EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

El vendedor de silencio

Humberto Musacchio

Septiembre 23, 2019

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Enrique Serna es un bien dotado escritor, con lenguaje sencillo y eficaz, habilidad natural para mantener el suspense y un gran sentido del tempo que da ritmo a la prosa y atrapa al lector. Le conocíamos varios libros justamente celebrados, pero ahora, con El vendedor de silencio, nos ofrece la primera gran novela mexicana del siglo XXI, un volumen de casi 500 páginas que contiene un fresco de las miserias de la prensa en tiempos del presidencialismo absolutista. La obra es una biografía novelada de Carlos Denegri, “el mejor y el más vil de los reporteros”, como lo llamara Julio Scherer; un periodista que veía lo que para otros pasa inadvertido, un entrevistador capaz de lanzar las preguntas más filosas en el momento preciso, un chantajista implacable, ejemplo mayor de chayotero, siempre dispuesto, dinero mediante, a hundir a los políticos en desgracia y a quemar incienso a los encumbrados. Además de exhibir esas miserias profesionales, El vendedor de silencio despliega la vida privada de un individuo misógino, de vocación criminal y carente de respeto por sus parejas, sus hijos y todo ser viviente. Una tortuosa y tormentosa vida privada que él mismo se encargó de hacer pública. En fin, una investigación exhaustiva de Enrique Serna coronada con los muchos recursos literarios de que dispone, tantos, que incluso se da el lujo de incluir ciertos pasajes en tono de telenovela, siempre envueltos en una fina y divertida ironía. Con El vendedor de silencio, Serna, que ya era un maestro, se ha doctorado con honores.

Vicente Silva Lombardo

En la Ciudad de México, donde nació en 1945, murió Vicente Silva Lombardo, hijo de Federico Silva y Adriana Lombardo Otero y nieto de Vicente Lombardo Toledano. Afortunado traductor de Claudia Cardinale, durante 40 años Vicente fue un activísimo productor fílmico, tanto como fundador del Departamento de Cine Difusión de la SEP, director de Conacite II o con su empresa Arte/Difusión. Se estima que produjo un centenar de películas y más de 2 mil horas de televisión educativa. Trabajaron con él figuras como Felipe Cazals, Jorge Fons, Paul Leduc, Julián Pastor, Sergio Olhovich, Bosco Arochi, Alfredo Joskowicz y muchos más más. Intervino en la producción de filmes como Etnocidio. Notas sobre el Mezquital, El recurso del método o La viuda de Montiel. Por su trayectoria, en 2018 recibió el homenaje del Instituto Mexicano de Cinematografía. Fue presidente de la asociación civil Universidad Obrera de México. Habrá que recordarlo.

Expone Sandra del Pilar

El jueves pasado se abrió en la galería Aldama Fine Art (Palacio de Versalles 100 LB, Lomas Reforma), la exposición de la pintora Sandra del Pilar, dibujante espléndida que al difuminar su cromática juega con el foco visual para ir más allá de la figura y ofrecer sugerencias múltiples, caminos diversos para llevar al espectador a un juego de imágenes que lo obliga a tomar su lugar en un plano de incertidumbre que evoca la siempre evasiva realidad. Sus obras son, en su mayoría, cuerpos y rostros que la artista ofrenda como una inmersión en la propia subjetividad y que lleva a una sorprendente revelación de cada persona. Sandra del Pilar nos plantea una búsqueda insistente de los secretos que guarda y proyecta la humana anatomía. Un reto fascinante, ejecutado en forma original, con talento.

OFUNAM: Quarta se queda

Se especuló que Massimo Quarta salía de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, pero la Coordinación de Difusión Cultural Informa que el violinista y director italiano (nacido en Inglaterra) se quedará al frente de la agrupación hasta diciembre del año próximo. Como director asociado tendrá durante todo 2020 a Iván López Reynoso (Guanajuato 1990), uno de los grandes talentos jóvenes de la dirección orquestal. En suma, hay OFUNAM para rato.

El misógino Duque Job

En marzo de 1895, en su texto La orchatera (sic), el Duque Job desplegó una fea misoginia: “La ‘mesera’ es un tipo nuevo. Nació en la época del progreso, quiero decir, cuando el café de este nombre (ya difunto), resolvió desterrar a sus tradicionales jugadores de dominó y atraer a los parroquianos con el aliciente del eterno femenino. Los mozos de café se transformaron en mozas, y no buenas. Esta innovación continúa progresando en fonduchos del Barómetro y otros. Pero donde han alcanzado un mayor desarrollo sociológico es en las orchaterías (sic)… Las que desempeñan los primeros papeles en las orchaterías de hoy son las ‘meseras’. Estas son de otra casta y de otra castidad que las antiguas vendedoras de aguas frescas. Son doncellas que dejaron el servicio por enredos con el señorito; costurerillas disgustadas del oficio, criadas de algún café cantante, de esos que deleitan todas las noches a los vecinos del Factor; indias importadas ad hoc o cosas peores. Algunas tienen entrada libre al teatro Hidalgo por haber servido antes a alguna cómica. Casi todas, tal vez por su continuo trato con el agua, tienen arraigada aversión a este precioso líquido que nos proporcionó el Diluvio Univer-sal, y entrañable cariño a los fósforos, al catalán con anisete y cognac”. Por menos que eso hoy lo ahorcarían las feministas.