Octavio Klimek Alcaraz
Agosto 02, 2025
Recientemente fue publicado un artículo sobre el redescubrimiento del denominado conejo de Omiltemi (Sylvilagus insonus). Dada la relevancia del tema para la conservación de la naturaleza en Guerrero, me permito hacer una reseña con base en el texto de dicho artículo publicado en este mes de julio en la Revista Mexicana de Mastozoología (https://www.revmexmastozoologia.unam.mx/ojs/index.php/rmm/article/view/433/509?fbclid=IwY2xjawL57vNleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFORHlnTW9nb0JJUzNPemJTAR4pye0M-fHqPGlTRo9e0RWvcRfOfTj2cqKkbRzeosd0D4bBPVmdu4ekBLtEYg_aem_7vfY7FAi4NwpIiT5UegxSg).
El artículo lo encabeza Fernando Ruiz-Gutiérrez, junto con Cuauhtémoc Chávez, Rubí Torres-Bernal, Gricell Villegas-Quintana y Gerardo Ceballos. El doctor Fernando Ruiz es un reconocido especialista en vida silvestre de Guerrero, que proviene junto con Torres y Villegas de Wild Felids Conservation, A.C. con sede en la entidad, así como de Chávez de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Lerma y Ceballos del Instituto de Ecología de la UNAM.
Los conejos, las liebres y las picas son mamíferos (animales que tienen pelo y se alimentan de leche al nacer), y que se agrupan en el orden Lagomorpha, (lagus = conejo, morpha = forma; forma de conejo). Los conejos y las liebres se encuentran ampliamente representados en el planeta, ya sea como especies nativas o introducidas, mientras que las picas se presentan en especial en Europa, Asia y algunas partes del Norte de América.
Los lagomorfos tienen el hábito de alimentarse de hierbas, pastos y arbustos, son herbívoros. Además, se distinguen por su locomoción, ya que son corredores y saltadores sumamente rápidos.
México se distingue por ser el país del continente americano con la mayor diversidad de especies de lagomorfos. El país registra quince especies de conejos y liebres. Diez especies son conejos, de estas, nueve son del género denominado Sylvilagus y una del género Romerolagus. Las cinco especies de liebres pertenecen al género Lepus.
Siete de las especies de conejos y liebres son exclusivas o endémicas de México (cinco especies de conejos y dos de liebres). Además, otra especie de liebre (Lepus callotis) es casi endémica de México, ya que su distribución es en la frontera de Nuevo México.
Una de las cinco especies de conejos endémicas es el conejo de Omiltemi. Este fue escrito como endémico o restringido en su distribución originalmente al área de Omiltemi, a unos 30 kilómetros al noroeste de Chilpancingo, Guerrero. Su nombre común “de Omiltemi” es debido a que el ejemplar tipo fue capturado el 20 de mayo de 1903 en esa localidad. Quien lo describe por primera vez es Edward Nelson en 1904, el gran naturalista y colector americano de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, que exploró, desde 1892, durante 14 años el país en sus rincones más recónditos, acompañado por su asistente Edward A. Goldman, por encargo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos de América. Ellos colectaron miles de ejemplares de especies de la vida silvestre en México, culminando con la descripción de alrededor 353 especies y subespecies de vertebrados del país, principalmente mamíferos y aves.
En lo particular, la primera descripción del conejo de Omiltemi, la conocí en un bello libro titulado Historia natural del parque ecológico estatal de Omiltemi, Chilpancingo, Guerrero, México”. Lo publicó en 1993, la Facultad de Ciencias de la UNAM. Sus editores son dos investigadores de dicha Facultad, Isolda Luna y Jorge Llorente.
En el libro se cita la descripción del conejo de Omiltemi hecha por Nelson en 1904, la cito: “Conejo más pequeño que Sylvilagus cunicularius. El pelo es oscuro y por arriba y atrás de la cabeza es de color ante ocráceo oscuro, aproximándose a ocre amarillento, las mejillas, los lados del cuerpo y las ancas son ligeramente pálidas y más gris que negro. Los lados de la nariz y el área de los ojos son ante grisáceo. La parte superior de la cola es café rojizo y la inferior ante café. El resto de las partes inferiores es blanca azulada en la base del pelo. El frente y los lados de las patas anteriores y de los hombros es amarillo ocráceo. Sus medidas externas son: longitud total: 435 mm; cola: 42.5 mm; pata trasera: 92.5 mm; oreja: 65 mm.
