EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

El nuevo mapa político en la Costa Grande

Silvestre Pacheco León

Octubre 15, 2005

De los ocho municipios que integran la Costa Grande, el PRD gobernará en Atoyac, Tecpan, Petatlán y Zihuatanejo. La otra mitad: Coahuayutla, La Unión, San Jerónimo y Coyuca de Benítez, será gobernada por el PRI.

Además del refrendo del triunfo del PRD en Zihuatanejo y Petatlán, y su conquista del poder en municipios de vieja tradición priísta como Atoyac y Tecpan, resulta interesante conocer las circunstancias locales en las que ambos partidos han protagonizado la alternancia en el poder municipal en sociedades rurales como Coahuayutla, La Unión y San Jerónimo, hecho que constituye un ingrediente fundamental en las sociedades democráticas.

En Coahuayutla, desde el primer gobierno perredista que encabezó el finado Magdaleno Correa en 1989, la competencia electoral se mantuvo entre los dos principales partidos sin que el PRD haya podido consolidar, a lo largo de década y media de poder, una alternativa de gobierno distinta del PRI, alejada de los métodos tradicionales de control caciquil. Así, la familia Correa que encabezó la derrota electoral del PRI hace 15 años, es también la encargada de devolver el poder municipal a su oponente, de manos de Omar Correa Cabrera el actual presidente municipal, aunque ahora sea a uno más de los miembros de su familia, pero formado en las filas del PRI.

Las disputas internas por las candidaturas que terminaron con el escaso margen de ventaja que el PRD tenía frente al PRI en aquel municipio rural, no superaron nunca el viejo argumento antidemocrático que daba razón a quienes sostienen que todo aspirante a un cargo de elección popular debe contar con un sustento económico que lo respalde. Esos hechos muestran un partido que no pudo alejarse del control caciquil ni permitió el desarrollo de nuevos liderazgos.

En La Unión se habla bien de la gestión que encabezó Carlos Reyes, prueba de ello es su triunfo en la candidatura para la diputación local, por eso la explicación de la derrota de su partido tiene como origen la bien ganada fama de su sucesor, el priísta Cervando Ayala, quien repite en el cargo después de que en 1999 entregó el poder al PRD.

En San Jerónimo el PRD gobernó dos trienios, el primero bajo la oleada que causó la irrupción de las mujeres en las candidaturas del PRD, con María de la Luz Núñez a la cabeza, secundada por Estrella Marina de Río, después con el pariente del actual gobernador, Jaime Torreblanca.

En San Jerónimo como en La Unión, la historia se repitió en la elección de nuevos ayuntamientos. Con los dos presidentes municipales que pidieron licencia para competir por la diputación local, ambos municipios fueron perdidos por el PRD. En San Jerónimo de Juárez el gobierno que heredó la estafeta de Jaime Torreblanca no pudo garantizar la continuidad a su partido y corrió con peor suerte que en La Unión, pues el salto que exitosamente dio Carlos Reyes allá de presidente municipal a diputado local, no lo pudo emular el ayuntamiento de San Jerónimo, cuyo municipio será ahora gobernador por el PRI.

La otra semejanza entre ambos municipios es que los priístas triunfadores ya gobernaron una vez, hecho que los convierte en sujetos de atención para seguir su desempeño.

En los municipios donde los costeños viven la alternancia, lo notorio es la semejanza entre los dos partidos que se disputan el poder, pero no para ser más eficaces en atender y resolver los problemas municipales, sino en la reproducción de los vicios y los mecanismos que dieron sustento al sistema priísta: el poder para la represalia y para ejercer el control. El partido como instrumento del poder.

Por eso muchos ciudadanos aprenden con rapidez a utilizar los partidos, no como escuelas cívicas o medios de educación y conocimiento, sino como instrumentos que permiten la movilidad social, acceso a ciertas ventajas y privilegios y a determinado margen de impunidad.

En Atoyac el triunfo del PRD sería histórico si dicho logro proviniera de la izquierda, pero aquí operó ése fenómeno de la franquicia perredista para un candidato sin tradición de lucha democrática que de todos modos se hizo de la mayoría de las voluntades de quienes votaron buscando oxigenar la estructura del poder que aquí ha sido asfixiante.

En Tecpan, por otra parte, el PRD hizo una campaña exitosa con Élfego Martínez González, un candidato formado en la lucha sindical, proveniente del gremio de los telefonistas. Salirse de las disputas internas por el cargo de presidente municipal entre las diferentes corrientes y grupos perredistas que en otros años llegó a niveles de violencia, arrojó buenos resultados para el partido del sol azteca.

En Petatlán, en cambio, después de la primera experiencia de gobierno perredista que se inauguró en 1989 gracias a la oleada cardenista, las fuerzas de los dos partidos antagónicos se ha mantenido pareja y la alternancia sui generis ha dado como resultado en los últimos 15 años dos gobiernos perredistas y tres priístas. Su circunstancia ha sido el vaivén con que se mueven los diferentes grupos de poder municipal y que van en una constante, del PRI al PRD.

Eso ocurrió en la elección del 2002 con la candidatura del ex priísta y ex presidente municipal, Javier Rodríguez Aceves, quien habiendo entregado el poder al PRD en 1989, encabezó la reconquista del ayuntamiento para este partido diez años después, en el 2002, con escaso margen, gracias a la defección del hasta entonces priísta, Antonio Armenta, quien en vísperas de las elecciones arrió sus banderas para declararse perredista. Ahora es el propio Tony Armenta Solís quien refrendó el triunfo del PRD, imponiéndose en competida votación al priísta Jaime Martínez Pascacio.

En Zihuatanejo, municipio cuya importancia económica lo ubica entre los cinco primeros del estado, como ya se ha dicho, el triunfo electoral del PRD en el año 2002, fue el resultado de su apertura a fuerzas de la sociedad civil y también a grupos de priístas descontentos del control caciquil que se ejercía en su partido. Se trata también del municipio con mayor nivel de escolaridad en la región y el más diverso en términos de la participación política.

Los analistas locales han calificado la llegada de Amador Campos Aburto a la presidencia municipal por el PRD como el fenómeno costeño de la transición democrática, producto de un juego de alianzas políticas que concretó la hazaña de terminar con medio siglo de dominio priísta.

Aquí el voto mayoritario que los electores emitieron a favor de Silvano Blanco Deaquino el 2 de octubre del 2005, debe verse como un premio que la ciudadanía otorga al partido, en lo que ha sido su primera experiencia como gobierno. Eso implica una doble responsabilidad del próximo ayuntamiento porque se trata de un gobierno que pretende ser eminentemente perredista, que llega al poder sin mayores compromisos con fuerzas ajenas a la ideología de izquierda y que podrá estructurarse con cuadros formados en las luchas por la conquista de los ayuntamientos y porque se trata también de ir más allá de lo que tradicionalmente se ha considerado como la tarea básica de los gobiernos municipales: la dotación de servicios a sus habitantes para acometer el reto de emprender las transformaciones sociales.