EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

El recurso fácil y cómodo de la fuerza

Jesús Mendoza Zaragoza

Diciembre 07, 2015

Una parte indispensable del paisaje mexicano es la presencia de policías y de militares. Los encontramos en las calles y en los espacios públicos a toda hora. Sobre todo en las ciudades, no así en los rincones aislados de la sierra guerrerense, los que han sido arrebatados por los cárteles de la droga. Y no son sólo parte del paisaje, sino de la vida misma, de las dinámicas políticas y sociales. Pareciera que son ya imprescindibles para todo, hasta para que funcione el sistema educativo.
En días pasados, llegaron 6 mil policías federales a Acapulco para hacerse cargo de la seguridad durante la evaluación aplicada al magisterio. Otro tanto sucedió en Oaxaca para un evento semejante. Desde octubre del año 2011, llegaron militares y policías a Guerrero respondiendo a una crisis de seguridad que aún no concluye. Tal parece que no hay otra forma de resolver las situaciones de crisis que se presentan en México, más que con la fuerza con sus protagonistas principales, policías y militares.
No es que no sea necesaria la fuerza pública como recurso de disuasión y de contención, sino que ha resultado el recurso más fácil y cómodo que las autoridades han utilizado para resolver problemas y crisis. Y esto significa que las instituciones del Estado se sustentan más en la fuerza que en la ley, más en la violencia institucional que en la razón. Me parece grave que la política, como herramienta para gobernar y para resolver estas situaciones de crisis, quede marginada para poner en primer plano a la fuerza pública. Esto refleja una opción por el autoritarismo como forma de gobernar.
En el caso de la estrategia gubernamental contra la delincuencia organizada, se refleja que no ha habido la responsabilidad necesaria para afrontar esta crisis tan compleja y multifactorial, pues prevalece en ella la perspectiva policiaca y represiva. Se hacen acciones espectaculares y costosas pero nada eficaces. La movilización de las fuerzas militares y policiacas ha sido la parte medular de la respuesta gubernamental ante la violencia y la inseguridad. Y después de años de esta estrategia, sencillamente no ha dado los resultados esperados.
Esto significa que la política ha fracasado en su responsabilidad de dar seguridad al país, a la sociedad y a los ciudadanos. Y ha fallado porque ha reducido el problema a una de sus facetas, la policiaca, y ha evadido las demás, como la económica y la social. No se han tocado los factores económicos y políticos de la violencia y lo más cómodo ha sido continuar con una gran simulación. Y para mantener esta simulación se ha utilizado la fuerza pública, porque ha sido lo más cómodo pero lo menos eficaz.
Por otro lado, el intento de imponer las reglas de la así llamada reforma educativa, contando con el respaldo de la fuerza pública, es otra iniciativa condenada al fracaso. Con la fuerza pública se puede contener temporalmente una inconformidad pero no se puede resolver. Las soluciones de fondo para este asunto se siguen aplazando y requieren de un tratamiento político. Para esto es la política. ¿O es que nuestros políticos son incompetentes? No muestran la habilidad necesaria para canalizar las inconformidades de manera pacífica y civilizada y, por ello, tienen que suplir esta deficiencia con el recurso a la fuerza pública. O es que la política está distraída en asuntos que nada tienen que ver con el bien público.
Privilegiar la fuerza no asegura las soluciones de fondo a los problemas del país. La fuerza es necesaria, como último recurso, para asegurar el bien público y la seguridad ciudadana. Pero no puede ser la manera ordinaria de afrontar las situaciones de conflicto o de crisis. Para eso están la palabra, la escucha, el diálogo, la negociación, la razón, la inteligencia, las que son herramientas valiosas que no han sido explotadas en la política. Pero, tomar estas herramientas implica honestidad, transparencia, lucidez y una opción por el bien común. Esto es lo que está haciendo falta. La política descobijada de estas características y atada a intereses espurios, a corruptelas, a privilegios oscuros no tiene capacidad para el diálogo franco y abierto.
Otra forma de hacer política se hace necesaria para llegar a soluciones que satisfagan a la sociedad. Otra forma de hacer política se requiere para no optar por la fuerza como la vía ordinaria al afrontar situaciones de crisis. ¿Estará nuestra clase política dispuesta a ello? ¿O sigue fascinada por el uso de la fuerza, más que del uso de la razón?