Gaspard Estrada
Septiembre 17, 2025
Tras la derrota de su partido en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires el 7 de septiembre por 13 puntos porcentuales frente a sus rivales peronistas, el agresivo presidente anarco-libertario parece haber entendido que la autocrítica es un mal necesario. Sin embargo, este gesto de apertura no se tradujo en buenas noticias para la alicaída economía argentina. Los inversionistas empezaron a vender los bonos argentinos y sus activos en pesos, lo que provocó una caída del 7 por ciento de la Bolsa, antes de que se recupere ligeramente.
Esto puede parecer demasiado dramático para unas elecciones intermedias en una legislatura subnacional. Sin embargo, muchos consideran que los resultados en la provincia de Buenos Aires, que abarca casi el 40 por ciento del electorado argentino, son un presagio de lo que puede ocurrir en las elecciones intermedias nacionales del 26 de octubre. Se esperaba que el partido de Milei ganara con una fuerte presencia, revitalizando su agresiva agenda de recortes de gastos y liberalización, que ha reducido drásticamente la inflación. Ahora, tanto los inversionistas como los argentinos se preguntan si esta derrota es el principio del fin para Milei y sus reformas, o si podrá recuperarse.
Probablemente, la principal razón de los malos resultados fue la supuesta corrupción. Milei ganó en 2023 atacando a la casta, la élite política, por corrupta. Sin embargo, días antes de las elecciones provinciales se filtraron unos mensajes de audio en los que el director de la agencia argentina para personas con discapacidad parecía hablar ¿ de sobornos de una empresa farmacéutica. Karina Milei, hermana del presidente y jefa de su gabinete, aparece como destinataria del 3 por ciento de una suma destinada a la compra de medicamentos. El presidente negó que hubiera habido ninguna irregularidad, pero su gobierno no abordó directamente las acusaciones, sino que culpó a una conspiración peronista.
Los errores de campaña agravaron la situación. Demasiado confiado, Milei sugirió abiertamente que las elecciones provinciales de mitad de mandato en un bastión peronista se considerarán un referéndum sobre su gobierno. Peor aún, Karina Milei, que vendía pasteles antes del ascenso de su hermano, dirigió la estrategia de campaña del gobierno y mostró poco interés en construir una amplia coalición (consiguió un acuerdo con el partido de centro-derecha PRO, pero luego lo dejó de lado). La participación fue baja. Gran parte de los votantes centristas que apoyaron a Milei en su victoria presidencial se quedaron en casa.
Lo más preocupante para el proyecto de Milei es la posibilidad de que haya perdido porque los votantes están cansados de la austeridad. Es posible que consideren que su éxito en la reducción de la inflación, que ha pasado del 12 por ciento mensual antes de asumir el cargo a alrededor del 2 por ciento actual, ya no compensa las dificultades causadas por los recortes y una economía turbulenta en la que el crecimiento se está debilitando. Esto es un mal presagio, ya que la rectitud fiscal es el corazón del plan de Milei y sustenta la confianza de los inversionistas en su liderazgo.
La cuestión más delicada para octubre es la economía. En ese frente, la derrota en Buenos Aires crea nuevos riesgos. El peso ha estado flotando parcialmente dentro de unos márgenes desde abril. Por temor a que una depreciación impulsara la inflación, el gobierno ha tratado de apuntalar la moneda. De todos modos, ésta se ha debilitado sin que ello haya tenido un gran impacto en la inflación. Dado que estaba sobrevalorada, fue una buena noticia.
Sin embargo, los cambios drásticos sí pueden provocar un aumento de la inflación. La depreciación posterior a las elecciones deja al peso cerca del límite superior de la banda. Una pesadilla para el gobierno antes de las elecciones de octubre sería una presión sostenida sobre el peso para que rebase el límite superior. Una defensa prolongada del mismo agotaría tanto las arcas del Tesoro como las preciadas reservas de divisas del banco central. Defenderlo con tazas de interés extremadamente altas, como ha estado haciendo el gobierno, perjudica gravemente a la economía. Sin embargo, dejar que el peso rebase el límite superior conlleva el riesgo de que la inflación se dispare, lo que alarmaría a los votantes. Frente a ello, la apuesta gubernamental es que la baja inflación, esta vez con una campaña más inteligente y menos escándalos, ganará las elecciones incluso con una economía en recesión. Veremos, pero este escenario es cada vez más hipotético.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE).
X: @Gaspard_Estrada