EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Elena Ferrante: la máquina de hacer novelas

Adán Ramírez Serret

Noviembre 27, 2020

Elena Ferrante (Nápoles, 1943) ha sido uno de los fenómenos literarios más impresionantes de los últimos años. Hasta hace poco se trataba de una figura enigmática, que sus editores cuidaban con celo, para que nadie supiera quién era. Vendía millones de libros, daba entrevistas, pero nadie sabía quién era.
Sólo un nombre, Elena Ferrante, y novelas deslumbrantes. Algo extraño en el mundo de la literatura: alguien que quería escribir libros sin la obsesión de hacer a la persona de carne y hueso famosa.
Pero un periodista incisivo, haciendo su trabajo, no cabe duda, rastreó los depósitos millonarios que hacía la editorial por los libros de Ferrante, fábrica de novelas que se convirtieron en completos best sellers, y encontró que se trataba de Anita Raja, quien luego confesó en tuiter que sí era ella.
Sin embargo, esto importa poco, lo que es valioso es leer a la autora sin tener ninguna referencia anterior, tan sólo enfrentarse al texto en el cual han caído al menos 30 millones de lectores con su Tetralogía Napolitana.
Su escritura, impulsada por una voz en primera persona, envolvente, profunda y capaz de confesiones, es una de sus mayores fuerzas. Es un tanto tradicional, recuerda un poco al maravilloso Cesare Pavese de El bello verano. Da la impresión de ser antigua, de haber estado guardada bajo llave y ahora ser descubierta, llena de polvo y olor a viejo.
De hecho, un amigo escritor la critica diciendo que se trata de una literatura un tanto barata, pues es una mera imitación de la literatura italiana de mediados del XX, como el ya mencionado Pavese o Alberto Moravia. Si así fuera, la mera imitación de una literatura de tal belleza, me parece mérito suficiente.
Hasta 2019 había escrito siete novelas, algunas se han llevado al cine y otras están haciéndose en serie de televisión. Había muchas expectativas sobre lo que haría Ferrante. ¿Sería capaz de hacer otra obra maestra como la Tetralogía Napolitana? ¿Retoma-ría alguno de sus personajes?
Porque otra de sus grandes virtudes es construir grandes personajes. Lenu y Lila son tan potentes que no sólo las conoce el lector, sino que ha vivido la vida dentro de ellas. También, su Nápoles de mediados del siglo XX es uno de los grandes personajes de su obra. Similar al París de Emile Zola o al Madrid de Galdós; Ferrante sitúa su Tetralogía, sin duda –y ahora la más reciente, La vida mentirosa de los adultos–, en una ciudad que el lector fanático reconoce no sólo por los nombres de sus calles, sino también por sus olores y habitantes.
La vida mentirosa de los adultos es una novela llena de descubrimientos. La narradora y personaje principal, parece ser una testigo de su propia vida, obsesionada por sus sentimientos y también por los sentimientos de quienes la rodean.
La historia comienza cuando escucha que su padre, quien es su ídolo, le dice a su mamá –sin saber que ella escucha– que se está poniendo muy fea y que se está pareciendo a una hermana suya que detestan al grado de jamás verla.
Se abre una grieta en la vida de la narradora, quien es adolescente y se empeña por conocer a su tía por saber qué tan fea es.
La vida mentirosa de los adultos retrata de manera contundente el terrible descubrimiento que hacen todos los adolescentes en algún momento: que los adultos mienten, y que en aquellas personas en las que creyeron durante todas sus vidas, y que los han hecho quienes son, no han hecho otra cosa que adecuar el mundo en el que viven y la historia, para su propia conveniencia.

Elena Ferrante, La vida mentirosa de los adultos, Ciudad de México, Random House, 2020. 364 páginas.