EL-SUR

Sábado 13 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

El primer año de (des) gobierno de Jair Bolsonaro

Gaspard Estrada

Diciembre 26, 2019

El año político en América Latina estuvo marcado por la llegada al poder de nuevos presidentes, en particular en México, Argentina y Brasil. Sin embargo, este último país ha venido concentrando la atención pública de la prensa internacional, ante las múltiples provocaciones, los exabruptos y las decisiones del presidente de Brasil, que está poniendo en peligro la democracia y las instituciones de ese país. Paradójicamente, en un momento en el cual se celebran cuarenta años del inicio de los procesos de transición política en la región, es por la vía electoral que proyectos autoritarios como el que encarna Jair Bolsonaro han logrado regresar al poder.
En efecto, de ser un modelo de la transición política latinoamericana, Brasil ha pasado a convertirse en un ejemplo de lo que no debe suceder en la región. Hasta hace poco menos de diez años, este país era catalogado como uno de los países democráticos más vibrantes del mundo emergente: se trataba de una nación que crecía económicamente, al tiempo que disminuía las desigualdades sociales, territoriales y regionales, y se proyectaba como un líder en el escenario internacional. Hoy parecería una herejía, dado el contexto actual, pero durante el final del gobierno de Lula, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, había pedido a su contraparte brasileña intermediar con el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad en Irán para obtener el fin del programa nuclear militar de ese país. Ese pedido de mediación da muestra de la capacidad de articulación política de ese país bajo los gobiernos del ex presidente Lula.
Las cosas comenzaron a degradarse cuando este último logró hacer elegir, en 2010, como su sucesor en la presidencia de la República a Dilma Rousseff, y dos años más tarde a Fernando Haddad como alcalde de São Paulo. Si bien las manifestaciones de junio de 2013, que desembocaron en una radicalización de la clase media y media alta en contra del Partido de los Trabajadores, no permitieron que la elección presidencial de 2014 se termine en la elección del rival de Dilma Rousseff, el ex gobernador del estado de Minas Gerais Aécio Neves, a la presidencia, sí desencadenó una polarización política que se multiplicaría en los años siguientes. Esta voluntad de diseminar el desprecio al debate de ideas, el odio como expresión política y el resentimiento social, llevada al extremo por buena parte de los simpatizantes del entonces candidato Jair Bolsonaro, se volverá el sello de la acción gubernamental del actual presidente de ese país.
Desde su toma de posesión, el primero de enero, Bolsonaro se dedicó a hostigar a sus adversarios, en particular a la izquierda. Por otro lado, dejó claro que intentaría ponerle fin al espíritu de la Constitución de 1988, que da al Estado brasileño amplias facultades para diseñar e implementar políticas públicas. En Brasil existía hasta 2018 un cierto consenso sobre el rol del Estado en el desarrollo del país, ya sea en el campo de la salud, con la existencia de un seguro social muy desarrollado (el sistema único de salud, SUS), o bien en el seno del sector bancario, gracias a la presencia de un sector público sólido, fundamental para apuntalar el crecimiento del país. Para Bolsonaro este consenso llegó a su fin. Para ello, nombró a Paulo Guedes, un ideólogo neoliberal, como ministro de economía, para destruir el estado providencial a la brasileña. Desde entonces, y durante todo el año, el gobierno de Bolsonaro se ha empleado en vender activos públicos, fragilizar a las instituciones del Estado, e intervenir en las políticas públicas para desaparecer el legado de inclusión económica y social de Lula y del PT. Con algunos resultados, ante la fragilidad de la oposición de ese país. Ahora bien, la reciente liberación de su máximo líder, Lula, y la rearticulación de las fuerzas progresistas a su alrededor, hace posible vislumbrar una evolución de esta situación en 2020, fecha de las elecciones municipales en Brasil. Esperemos que así sea, por el bien de Brasil y de América Latina.

Twitter: @Gaspard_Estrada

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París