EL-SUR

Jueves 18 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

El presidente de todos los mexicanos

Arturo Martínez Núñez

Julio 14, 2020

La semana que concluyó estuvo marcada por la visita del jefe del Estado mexicano, Andrés Manuel López Obrador a Washington, donde tuvo una intensa jornada de trabajo en compañía de su homólogo estadunidense Donald Trump.
Todos aquellos internacionalistas, expertos, tuiteros y enemigos de la Cuarta Transformación que auguraban un fracaso en la visita internacional de López Obrador, se quedaron esperando, porque la visita resultó ser todo un éxito. Hacía muchos sexenios que un presidente de los Estados Unidos Mexicanos no se mostraba con tanta dignidad, gallardía, señorío y gravitas. Andrés Manuel, con su estilo que a veces pudiera parecer antiguo, pero que en realidad está sustentado en los miles de años de la cultura mexicana, demostró que la mejor manera de enfrentar a un enemigo vulgar, agresivo, buleador y grosero, es precisamente con la dignidad por delante.
Andrés Manuel logró que Donald Trump se comportara, a diferencia de lo que suele hacer, como un jefe de Estado amable y respetuoso e incluso en algunos momentos obsequioso.
López Obrador es un maestro en el manejo de los símbolos. Y simbólico fue que viajara a Washington en línea comercial, en clase turista, en un vuelo que tuvo que hacer una escala en Atlanta para poder tomar otro avión hasta su destino final; se hospedó, no en un hotel de lujo, ni en la casa que suele poner el gobierno estadunidense al servicio de sus invitados, sino en la residencia de la embajadora de México ante los Estados Unidos; demostró que para viajar por el mundo con dignidad representando al Estado mexicano, no es necesario hacerlo derrochando millones de pesos para dar una imagen falsa de un país que gobernaban payasos que se sentían faraones, que se comportaban como faraones, que vivían como faraones, que viajaban como faraones, y que gastaban como faraones, mientras la mayoría del pueblo sufría de carencias y vive al día. La fuerza de Andrés Manuel dimana no solo de la legalidad que le concedió el voto popular, sino de la legitimidad que se gana todos los días actuando como espera la mayoría del pueblo de México que lo haga: con dignidad, con austeridad, con cercanía, con humildad y sin soberbia.
No es gastando millones de pesos ni haciendo desplantes y derroches millonarios como se logra la estatura. Andrés Manuel como muchos de los mexicanos, es gran admirador del presidente Benito Juárez García; entiende que la dignidad y la legalidad se llevan incluso si es a lomo de caballo cruzando un desierto y andando a salto de mata, como los años en que Juárez llevó la Presidencia de la República acompañado tan solo de un puñado de colaboradores, tiempo durante el cual Juárez jamás se quitó la levita negra, ni siquiera en medio del desierto ni bajo ninguna circunstancia, porque sabía que no estaba representando a Benito Juárez sino al Estado mexicano, a la República que pretendía ser sustituida por un imperio invasor.
Y eso significa tener dignidad, tener la humildad que tienen los pueblos originarios, tener la entereza que tienen los que menos tienen, la resiliencia que tienen los olvidados. Andrés Manuel entiende que al pueblo de México podrán pisotearlo, podrán insultarlo, podrán agredirlo e incluso invadirlo pero jamás lograrán dominarlo, y nunca ningún tirano, ningún agresivo hablador, como lo es el presidente Trump, podrá contra la fuerza moral de un pueblo que ha vencido en el campo de batalla a los mayores ejércitos de su tiempo y lo ha hecho no por ser más fuerte ni por tener mayores elementos o recursos, el pueblo de México siempre ha vencido a partir de la resistencia, a partir de la dignidad, y a partir del poder que da el respaldo de millones de mexicanos, que como Zapata dijo, prefieren morir de pie, que vivir de rodillas.
Andrés Manuel rindió homenaje a Lincoln, el gran libertario americano y a Benito Juárez, ese gigante que apenas sobrepasaba el metro y medio de estatura, pero cuya altura se medía desde la cabeza hasta el cielo. Ante Trump, hablando en español y no en el idioma del imperio, logró lo que parecía imposible, doblegar al presidente del país más poderoso del mundo.
Andrés Manuel nos llenó de orgullo como mexicanos y les demostró a los críticos que mientras su legitimidad dimane del apoyo popular, poco podrán hacer aquellos golpistas que quisieran volver al régimen de corrupción, de privilegios, y en donde solamente un grupo de afortunados y de cómplices amafiados tenían todo en detrimento de la mayoría del pueblo que nunca tuvo nada, hoy las cosas han cambiado, y México nunca volverá al camino por el que nos pretendían llevar los neoliberales y neoporfiristas.
La 4T llegó para quedarse y solo el pueblo habrá de decidir cuándo y cómo terminará la hegemonía y el tiempo de la cuarta transformación nacional que apenas comienza.

@ArturoMN