EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

El paradigma político femenino 

Jorge Camacho Peñaloza

Febrero 17, 2017

Conserva celosamente tu derecho a reflexionar, porque incluso el hecho de pensar erróneamente es mejor que no pensar en absoluto. Hipatía de Alejandría.

He insistido en el tema de la necesaria participación de la mujer en la política no porque esté descubriendo el hilo negro o porque sea una necedad mía o parte de mis proyectos políticos personales, sino porque está demostrado en una amplia literatura y estudios históricos y sociológicos, que una mayor participación de la mujer en la vida económica, política y social de los pueblos aumenta exponencialmente el desarrollo y lo que conlleva en términos de justicia, bienestar e igualdad, situación que se da en los países más desarrollados.
Es cuestión de paradigmas y construcciones culturales milenarias lo que ha hecho socialmente diferente al hombre y la mujer, sus diferencias no vienen de la sexualidad, sino de roles socialmente inventados, relaciones de poder entre hombres y mujeres, costumbres y mitos que han dado sustento a colocar a la mujer en desventaja en las estructuras institucionales, económicas, políticas y sociales, en las que el hombre ha obtenido ventaja colocándose cómo género predominante, sin embargo, el predominio del hombre en la dirección de la sociedad y la escasa participación de la mujer ha sido quizás una de las razones del lento desarrollo de la humanidad en sus primeras épocas, sobretodo en la medieval u obscurantista.
Socialmente los paradigmas de lo femenino han construido generalmente un rol e imagen de la mujer como dependiente, sometida, limitada y pasiva, tanto en la religión como en las estructuras familiares, políticas y del poder, de hecho, en la misma cuna de la democracia griega la mujer no fue considerada como ciudadana, la democracia griega nació no cómo una solución al problema de la igualdad sino de ejercicio del poder.
Las sociedades se han desarrollado a partir del paradigma masculino en el que imperan los criterios de la dominación, la fuerza, la superioridad, la exclusividad,  bajo los cuales se ha determinado la distribución de los valores como el conocimiento, el trabajo, el poder, la riqueza, las atribuciones, las responsabilidades, obligaciones, dejando a la mujer siempre en un plano de desventaja e inferioridad, lo que se ha traducido en sociedades desiguales, con injusticias, con conocimientos, educación y capacidades limitadas, con mano de obra desaprovechada y valores sociales que han privilegiado al hombre, un paradigma que está en el centro de las causas de muchos de los problemas actuales de nuestras sociedades sobretodo de países como el nuestro y que ya no da para solucionar muchos de esos problemas, por lo que se requiere un cambio de paradigmas que se acerque o ubique a la mujer como agente principal de la organización y dirección de la sociedad.
En nuestro país la mujer ha ido poco a poco superando esas estructuras que la colocan en desventaja frente a los hombres, en la misma Constitución de 1917 no se contempló su derecho a votar y ser votada, fue hasta 1952 cuando se aprobó ese derecho en las leyes mexicanas, y de ahí ha ido ganando importantes espacios en todas las estructuras familiares, políticas, económicas y sociales hasta convertirse en verdaderas jefas de familia, presidentas municipales, gerentes de importantes empresas, juezas, magistradas, gobernadoras, faltando convertirse en presidentas de la República, como ya ocurre en muchos países del mundo.
En 1960 a propuesta por la dramaturga y escritora Maruxa Vilalta, se instauró el 15 de febrero como fecha cívica oficial del Día de la Mujer en México, con la finalidad de recordar y crear conciencia en la población –tanto femenina como masculina–, sobre la importancia de la igualdad de género y el papel fundamental de las mujeres en la vida de las familias mexicanas y de todo el país.
Estoy convencido de que hace falta del talento, sensibilidad y creatividad propia de la mujer en la política y conducción de las instituciones del gobierno de la sociedad, porque se traducirá en más honestidad, eficiencia y equidad social entre los estados y sectores del país, vería a Guerrero más apoyado por el gobierno federal, una educación básica y superior con mayores recursos en donde tenemos que apostar por nuestro desarrollo, comunidades indígenas más atendidas para lograr superar sus carencias, políticas públicas innovadoras, mayor acceso de la ciudadanía a la evaluación del desempeño de los tres poderes públicos  y una sociedad en general más igualitaria.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A la paisanada que ya le cambien la tonada de siempre llevar al bloqueo sus protestas desesperadas, que para eso están las burocracias preparadas y bien pagadas para a sus demandas dar respuestas acertadas.