EL-SUR

Sábado 13 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

El niño del pez

Silvestre Pacheco León

Abril 10, 2023

 

Después de permanecer dos semanas en el hospital Vicente Guerrero del IMSS en Acapulco todo el personal lo conoce. Llegan a su cama y lo interrogan:
–¿Tu eres el niño del pez?
Yael, un joven quinceañero, bien desarrollado, no se molesta que le digan “niño” y vestido con su bata de paciente a todos les responde cohibido pero simpático que, efectivamente, es sobreviviente al ataque de un pez vela que le clavó su pico cuando dándolo por muerto intentó subirlo a la lancha.
Su papá que está acompañándolo en espera de que lo puedan operar para extraerle el pedazo del pico del pez vela que misteriosamente se alojó en el cuello después de penetrar por el mentón y romperse, cuenta la historia.
Dice que en Zihuatanejo, el 20 de marzo del presente año se fue de pesca con su hijo, y que su plan era “trolear”, o sea ir a divertirse, no a pescar formalmente, sino casi de paseo.
Cuenta que sabía de la presencia de “manchas” de atunes frente al puerto, pero dice que no era su propósito esa clase de pesca porque en esta temporada se trata de peces que se acercan mucho a la playa y eso los hace evasivos, briosos y desconfiados, aparte de que no están gordos.
Como para la pesca de atún hay que destinar dos días para ir mar adentro, no hizo caso de la “mancha” que se encontraron a una hora de la playa y entre los atunes se dedicaron a “trolear”. Así pescaron dos dorados y cuando el tercero picó resultó ser un pez vela de tamaño regular que luego de jugar con él hasta cansarlo, lo acercó a la lancha para subirlo y entonces llamó a su hijo y le pidió que se encargara de las cañas mientras él subía el pescado a la lancha.
Fue cuando el hijo miró la oportunidad de encargarse de hacer el trabajo que tantas veces había visto hacer a su papá y le pidió que lo dejara aprender, y aunque el papá dice que lo dudó porque se trata de una maniobra que siempre tiene sus riesgos, porque el pico del pez es como un cuchillo filoso y puntiagudo, y es lo primero que se tiene que asegurar con la fuerza de una mano, pero terminó accediendo en la idea de que alguna vez su hijo tendría que hacerlo solo y más valía dejarlo que aprendiera.
Siguiendo las instrucciones del papá, Yael primero procedió a ponerse los guantes para protegerse las manos mientras escuchaba las recomendaciones del papá que le indicaba cómo debía tomar al pez del pico, aferrándose a él con fuerza sin confiarse ni un momento.
Pero apenas se asomó Yael al borde de la lancha para ubicar el pico del pez vela cuando miró al animal que daban por muerto aletear intentando liberarse del anzuelo, y luego sucedió todo a un tiempo: Yael tratando de pescarlo por el pico y el pez dirigiéndose a la cara del muchacho con la velocidad de una flecha sin darle tiempo de nada, cayendo de espaldas en el piso de la lancha con el pico del animal clavado en el cuello.
Entonces su papá cortó la cuerda del pez que había vuelto al agua y corrió hasta su hijo que gritaba agarrándose la garganta de donde le escurría un delgado hilo de sangre, la cual fue lo primero que intentó detener con un pedazo de hielo envuelto en una compresa que el muchacho sostuvo con su mano para detener la hemorragia y en cuanto pudo enfiló la lancha de regreso preguntándole a cada tramo del trayecto cómo se sentía y el muchacho, valiente, le respondía a señas que iba bien, aunque no podía hablar.
El papá llamó a familiares para que pidieran el apoyo de una ambulancia que llegó a la playa en seguida y en cuanto arribaron los pescadores el herido fue subido a la camilla y al vehículo y pronto estuvieron en Urgencias del hospital del IMSS.
El parte médico fue que el piquete del pez vela había penetrado en la garganta por el mentón sin afectar ningún órgano vital, aunque Yael seguía sin poder hablar.
Le hicieron un ultrasonido, una tomografía y una radiografía, determinando que el daño era leve, y lo dieron de alta al segundo día, pero dos días después, ya en la casa, el papá miró que Yael tenía una mala postura al caminar, no podía mantenerse derecho y se quejaba de que le dolía el cuello.
El papá lo llevó nuevamente sin dilación al hospital donde descubrieron que tenía un cuerpo extraño en la tercera cervical y era lo que le molestaba para voltear y mantenerse derecho. Unos médicos decían que se trataba de un “hallazgo” que nada tenía que ver con el accidente, un hecho que no es común pero que dicen que puede ocurrir, un cuerpo extraño que no corresponde al lugar donde está, pero que no tiene riesgo, salvo que a Yael le limitaba sus movimientos.
Como a la familia esa nueva situación le pareció delicada pidió que trasladaran al paciente al hospital Vicente Guerrero de Acapulco. Ahí, después de ver la radiografía los médicos aseguraron que el “hallazgo” era la espina del pez, lo que sorprendió a todos porque nadie se explicaba cómo pudo haber llegado a la cervical si la espina penetró por la garganta. Sin embargo e independientemente de lo que no se explicaban los médicos, la urgencia era extirparle la espina para lo cual se requería de una operación con un cirujano especialista en columna y un neurocirujano de asistencia.
Padre e hijo llegaron a Acapulco desde hace dos semanas, por su cuenta, porque no había ambulancia en Zihuatanejo para el traslado, pero no les sirvió mucho su esfuerzo porque el hospital estaba suturado, no había cama disponible para el paciente que terminó acomodándose en una camilla en espera de la decisión médica mientras los comentarios se dividían entre quienes eran partidarios de enviar al paciente a la Ciudad de México u operarlo localmente.
Cuando estoy terminando el presente artículo me entero de que la decisión final de los médicos fue operar a Yael en Acapulco, programando la intervención quirúrgica para el domingo de Pascua o de la resurrección como dicen los católicos, lo cual ha permitido a la familia un respiro en su agónica ansiedad por la salud del muchacho. Los médicos que lo ven han dicho a los familiares que los responsables de la cirugía son los mejores especialistas de la entidad y eso les ha dado tranquilidad aunque saben que por el lugar del cuerpo donde está alojado el “hallazgo” los riesgos son inminentes pero ya quieren ver a Yael fuera del hospital, sano y salvo después de veinte días que ha pasado entre médicos y enfermos de Zihuatanejo y Acapulco.