EL-SUR

Sábado 27 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El Mencho, EU y la oportunidad de Claudia

Silber Meza

Febrero 28, 2026

Una vez, hace muchos años, tal vez más de una década, en mi trabajo de reportero escuché a un científico mexicano decir que la mejor forma –o la única– de acabar con el problema del tráfico de drogas en México era que se incorporara a la legalidad. Y para ello tendrían que ser todas las drogas actualmente ilegales, o la inmensa mayoría. En ese entonces me hizo sentido su comentario, por ello lo recuerdo.
Eso fue hace una década. Hoy en día también estoy a favor de la regulación de las drogas ilícitas, pero ya no creo que esto acabe con el conflicto de seguridad que tenemos en México porque éste va mucho más allá de las drogas. Hay versiones que apuntan a que los ingresos de los grupos delictivos están tan diversificados que, en ocasiones, ganan más dinero con otras actividades ilícitas que con la venta de drogas. En Perú, me cuentan colegas, la minería ilegal se ha convertido en la gran entrada de dinero del crimen organizado.
En México también operan la minería ilegal, además de la extorsión, trata de personas, venta de cigarros, alcohol, control de las nóminas de ayuntamientos, control de la obra pública, fraudes turísticos, tráfico de especies en peligro de extinción, tráfico de maderas finas, casinos legales y clandestinos, prostitución, venta de alcohol, control de precios de productos básicos y muchas cosas más, según cada estructura delictiva.
Se han convertido en grupos armados y adinerados que están dispuestos a matar o desaparecer personas en cualquier momento, a la menor provocación o sin ésta. Operan como estructuras paralelas al Estado que en algunos territorios controlan la violencia y se imponen a las instituciones legales, sea por la fuerza, por la corrupción o por ambas.
Por eso es que sí se les tiene que combatir con energía. Desmantelar las empresas criminales mexicanas debe ser una obligación de todo gobierno, de todo Estado. Y se les tiene que atacar desde varios frentes, por supuesto: desde la red financiera territorial, nacional e internacional para evitar el flujo de dinero a través de bancos y criptomonedas; desde las conexiones con la narcopolítica y las corporaciones de seguridad civil y militar, como la narconómina del Cártel Jalisco Nueva Generación que exhibió hace unos días el periódico El Universal y que incluía alcaldías, policías municipales, guardias nacionales y personal de la Fiscalía General de la República; hasta la detención y desmantelamiento de las estructuras físicas completas, acompañado de un proceso que en verdad atienda las causas y las resuelva.
Esto último es tan importante como los tres puntos iniciales y no menos complicado. Por más que el gobierno dice que atiende las causas, no se ven los resultados, y no se ven porque en realidad el gobierno no conoce cuáles son estas causas. Si me equivoco y en realidad sí las conoce, no muestra interés en acabar con ellas o no tiene la capacidad de hacerlo.
En columnas pasadas dije que al CJNG se le tenía que combatir porque su poder era tan grande que había zonas en las que ni los militares querían entrar.
Desde que inició la “guerra contra el narco” mexicano hemos perdido muchas vidas como sociedad, han desaparecido a mucha gente, se han gastado miles de millones de pesos en armas y equipo, y las estructuras criminales se han extendido, enriquecido, empoderado y adueñado de quién sabe cuántos kilómetros cuadrados.
Pero ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene una nueva oportunidad para mejorar las condiciones reales de seguridad de este país. La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, no es lo deseado, lo ideal es que hubiese sido capturado vivo y sometido a juicio; sin embargo, también envió un mensaje de que el Estado no está derrotado, de que no puede más el crimen que el gobierno.
La acción de las autoridades mexicanas estuvo precedida por una presión brutal del gobierno de Donald Trump y es algo que no se puede ignorar.
Hoy la presidenta Sheinbaum tiene la oportunidad de empezar un verdadero proceso de pacificación de México, más allá de la trampa e inútil “guerra contra las drogas” de Estados Unidos y del acoso de Trump. Puede empezar con atacar las causas reales de la violencia más allá de los apoyos sociales, transferencias que son positivas pero que no han detenido la cantera; puede revisar los flujos de dinero y cortar las maquinarias –hasta ahora– intocables de lavado de dinero y extorsión; puede derrumbar la infiltración política que les da poder, dinero y seguridad.
Claudia está en su oportunidad. Ojalá la tome y nos resulte favorable a todas y todos.