EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

El Justiciero y el Estado ausente

Humberto Musacchio

Noviembre 17, 2016

La Encuesta de Seguridad Pública Urbana del Inegi, cuyos resultados fueron divulgados en octubre, reveló que en Ecatepec, Estado de México, se registra la más alta percepción de inseguridad, pues 95.3 por ciento de las personas entrevistadas se dijeron temerosas de la delincuencia. Le siguen el oriente del Distrito Federal con 94.2 por ciento y Acapulco con 93.3 por ciento.
La muestra se realizó en 50 ciudades de la República Mexicana y si bien hay lugares como Mérida, donde el porcentaje baja a 32.2, o Tepic y Campeche con 35.7, nacionalmente son siete personas de cada diez las que sienten amenazada su seguridad: en los cajeros automáticos ubicados en la vía pública la cifra llega a 79.6; 71.7 en el transporte público, 65.9 en los bancos y 62.5 en las calles.
Las cifras aquí expuestas se dieron a conocer a principios de octubre. El 15 de noviembre, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció que se combatirá a la delincuencia en los 50 municipios que concentran el mayor número de homicidios dolosos. En los demás no dijo qué medidas van a tomarse, aunque con satisfacción anunció que en el estado de Guanajuato disminuyen “hasta 90 por ciento” los robos a los trenes, lo que puede significar que uno de cada diez sigue siendo víctima de atracos.
Desde hace varios meses se sabe de asaltos en la carretera libre México-Toluca. El modus operandi es conocido: los delincuentes dejan sobre el pavimento suficientes piedras para obligar a los vehículos a bajar la velocidad e incluso a detenerse, momento en el que son asaltados. También es frecuente que los ladrones aborden autobuses en Toluca o en plena carretera y en cierto momento saquen las armas y despojen a todos los pasajeros de sus objetos de valor.
Lo anterior lo saben las autoridades desde hace tiempo. De acuerdo con informes de Gobernación y de la Comisión Nacional de Seguridad, de enero de 2013 a julio de 2016 se han cometido 503 atracos en autobuses que circulan por las autopistas del país; de esos delitos, 186 se cometieron en las carreteras que atraviesan el Estado de México, que como bien se sabe, es una entidad sin ley donde se produce el más alto número de feminicidios, secuestros y otros delitos.
Pero de nada sirve que la autoridad tenga conocimiento de estas cosas si no es capaz de impedirlas. Esa indolencia o ineptitud de las corporaciones policiacas ha obligado a no pocos ciudadanos a tomar la justicia en sus manos, lo que en modo alguno es justificable, pero se entiende como el resultado de una notoria ausencia del Estado, que en teoría es el encargado de garantizar la integridad física de las personas y de proteger los bienes de propiedad privada y pública.
A principios de noviembre, cuatro ladrones despojaron a 40 pasajeros de un autobús en la carretera México-Toluca. Cuan-do pretendían retirarse, en el kilómetro 38, un individuo los ultimó con una pistola de las que usan algunas corporaciones policiacas (Glock calibre 9 mm). Entregó a los pasajeros unos morrales con los objetos que les habían robado y antes de abandonar el camión pidió que lo protegieran (“Nada más me hacen el paro”). Se dice que nadie quiso informar de lo sucedido y dar informes de ese personaje anónimo a quien llaman El Justiciero o El Vengador.
El caso, como de película de Charles Bronson, no es único. Días después, en Periférico Norte, en Naucalpan, Estado de México, dos asaltantes amagaron a los pasajeros de un colectivo para que entregaran sus pertenencias, pero un usuario sacó su pistola, también de 9 mm, y les disparó, matando a uno de ellos, hiriendo a otro y a una pasajera.
En lo que va del año, publicó Excélsior (15/11/2016), sólo en el Estado de México, son siete los hechos en que los asaltantes son tratados a balazos. ¿Será el procedimiento policiaco al uso ante la ineficacia de los métodos legales? Es difícil saberlo. Lo notorio es que el gobierno de Eruviel Ávila no garantiza la seguridad de sus gobernados.
Lamentablemente, el problema no se restringe a la entidad mexiquense. Zonas enteras del país son tierra de nadie, o más bien son feudo de la delincuencia. Cuando las cosas llegan al extremo, hacen su aparición las fuerzas armadas, pero después de unos días se van y de nuevo imponen su ley los delincuentes. Nada ni nadie garantiza la seguridad ciudadana, y eso seguirá empujando a la búsqueda de justicia por propia mano. Como en la horda.