.
En esa realidad las elecciones devienen solo en espectáculo y su importancia es apenas coyuntural y de entretenimiento porque si los ciudadanos que están en los partidos no tienen posibilidad de determinar nada sobre las candidaturas, menos quienes carecen de afiliación.
En el caso mexicano, después de setenta años del gobierno de partido único se hizo una gran inversión para fortalecer un sistema de partidos que siguen operando con recursos públicos cada vez más cuantiosos mientras las campañas electorales se convierten en un distractor de los problemas álgidos que vive la mayoría.
La coyuntura electoral sirve para que los poderes fácticos aparezcan con su poderío para imponer sus propias agendas a los partidos y candidatos por la vía del dinero.
Por eso las elecciones no comprometen la eficacia del modelo concentrador de la riqueza y solo tiene sentido votar si se sabe que, en todo caso, el partido que ofrezca hacer los cambios en beneficio de la mayoría tiene claro que el margen de maniobra para alcanzar su cometido está debidamente acotado.
El ejemplo más claro e inmediato lo hemos visto en Bolivia donde el actual presidente ha sostenido que el golpe de Estado contra Evo Morales tiene como trasfondo la riqueza del litio, mineral que había sido incorporado a los activos del gobierno gracias a las reformas constitucionales, lo cual disgustó a las corporaciones mineras que estaban a disgusto por tener que compartir las ganancias.
Votar tiene sentido en Guerrero si se hace por una propuesta clara de beneficio para la mayoría, pues a estas altura del juego y con la experiencia acumulada por el pueblo guerrerense podría considerarse un suicidio ayudar a que siga perpetuándose en el poder un partido que ha estado siempre del lado de los caciques responsables de la desigualdad y también de la violencia.