Gaspard Estrada
Enero 15, 2025
Como era de esperarse, Donald Trump vuelve a apostar en su estrategia de desestabilización en el plano internacional. Incluso antes de iniciar su segundo mandato el 20 de enero, el presidente electo de Estados Unidos amenaza a países con aranceles, sanciones y el uso de la fuerza militar para anexar parte de sus territorios. Pensamos en particular en sus recientes declaraciones sobre Panamá, Canadá, Dinamarca e Islandia. No obstante, es poco probable que Trump envíe soldados a estos países: su plan es intimidar y desestabilizar a sus interlocutores hasta el punto de que hagan concesiones significativas en las negociaciones con Washington.
Como ya ha hecho en el pasado, Trump se presenta como impredecible y capaz de cualquier cosa. Durante un discurso sobre política exterior en la campaña de 2016, dijo la frase siguiente: “Necesitamos, como nación, ser más impredecibles”. Como presidente, dio instrucciones a Robert Lighthizer, su entonces representante comercial, para que le llamara “loco” en las negociaciones con otros países. La llamada “teoría del loco” sugiere que un líder que se comporta como si pudiera hacer cualquier cosa tiene más probabilidades de convencer a otros actores globales de que cedan en cuestiones en las que normalmente no lo harían.
Este enfoque es extremadamente popular dentro de la base electoral de Trump, y es probable que, especialmente al principio de su mandato, este último pueda celebrar varios éxitos en política exterior.
Un país como Panamá, por ejemplo, muy expuesto a Estados Unidos y con poco margen de maniobra diplomática, podría incluso ofrecer descuentos a los barcos que pasen por el Canal de Panamá. También podría permitir que Washington tenga un papel en el proceso de reforma del Canal, que ha venido sufriendo una pérdida de su capacidad operativa a causa del cambio climático.
Esta estrategia podría llevarse a cabo con México y Canadá. Trump sabe que ambos son extremadamente dependientes de Washington, por lo que no tienen a dónde huir. En el caso de México, estos ataques verbales han provocado una reacción de la Presidenta Claudia Sheinbaum, así como la multiplicación de decomisos de mercancía de origen chino por parte de la secretaría de economía, a cargo de Marcelo Ebrard. Sin embargo, es previsible que dentro de unas semanas la tensión entre los dos países aumente, tras la posible expulsión de miles de migrantes indocumentados provenientes de diversos países latinoamericanos. En el caso de Canadá, las bravatas de Donald Trump ya provocaron la caída del primer ministro de ese país, Justin Trudeau, tras una década en el poder. Es de esperar que la nueva administración estadunidense multiplique actos unilaterales en materia comercial, para forzar a las autoridades canadienses a dar concesiones económicas.
Otros países aliados harán concesiones simbólicas, conscientes de que el presidente estadunidense prioriza la apariencia de éxito sobre los resultados concretos, lo que limita su eficacia. Por ejemplo, la iniciativa de negociar con Corea del Norte y sus reuniones con Kim Jong Un en 2018 y 2019 garantizaron visibilidad global al presidente norteamericano. pero al final, el gran ganador fue el líder norcoreano, que ganó prestigio y legitimidad sin hacer ninguna concesión relevante al entonces presidente estadunidense.
De hecho, a medio y largo plazo, es probable que el enfoque de Trump reduzca la influencia de Estados Unidos en el mundo y dificulte la preservación de sus alianzas, un elemento clave de su influencia global. Esto se debe a que no tiene en cuenta dos elementos esenciales en cualquier alianza duradera en las relaciones internacionales: la fiabilidad y la previsibilidad. La OTAN es un ejemplo de ello: sin fiabilidad mutua, su cláusula de defensa colectiva, consagrada en el famoso Artículo 5, no vale ni el papel en el que está escrita. En este sentido, el futuro de esta alianza militar estará en el centro del debate público en las próximas semanas.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics.
X: @Gaspard_Estrada