EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

El voto, antídoto del fraude

Humberto Musacchio

Junio 28, 2018

Por fin, después de una campaña saturada de asesinatos, improperios, difamaciones, mentiras y otras canalladas, estamos por llegar al día cero. La cita es el domingo próximo que por varios motivos debe ser histórico, pues no se trata sólo de que gane un partido u otro, sino de que asistiremos al sepelio de un régimen.
Se acaba una forma de existencia del Estado, una forma de ser y de estar de nuestras hoy maltrechas instituciones, un modo de gobernar que en sus mejores tiempos combinó la represión con crecimiento económico y alentó, muchas veces con éxito, la movilidad social.
La mezcla de autoritarismo y desarrollo, exitosa en México y en otras partes –Singapur y Corea son ejemplos a la mano–, tuvo el respaldo material de un poderoso sector público de la economía, generoso ámbito de enriquecimiento para gobernantes, liderzuelos sindicales, caudillos campesinos y otros especímenes, sí, pero también una fuente de empleos y de inversión pública que redundaba en un impresionante crecimiento del PIB y que permitía construir escuelas, hospitales, mercados, carreteras y otros bienes sociales y, a la vez, disponía de recursos para apoyar a la empresa privada.
Y en efecto, la mayoría de los mexicanos queremos contar otra vez con instituciones funcionales, con un gobierno que se preocupe por la situación de pobreza generalizada al que nos han llevado la economía neoliberal, la vergonzosa subordinación a los intereses de Washington y la corrupción, cáncer maligno que ha penetrado en todos los rincones.
A eso, candidatos y propagandistas del PRI y el PANRD le llaman volver al pasado, pero lo cierto es que las formas de existencia del pretérito se pueden mantener y empeorar, pero no es posible revivir un pasado muerto. Con el desastre que dejó José López Portillo murió el antiguo régimen, y los gobiernos neoliberales que le siguieron, tanto los del PRI como los del PAN, lo que hicieron fue ir dando sepultura a sus restos, sin abandonar lo más nefasto del viejo orden.
El régimen priista es un zombie y no quiere irse al cementerio. No se fue ni siquiera después de dos sexenios panistas. Sus opulentos beneficiarios se niegan a despedirse, y tan es así, que la campaña electoral ha sido no una confrontación de programas, sino una guerra feroz y muy sucia contra Morena, sus aliados y candidatos.
Confirman lo anterior los discursos de Meade y Anaya, los comentarios de sus periodistas comprados, y la cruzada telefónica en la que no hay propuestas, sino denuestos. Más de cuatro mil denuncias de Morena ante las autoridades electorales fueron insuficientes para detener a tiempo la constante descarga de materia excrementicia. Sólo al final de la campaña se ha dignado el INE ordenar el cese de las llamadas telefónicas, aunque no ha sido capaz de sancionar a las empresas participantes en el nefasto jueguito: Massive Caller, del PAN, y Next Contact, Focus Investigation, Intelphone,TKM Customer Solution, por el PRI, entre otras.
Una de las deficiencias principales del INE y del Tribunal Electoral –la Fepade es una entelequia– es precisamente la lentitud de su actuación, ese dejar hacer y dejar pasar, la ceguera o el disimulo ante las reiteradas violaciones a la normatividad, mismas que la prensa ha documentado con lujo de detalles sin que se sancionen debidamente.
Al INE y al Tribunal Electoral no les corresponde perseguir a quienes cometen delitos como homicidio, pero tampoco pueden encogerse de hombros ante el medio centenar de candidatos asesinados, pues en ese caso su deber mínimo es alzar la voz para que las autoridades correspondientes actúen con prontitud y eficacia. No lo han hecho.
La compra de votos ha llegado a extremos que serían de risa de no representar una tragedia nacional. Durante meses, el PRD capitalino agrede a los morenistas y hasta el priista Mikel Arreola protesta por la compra de votos de los amarillos. Hace unos días, afuera de las oficinas del PRI se desplegaba una larguísima fila de personas atraídas por la compra del voto. Y no hubo sanción.
El PANRD ofrece una tarjeta pagadera al triunfo de su candidato –¡ilusos!– y el INE dice que eso no es compra de votos. A lo largo y ancho de la República el PRI, a la vista de todo mundo, prepara a su ejército de mapaches y otros delincuentes electorales. Y las autoridades electorales prefieren voltear para otro lado. El priismo no renunciará a ser lo que ha sido siempre. Habrá que derrotarlo con votos.