Silvestre Pacheco León
Agosto 04, 2025
Algunos estudiosos interesados en profundizar el conocimiento sobre el involucramiento de los jóvenes con los cárteles criminales, explican que más que la pobreza, es la falta del sentido de pertenencia que padecen en sus comunidades y en sus familias lo que les lleva a establecer esa nefasta relación.
Señalan que no es la pobreza y la vulnerabilidad social en la que vive la mayoría de las familias mexicanas lo que facilita el paso de la juventud a la delincuencia, y que son los cárteles quienes otorgan el buscado sentido de comunidad que la juventud encuentra perdida en la comunidad de la que proceden.
Si eso es cierto, significa que los programas de la 4T dirigidos a rescatar a los jóvenes de las garras de los cárteles, están incompletos a pesar de su propuesta de ir hasta la raíz de los problemas.
Si no son suficientes las becas, los programas culturales ni los apoyos económicos y sociales para corregir los disfuncionales hogares donde viven las víctimas, lo que se necesita es una intervención más eficaz y enérgica para separarlos de las garras de los malos. Hay en el país un ejército de jóvenes que han aprendido a matar sin miramientos ni remordimientos, como dicen los especialistas que pasa entre quienes después de su primera experiencia homicida normalizan el hecho y hasta lo justifican, teniendo a su lado a quienes se los reconocen y premian.
En esta disputa por el futuro de la juventud mexicana entre el Estado y La Maña quizá se deba ver como una expresión del avance que tiene su rescate el hecho de que los cárteles ya contratan a miembros de ejércitos extranjeros que han aparecido en los estados de Guerrero y Michoacán, seguramente porque aquí esa materia prima comienza a escasear, aunque eso cause malestar en las filas de la oposición que ahora unidos niegan, para el caso de Acapulco, que las balaceras contra las comandancias de la Policía Ministerial sea la respuesta del crimen organizado que ha entrado en pánico ante la acometida en su contra por las fuerzas de seguridad que les combaten.
Sin embargo, lo dramático es que tiene mucho tiempo el alejamiento de los jóvenes del resto de la familia. Sucedió como efecto del propio desarrollo del capital cuyo momento fue entendido como un avance en la liberación femenina que lanzó a las mujeres fuera del hogar para engrosar las filas de los asalariados.
Esa sí fue una necesidad económica para que el gasto alcanzara, lo que obligó a las familias a dejar solos a los hijos con bastante tiempo para que buscaran por sus propios medios ese calor y cercanía que el hogar les quitó. Ese fue el momento de la ruptura del tejido social del que ahora tanto se habla, sin dar con el hilo de su reconstrucción cuando ya chocamos con el otro problema de las redes sociales que aún cuando no hemos aprendido a cabalidad su manejo, su popularidad hace indispensable la adquisición de los teléfonos celulares donde los futuros jóvenes se entretienen y aprenden a manejar desde pequeños esos aparatos que los hacen tan dependientes que son capaces de cualquier cosa para tenerlos.
No olvidemos que las organizaciones criminales tienen ahora métodos tan sofisticados par engatusar a los jóvenes a partir de una campaña bien orquestada de valores que exaltan los bienes materiales, como si esa fuera la fuente de la felicidad. Toda la moda y lo que promueven está ligada a las campañas de los otros cárteles, de los legales, convertidos en empresas trasnacionales, las cuales se han adueñado hasta de nuestros gustos por la comida chatarra y la repulsión contra los alimentos sanos y nutritivos presentados como los da la naturaleza.
Así la música de moda, la ropa de marca y los accesorios para vestir, la troca, la moto, y el consumo de alcohol y droga junto con las distracciones, son parte esencial del funcionamiento del capital y de las empresas trasnacionales, dueñas de los medios de comunicación masiva y de los artistas que patrocinan.
Por eso ningún cártel es bueno, y todos operan del modo capitalista bajo el principio de la rentabilidad. Los asesinatos y la guerra entre ellos son parte de su naturaleza como también resultan los llamados daños colaterales.
De allí el peligro cuando esas organizaciones criminales se mezclan con los partidos y los gobiernos porque son los malos quienes con el control de la ley y los recursos que da el poder pasan a controlar toda la vida social, y por eso también se debe evitar que la iglesia católica pretenda erigirse como salvadora en el drama que nos ocupa, porque está involucrada hasta el cuello con La Maña como para venir a dar soluciones.
Pero ¿cuál es la realidad actual de Guerrero? El Inegi reporta que seguimos encabezando el segundo lugar con el ingreso familiar más bajo apenas después de Chiapas; siendo el promedio nacional de ingreso trimestral de las familias mexicanas de 77 mil 864 pesos, nuestro estado registra un ingreso promedio trimestral de 48 mil 548 pesos frente a 41 mil 084 pesos de Chiapas.
Como lo han dicho los economistas de la UAG, esto se debe a la llamada terciarización de la economía guerrerense, donde todo mundo está supeditado al turismo con negocios que no salen de la informalidad, y tampoco están en bonanza porque se registra una baja histórica del 1.21 en el nivel de consumo del turismo nacional, según reporta el mismo organismo.
Y para seguir en el recuento de la situación en el estado, aparte del reporte de muertos que ha dado material de sobra para que desde la oposición se critique como ineficaz a la estrategia de seguridad en Acapulco, somos el tercer lugar de los receptores del mayor número de inmigrantes expulsados de Estados Unidos con 4 mil 282 paisanos.
Pero como consuelo, si se quiere, podemos agregar como dato curioso que mientras a nivel federal hubo una reducción en el envío de remesas de nuestros paisanos migrantes que tuvo una caída del 16 por ciento, en Guerrero fue lo contrario porque dichas remesas vivieron un incremento de 4.5 por ciento en el primer semestre del año pasando de 583.2 millones de dólares que recibía a mil 655, que resulta ser el más alto en la historia de Guerrero.
Agreguemos a esto que en nuestro estado contamos con una clase política de primera, que no se amilana ante los riesgos con La Maña porque le sobran personas con tal sentido de pertenencia que están dispuestas a sacrificarse corriendo toda clase de riesgos para mostrar, si el voto los favorece, que tienen sobrado conocimiento de la problemática que vive Guerrero y que como gobierno, se habrán de enfrentar con el clima de violencia e inseguridad buscando soluciones.