EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

El negociazo del corredor Chapultepec

Humberto Musacchio

Diciembre 03, 2015

Miguel Mancera Aguayo parece empeñado en perder la poca popularidad que le resta después de ganar su cargo con casi 70 por ciento de los votos. Eso ocurrió hace más de tres años y hoy las encuestas más generosas, por no decir a modo, le conceden apenas la tercera parte de aquel porcentaje.
La mengua tiene bases materiales, si se atiende a que la ciudad de México parece zona bombardeada, con grietas, baches y verdaderas zanjas en el pavimento. Fuera de las vías principales, lo que hay es una sucesión interminable de agujeros, encharcamientos y basura.
La urbe, con amplias zonas sumidas en la oscuridad, es territorio propicio para la delincuencia, por mucho que el jefe de Gobierno insista en que las fuerzas del crimen organizado no operan en el Distrito Federal. Si eso fuera cierto, no habría en la ciudad de México la frecuente aparición de cadáveres de “ajusticiados”, con huellas de tortura.
El robo sigue siendo una plaga que empieza a dañar el prestigio de la capital mexicana como polo de atracción turística. Apenas el martes, afuera del Palacio de Bellas Artes, le fueron robadas las bicicletas al embajador de Alemania y a su acompañante, lo que constituye un pésimo mensaje al extranjero sobre la seguridad.
Una toma de partido poco sensata es la guerra del gobierno capitalino contra las preparatorias creadas por Andrés Manuel López Obrador, donde se aplicó una medida diazordacista: la declaratoria de inexistencia de la legítima huelga de sus trabajadores. Un caso semejante es el trato dado a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, a la que se siguen regateando recursos.
En la drástica caída de la popularidad de Mancera incide en forma determinante su guerra contra Morena, el partido de López Obrador. Al poner la operación política de su gobierno en manos de Héctor Serrano, un priista que ahora controla al PRD capitalino, con su consentimiento o a su pesar, Mancera ha estado perdiendo aliados y ganando enemigos. No es poca cosa hacer de la fuerza política mayoritaria, como lo es Morena, un rival al que hay que aplastar, como ocurrió en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, donde se combinó la falta de pericia de los morenistas con los dineros repartidos con largueza a las demás fracciones parlamentarias, pues se trataba no sólo de doblegar a los obradoristas, sino de humillarlos, lo que en política es poco aconsejable, pues nunca se sabe cuándo el caído se llegará a levantar.
A la suma de ineficiencias y desatinos, hay que agregar ahora ese monumento al absurdo que es el llamado Corredor Cultural Chapultepec, cuantiosa e injustificable expropiación del espacio público para beneficio de particulares. Se pretende arruinar la existencia de quienes viven o trabajan en la avenida Chapultepec, pues como ha ocurrido en otras partes del mundo, los segundos pisos o superficies elevadas deterioran severamente la calidad de vida y devalúan los predios aledaños. Si alguien lo duda, puede preguntarle a quien viva frente a un paso elevado.
Por supuesto, las autoridades capitalinas, dizque en plan muy democrático, aceptaron que se realice una consulta para que los vecinos digan si quieren o no ese bodrio urbano. Pero en esa seudoconsulta no sólo intervendrán los directamente interesados, que son los habitantes de las colonias Roma, Condesa y Juárez, sino todos los habitantes de la delegación Cuauhtémoc, lo que garantiza una amplia participación de los acarreados de las tribus perredistas, a quienes ya se está ofreciendo dinero, hasta cinco mil pesos, por votar como indiquen sus liderzuelos.
Para redondear el timo, se ha encargado al maloliente Instituto Electoral del Distrito Federal que organice y realice la consulta de marras. Para el caso, el IEDF ha distribuido unos folletos que muestran su indecencia, pues expone con parquedad algunas razones del NO al corredor y luego, in extenso, se solaza con los presuntos beneficios que tendría ese monstruo urbanoide.
Los capitalinos están ante una operación de dimensiones colosales sin más fin que enriquecer a algunos vivales. Si el corredor se construye, ninguna ciudad del país estará a salvo de atentados similares –ya se planean otros 11 corredores elevados– y los capitalinos, como dice el diputado Alfonso Suárez del Real, pronto tendrán que pagar hasta por entrar al Zócalo. Y todo para que un grupo de políticos y empresarios haga negocio. No tienen vergüenza.