Sylvilagus insonus es simpátrico o coexiste en el mismo hábitat con el conejo Sylvilagus cunicularis, pero es de menor tamaño. S. cunicularis es un conejo endémico de México, pero con una amplia distribución en el Centro y áreas de la costa del Pacifico de México.
De su distribución Nelson señalaba que el conejo de Omiltemi, se encuentra en bosques densos (probablemente bosque mesófilo) en áreas que van desde 2 mil 133 a 3 mil 48 msnm. Comenta, además, que sus hábitos son probablemente nocturnos.
Para Guerrero, al ser una especie endémica a la entidad nos da una gran responsabilidad su conservación. Sin embargo, desde la determinación por Nelson como una nueva especie de conejo en 1904, pasó casi un siglo para volver a tener referencias científicas de su existencia. De hecho, en diversos momentos, se pensó que el conejo de Omiltemi se había extinguido o estaba a punto de extinguirse. Lo anterior debido al franco deterioro de los bosques de Omiltemi, así como la cacería indiscriminada.
Entiendo, que ya en este siglo XXI se encontraron huellas de la presencia del conejo de Omiltemi en áreas de la Sierra Madre del Sur, como la Sierra de Atoyac y la de Tecpan. Al respecto, tengo en mi mente las referencias de capturas de ejemplares de otro equipo de investigadores guerrerenses encabezados por el maestro José Alberto Almazán Catalán. En el 2004, investigadores de la UNAM publicaron un artículo, The Omiltemi rabbit is not extinct comunicando que se habían encontrado dos ejemplares (F. A. Cervantes et al. en Mammalian Biology, 69: 61-64).
El trabajo del doctor Fernando Ruiz y colaboradores obtiene a través de la tecnología de fototrampeo de entre los años 2009 y 2024 información valiosa sobre la distribución del conejo de Omiltemi. En especial “precisa que la especie no está extinta y amplían de manera importante la distribución de la especie”. En su artículo señalan 311 registros en 44 estaciones del fototrampeo del conejo de Omiltemi distribuidos en cinco municipios: Ajuchitlán del Progreso, Atoyac de Álvarez, Coyuca de Benítez, Chilpancingo de los Bravo y Tecpan de Galeana. Señalan que el área de distribución abarca aproximadamente 542 Km2 restringida a partes medias y altas de la Sierra Madre del Sur, entre los mil 136 hasta los 2 mil 501 msnm.
Respecto al hábitat se registró el conejo de Omiltemi en 39 localidades con bosque de pino-encino y solo en cinco con bosque mesófilo de montaña. El conejo de Omiltemi tiene además un patrón nocturno de actividad.
Estos datos contrastan con los que originalmente se referenciaban para el conejo de Omiltemi, ya que donde se le determina, Omiltemi se encontraba en esas épocas cubierto de manera predominante por bosque mesófilo de montaña, en altitudes de mínimo 2 mil msnm.
En el artículo no deja de manifestarse la preocupación por la conservación a futuro de la especie. Se manifiesta, en especial la propuesta de fortalecer a través de las áreas naturales protegidas la conservación del conejo de Omiltemi. Al respecto, no dejaría de insistir en proteger el área original donde se determinó al conejo de Omiltemi, que a más de 100 años de su determinación sigue sin una forma eficaz de ser protegida, manteniéndose las 4 mil hectáreas de Omiltemi donadas al gobierno estatal por sus dueños originales, como una tierra de nadie. Esto es paradójicamente el propio Omiltemi. Nadie asume su responsabilidad, ni la federación, ni el estado, ni el municipio.
Pese a ello, este tipo de artículos da esperanza de que, en Guerrero, el país y el planeta es posible tener buenas noticias sobre la conservación de la biodiversidad. Seguramente hay mucho trabajo a futuro para conocer más sobre el estado de las poblaciones del conejo de Omiltemi y su ciclo de vida, el papel que desempeña en los ecosistemas que habita, en fin, mucho trabajo por delante. Felicidades a todo este equipo de investigadores por este logro.