EL-SUR

Sábado 13 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

El tejido social, desgarrado

Abelardo Martín M.

Noviembre 21, 2018

El fenómeno de la violencia se parece mucho a una espiral sin fin que, además, arrasa todo lo que encuentra a su paso. Es como el fenómeno del bing-bang que a medida que se aleja del núcleo adquiere más fuerza y velocidad. Su poder es expansivo. En sentido contrario, la acción contra la violencia debe consistir más en inteligencia que en fuerza, capacidad muy escasa en las últimas administraciones de gobierno si se miden por los resultados obtenidos. Además, en las estrategias de seguridad, repetir los mismos métodos o sistemas, necesariamente, producirán los mismos resultados. Eso, ni duda cabe.
Sin embargo, se ha vuelto también una constante el creer que los antiguos métodos resultan buenos por el hecho de que sean encabezados por quienes ingresan, quienes toman los cargos públicos. La soberbia los invade muy rápidamente y la inteligencia se aleja más pronto de lo deseable.
Cuando la barbarie parece haber tocado fondo, un nuevo acontecimiento más absurdo nos demuestra que no hay tal; la violencia sin sentido se hace presente y no hay quien intente siquiera contener a los delincuentes que aparecen en cualquier lugar.
Así ha ocurrido con el ataque perpetrado el domingo por un convoy de hombres armados en contra de voluntarios de la Cruz Roja que distribuían apoyos asistenciales en la localidad de San Juan Tenería, en el municipio de Taxco; ahí murieron uno de los paramédicos y tres policías, y nueve personas resultaron heridas. Lejos están los tiempos en que nos decían que los criminales sólo se mataban entre ellos y que no había nada qué temer.
Días antes, en un episodio confuso, la irrupción de varios miles de policías comunitarios en el poblado Filo de Caballos y su enfrentamiento con un grupo delictivo asentado en la sierra produjo varios muertos, la suspensión de las actividades escolares y el éxodo de un millar y medio de habitantes de las comunidades de la zona, quienes acusan a las supuestas autodefensas de saquear y robar sus casas.
La acción mereció la descalificación del gobernador Héctor Astudillo que al respecto comentó: “Bueno, se llaman comunitarios. Son grupos civiles armados que responden a intereses, no precisamente de la generalidad de la población”.
Al momento de escribir estas líneas, los desplazados intentaban el retorno a sus hogares, escoltados por policías y soldados, pese a lo cual muchos se encontraban detenidos en una localidad de medio camino, y otros de plano retornaron a Chichihualco, adonde se habían refugiado, luego de ser intimidados con ráfagas de fuego durante su trayecto.
En medio de todo ello, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan nos descubre la terrible tragedia colectiva en esa región de Guerrero, donde en poblaciones de la comunidad me’phaa se han registrado en el lustro reciente una treintena de suicidios de jóvenes, la mayoría mujeres, por envenenamiento con herbicidas. Los investigadores incluso suponen que la cifra real puede ser mayor debido a un subregistro, ya que las autoridades encargadas de tomar conocimiento, podrían haber omitido en actas de defunción la circunstancia del suicidio.
Ante tantas noticias desalentadoras, de cuando en cuando alguna nota nos da motivos para la esperanza. Tal fue la celebración el fin de semana pasado de la Noche de las Estrellas, un ejercicio que lleva a la población la experiencia de la observación multitudinaria mediante telescopios del espacio sideral. Esta celebración se lleva a cabo desde hace una década en todo el país, y en esta ocasión incluyó el Zócalo de Chilpancingo, pero también las poblaciones de Pilcaya, Ixcateopan, Cocula y Palo Blanco, en el estado.
Y otras más, como la inauguración hace unos días del tramo de la Autopista Siglo XXI, que conecta a Puebla, Veracruz y Morelos con la Autopista del Sol, y el anuncio de un nuevo vuelo desde Guadalajara a Acapulco, con lo que se facilita el turismo desde esas zonas hacia el puerto, y se espera que se incremente más.
Ahora nada menos, al terminar el último de los fines de semana largos del año, el balance de la ocupación hotelera en el puerto y en otros lugares turísticos arroja muy buenos números. Pero el turismo finsemanero se va y regresará hasta la época de Año Nuevo, mientras que las noticias de violencia y criminalidad no se ve que se vayan a ir muy pronto. Han llegado para quedarse. Lamentablemente.
Ojalá que los anuncios en materia de seguridad federal, hechos por el próximo titular de esa dependencia, Alfonso Durazo, en el gobierno que encabezará el presidente Andrés Manuel López Obrador, remuevan métodos y procedimientos locales y comience una nueva etapa para el país, pero en especial para estados como Guerrero, que han sufrido más los embates de la ola de criminalidad y violencia que ha paralizado la economía y provocado un creciente deterioro en la gobernabilidad y en el tejido social que más que roto, esta despedazado. Rehacerlo requerirá un cambio de malos hábitos de gobierno, de humildad de los funcionarios para intentar otros caminos, mucha voluntad política, ejemplo de bien, honradez y honestidad, y mucho trabajo.