EL-SUR

Martes 28 de Noviembre de 2023

Guerrero, México

Opinión

El lenguaje popular V

Anituy Rebolledo Ayerdi

Mayo 05, 2022

 

Epigramas y epigramistas

El escritor y periodista Luis Vega y Monroy fue uno de los grandes epigramistas de México. Versos sencillos –cuartetas, quintillas, octavas o décimas– que muchas veces llegaron a conmover a más que un dramático ocho columnas o un sesudo editorial. Y siempre con un objetivo preciso: los ceños fruncidos de los poderosos en turno y las sonrisas vengadoras del pueblo. Los epigramas del poeta Salvador Novo de mediados del siglo pasado, por ejemplo, fueron calificados por Carlos Monsiváis como verdaderos “pelotones de fusilamiento”.
Hoy el epigrama ha desaparecido de su esquinita tradicional en la primera plana de los periódicos, comentando siempre con talento e ingenio la nota principal u cualquier otra información interesante. Las nuevas generaciones de lectores ignoran de qué se trató todo esto y tampoco tiene idea de los alcances sociales de aquellos poetas. Y no es que hoy falten. Pasa que la capacidad lúdica de este país está siendo aniquilada día a día por el odio y el miedo, a grado tal que incluso sonreír se ha vuelto peligroso. Pero no nos pongamos solemnes y sonriamos con el talento de los grandes del género.

Luis Vega y Monroy

A raíz de la matanza de copreros en Acapulco, en 1967, de la que el gobierno del estado culpó al diputado veracruzano César del Ángel (en realidad asesor de los disidentes, los únicos muertos y heridos), don Luis Vega Monroy versificó así su comentario:

Después de ese pandemonio
queda evidente al minuto
que más que César es Bruto
y más que Ángel, demonio.

Mucho tiempo atrás, sobre la designación del general Baltazar R. Leyva Mancilla como delegado del PRI en Guerrero, con la consigna del líder nacional, Carlos Madrazo, “de forjar un partido sin mancha”. Don Luis, como se firmaba Vega y Monroy, lanzó este dardo:

De la política el trazo
en verdad me maravilla:
¿no que quería Madrazo
tener un PRI sin “mancilla”?

El temido epigramista da por bueno el rumor de que el secretario de Hacienda del presidente Alemán, Ramón Beteta, ha comentado la posibilidad de aplicar el impuesto sobre la renta a las horizontales. O sea, a las llamadas “cuatro letras”, apenas ayer sexoservidoras. Y ataca:

Fue a un conocido lugar
un fiscal de mucha cuenta
a fin de calificar
lo que se había de pagar
de impuesto sobre la renta.

Y le dijo una beldad:
–Allí en sus datos concentre
que al fisco, por equidad,
le daremos la mitad
de todo lo que nos entre.

Don Luis llamó ociosos los debates sobre la reforma al artículo 82 de la Constitución. Establecía que para ser presidente de la República se necesitaba ser mexicano por nacimiento e hijo de mexicanos también por nacimiento. Simplificaba:

El mexicano de ahora
se conforma simplemente
con que tenga el Presidente
tan siquiera progenitora.

La furia de Zeus Tonante personificada por el implacable poeta Salvador Novo –como luego se verá– no cayó milagrosamente sobre Don Luis cuando éste se metió con el eterno cronista de la Ciudad de México. Ello, a raíz del rumor de que contraería matrimonio, aún sobre su orgulloso homosexualismo, con la actriz Kitty de Hoyos.

Si esa unión hace el demonio
que en todo se ha de meter,
¿qué es lo que va a suceder
en tan raro matrimonio?

Pues la cosa bien sencilla:
compartirán por igual
no sólo el pan y la sal,
sino el techo y la tortilla.

En torno a los escandalosos amoríos de algunos miembros del clero, Don Luis dijo:

En la iglesia mexicana
hay clérigos, sin dudar,
que creen que pueden andar
con sotana y con mengana

Denuncian que un ratero robó un portafolios del automóvil del señor Presidente:

Muy al principio de enero
un raterillo indigente
se metió a buscar dinero
al coche del Presidente

Y al estar en la presencia
de su juez, aquél ladrón
le pidió como sentencia
sus cien años de perdón

A la joven militancia partidista:

A jóvenes afiliados
dan consejos provechosos
para que sean aplicados
¡ya podrán estar ociosos
al llegar a diputados!

