EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El odio como herramienta política

Jesús Mendoza Zaragoza

Julio 03, 2017

La política, como actividad humana, que tiene como sujetos privilegiados a los políticos y a las instituciones públicas, padece en México de un oscuro desprestigio que puede derivar en situaciones críticas y en daños profundos para todos. El generalizado sentimiento de repugnancia y de desprecio hacia la política y hacia los políticos es perjudicial y debiera ser considerado con mucha responsabilidad, tanto por las instituciones políticas como por la sociedad. Esta es una actitud dañina y complica mucho la solución de los grandes problemas que debieran solucionarse mediante la política. La política, vista bajo el prisma de la corrupción y del engaño, lleva a los ciudadanos a evadirla y a tolerarla, a alejarse de ella como si fuera la peste y a sólo quejarse sin mayor responsabilidad.
En la antesala del proceso electoral que tendremos en el año próximo, ya se ven signos oscuros que muestran lo peor de la política y no dejan lugar a sus grandes potencialidades. Estos signos vienen de los partidos políticos, que han perdido la brújula y buscan retener u obtener el poder a cualquier precio. Percibo que se están dando campañas de odio entre los principales contendientes en Guerrero, el PRI y el PRD. Los demás partidos no se quedan atrás pero no impactan tanto. Acusaciones, declaraciones, descalificaciones, inserciones pagadas, entrevistas y demás, sólo arrojan lodo al escenario público y parece que el tono de la próxima contienda electoral la dará, precisamente, lo peor de la política.
¿Qué no saben hacer otra cosa? ¿No tienen idea del daño que le hacen al estado con actitudes tan cerradas y facciosas? ¿No se dan cuenta de que, de esta manera, abonan aún más al desprestigio y al desprecio de la política como herramienta necesaria para el desarrollo, para la democracia y para la paz? ¿Es tan estrecha su visión de la política, que sólo la miran como un mero negocio, como un oscuro negocio? ¿Por qué privilegian la mentira, la difamación, el discurso engañoso, la confrontación y la descalificación? ¿Por qué pierden sus energías en denostar a los adversarios y no se ocupan de atender los sufrimientos de la gente? ¿Por qué no utilizan las herramientas de alto sentido ético como la verdad, la solidaridad, el servicio, la libertad, la tolerancia y la justicia en sus contiendas y estrategias políticas? ¿Es que no las saben usar? ¿Creen que promoviendo el odio hacia los adversarios puede generar otra cosa que no sea violencia y confrontación? ¿Serán tan torpes como para no darse cuenta que en nuestro contexto de alta inseguridad es una verdadera estupidez añadir otro factor más, el de la tácita violencia política?
Lo que van logrando es sembrar odio, confusión, desesperanza y miedo. Parece que estos elementos son muy rentables en sus campañas para obtener poder y dinero. Pero el costo es desolador: la degeneración de la política convirtiéndola en un vil negocio de privilegiados a costa del estado. Después de todo, han olvidado el sentido humano y humanizador de la política y las potencialidades que entraña para la justicia, el desarrollo y la paz. ¿Por qué no permitir a la política ser lo que originalmente es, una herramienta para entendernos, para organizar las condiciones que se requieren para la paz y para que nuestros pueblos vivan mejor?
Porque lo que nos están proponiendo es una caricatura espantosa de lo que la política es. Esta degradación cuesta mucho en términos de violencia, de inseguridad, de miseria y desigualdad. Esta visión precaria de la política, que se ha impuesto mediante un sistema político corrupto y dañino nos tiene secuestrados y arrincona a los ciudadanos para convertirnos en súbditos y en víctimas. De esta debacle política sólo vamos a salir cuando recuperemos el verdadero significado de la “cosa pública”, del bien común, de la participación, de la solidaridad y, en último término, de la dignidad humana.
Es imprescindible dignificar la política, reconociendo que el lodazal que se pone en el escenario es otra cosa, es una parafernalia de intereses bastardos, tan costosa como grotesca. El próximo proceso electoral puede ser una oportunidad para ello. Los políticos “profesionales” necesitan un cambio de actitud. Requieren una actitud de dignidad. Que dignifiquen la política como actividad y que se dignifiquen a sí mismos. Que dejen de hacerse despreciables, objetos de vergüenza. Y que empiecen a ver la política como una herramienta útil para afrontar y resolver el sufrimiento del pueblo.
Mientras que los ciudadanos de a pie tenemos que convertirnos en corresponsables de la política y dejar de ser espectadores de las tragedias que se cometen en nombre de la política. Que dejemos actitudes viscerales o infantiles ante lo que sucede en el ámbito de la política. Dejamos este espacio a los corruptos y luego nos quejamos. Que sepamos distinguir la política como actividad digna y dignificadora de las patrañas que nos suelen ofrecer los partidos.
Los odios que se predican y se promueven desde los partidos, corrompen la política y la vuelven despreciable. Eso es lo que han hecho. Y no debiéramos permitir que esto siga sucediendo. Y quienes promueven esos odios –ya de manera refinada o descarada–, todos son unos corruptos que no merecen credibilidad alguna. En cambio, el amor solidario ha sido la gran herramienta humana que construye personas, comunidades e instituciones con futuro. ¿Por qué no atreverse a esta innovación en la política?