EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

El Sinaloa que AMLO y Quirino no quisieron ver

Silber Meza

Agosto 08, 2020

El presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a Sinaloa con la tranquilidad que transmite el que se sabe bienvenido. Es un estado donde tiene alta popularidad y lo dirige un gobernador que se desvive en elogios cada que lo ve. Quirino Ordaz Coppel es priista, pero lo trata mucho mejor que otros gobernadores de oposición, incluso mejor que el morenista Jaime Bonilla, de Baja California, por ejemplo.
En la conferencia mañanera del 5 de agosto, Ordaz Coppel le dijo a López Obrador: “Son tiempos que tenemos que fortalecer mucho la unidad, de estar muy de la mano todos en torno a usted, presidente. Estando usted como está, fuerte, a todos nos va muy bien”. López Obrador también le mandó un mensaje de respaldo: “Agradecemos mucho por el apoyo del gobernador Quirino Ordaz, no tenemos ninguna diferencia, no hay pleitos: sumamos esfuerzos, voluntades, recursos”.
Y bueno, los ciudadanos podemos creer que esta armonía entre los gobiernos federal y estatal será de beneficio para la población, pero en esta ocasión parece que la amistad sirvió para que ninguno de los dos se sintiera incómodo, para que ninguno de los dos volteara a ver los problemas que tenemos, y que la visita se convirtiera en un día de campo, como si entre ellos existiera una especie de pacto de silencio.
En sus discursos listaron lo bien que le va a México, lo bien que le va a Sinaloa. Debo decir que me gustaría ser tan optimista como ambos mandatarios, pero la realidad es tan terca que se atraviesa por donde uno va.
Hablaron de la baja de homicidios en Sinaloa, y que nos hallamos en el lugar 26 de incidencia delictiva, pero se les olvidó que mientras los homicidios disminuyen los desaparecidos aumentan. El estado ocupa el segundo lugar en mayor número de fosas clandestinas (151) en todo el país, y también el segundo lugar en cuerpos exhumados (253), según el último reporte de la Comisión Nacional de Búsqueda.
Esta tragedia ha desgarrado las vidas de miles de familias que no encuentran sosiego, mujeres en su mayoría que se han armado con palas para buscarlos con sus propios medios, ante el desdén sistémico e histórico de las autoridades.
AMLO y Quirino expusieron el gran esfuerzo que realizan para contener la pandemia de Covid-19, y su estrategia para reconvertir los hospitales con el objetivo bien logrado de que haya suficientes camas para los enfermos, pero se les olvidó mencionar que dolorosamente Sinaloa tiene más de 2 mil 340 decesos por el coronavirus y se halla a semanas, tal vez días, de llegar a los 2 mil 495 muertos y, por lo tanto, de alcanzar el “escenario catastrófico” definido así por la propia autoridad local en abril pasado.
Se enorgullecieron de que Sinaloa fuera el “granero de México”, pero se les olvidó reconocer que mantiene salarios tremendamente bajos.
Expusieron los apoyos para que el estado salga adelante en recuperación económica, pero no abordaron el derroche del erario que hace el gobierno de Quirino Ordaz en beneficio de particulares, como la construcción del estadio de futbol de Mazatlán, la remodelación de los estadios de beisbol en diversos municipios, o el ofensivo y frívolo gasto de publicidad oficial que rebasa los mil millones de pesos.
Presumieron los grandes beneficios de la coordinación en materia de seguridad, de los “tiros de precisión”, pero se olvidaron del narcotráfico, el lastre histórico de Sinaloa.
El tema se trató, acaso, de forma indirecta. Si López Obrador ha dicho que el gran problema de México es la corrupción, podemos asegurar que el gran problema de Sinaloa es el narcotráfico.
Por eso el hecho de que visite la entidad y no tengamos evidencia de que hayan abordado el principal azote que padecemos es casi un despropósito, una oportunidad perdida. Es verdad que tuvieron una reunión de seguridad por la mañana, pero no proporcionaron información que nos haga confiar en que se ha diseñado un plan antinarco.
Sinaloa, y en particular Culiacán, son sitios tomados por la criminalidad. Lo que vimos el 17 de octubre de 2019, en el culiacanazo, cuando la autoridad federal liberó a Ovidio Guzmán ante un despliegue de fuerza del crimen, es una muestra de la realidad que se vive día a día en el estado. El poderío del crimen organizado es descomunal.
Pero ni López Obrador ni Ordaz Coppel tuvieron interés en comentar el tema de manera directa. Ellos se dedicaron a los elogios mutuos, al fin los problemas reales pueden seguir esperando.