Sobre la boda de Jackie Kennedy y Aristóteles Onassis:

No se bebe coñac ni aguardiente
ni se cata dulzón moscatel
se empieza con un Presidente
y se acaba con un Viejo Vergel.

Pancho Liguori

Francisco Liguori junto con José Elizondo (Pepe Nava), Carlos León, Tomás Perrín, Manuel Díaz y Luis Spota son otros poetas que se distinguieron en México como epigramistas notables. Poseyeron todos ellos la mirada aguda para pescar la noticia, el talento condensador para llevar los datos a su mínima expresión y el oído fino para trasladarlos a un formato musical.
El licenciado Mariano Azuela, hijo del autor –del mismo nombre– de la más famosa novela de la Revolución, Los de abajo, era maestro en la escuela de Jurisprudencia de la UNAM donde los alumnos, entre ellos Pancho Liguori, lo tenían por faltista y güevón. Un día, Azuela encontrará escrito en el pizarrón el siguiente epigrama:

Ya se rumora en la escuela
en son de chunga y relajo,
que al caro maestro Azuela
pesan mucho… Los de abajo.

Iracundo, don Mariano no siquiera indagará la autoría, suspenderá ipso facto a Liguori pero este volverá a la carga al día siguiente, en el mismo pizarrón:

El caro maestro Azuela
tiene complejo de suspensorio:

“Para seleccionar a los candidatos más idóneos, el PRI auscultará de la periferia al centro”, declara su presidente, Carlos Madrazo. Liguori no se mide:

En el jarocho parlar
una metáfora encuentro:
las nalgas acariciar;
luego apuntar
¡y pa’ dentro!
Eso se llama auscultar
de la periferia al centro

Salvador Novo

Salvador Novo, llamado maestro insuperable en la sapiencia de zaherir al prójimo, le caía en la punta el sibaritismo del líder socialista Vicente Lombardo Toledano. Particularmente cuando pronunciaba discursos sobre la redención obrera enfundado en trajes de fino casimir inglés (se decía que tenía 20 del mismo color, para hacer creer que era el único). Y duro contra él:

Lombardo, que es gran burgués, presume de tovarich…
Lo que en realidad es
también termina con ich
pero se escribe en inglés

Aludía Novo al son of a bich, el hijo de perra, de los gringos, mexicanizado como sanababiche.
No sabía entonces el joven periodista Luis Spota con quien se metía al hacerlo temerariamente con Novo. Primero lo llama “Nalgador Sobo”, en clara alusión a su homosexualismo y más tarde dirá que “Novo había hecho muy bien al escribir su libro Las aves de la poesía mexicana, pues “era experto en toda clase de pájaros”. Implacable, el cronista lo hará papilla:

Este grafococo tierno
lleva, por signo fatal,
como apellido paterno
la profesión maternal.

Juan García Jiménez

Juan García Jiménez, de Ometepec, fue uno de los tres más grandes poetas vernáculos de México. Epigramista extraordinario, sus trabajos fueron publicados cotidianamente en el diario La Prensa. Un día comenta la noticia sobre los nombramientos hechos por el presidente López Mateos a favor de siete ex presidentes de la República.

Entraron al gabinete
–sin consultar a ninguno–
7 sabios de membrete.
Si no podemos con uno,
¿qué vamos a hacer con 7?

El poeta ometepequense (ometepecano, no, por favor, pedía, porque tiene un final maloliente) Juanito, decíamos, departe con periodistas en el bar La Redacción, llamado así por estar precisamente frente a la del diario Trópico. Hasta la mesa de la tertulia se acerca el agente aduanal don Fernando Acosta, amigo de todos ellos, quien acepta desde luego acompañarlos. A Juanito no se le irá vivo:

Bienvenido sea Acosta
a este ruidoso corrillo,
beberemos a su costa,
¡a costa de su bolsillo!

Juanito nunca compartió la percepción presidencial sobre la derrota de la carestía y la vuelta a la bonanza:

Si seguimos como vamos
pobrecitos de nosotros
fácil es que nos comamos
tal vez los unos con los otros.

Durante una reunión cantinera de poetas, uno de ellos ofrece un cartón de cerveza a quien encuentre consonancia con la palabra “patio”. Hay varios intentos fallidos hasta que llega el turno de Juanito, cuyo semblante refleja una cruda de aquellas:

Por decir Maravatío
dije una vez Maravatio,
he ganado, señor mío:
hallé consonante a patio.