EL-SUR

Lunes 17 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Elena Ferrante y las oscuridades de la maternidad

Adán Ramírez Serret

Enero 28, 2022

 

El pasado diciembre de 2021 se estrenó la película La hija oscura, dirigida por Maggie Gyllenhaal y protagonizada por Olivia Colman y Dakota Johnson, basada en la novela homónima de la escritora italiana Elena Ferrante –seudónimo cuya identidad fue develada hace unos años por las pesquisas de un periodista–, quien, además de tener una calidad literaria prodigiosa, es quizás una de las escritoras italianas más vendidas de los últimos años.
La hija oscura fue publicada en 2006, cinco años antes de La amiga estupenda, primera novela de una saga de cuatro que le dio fama mundial a Elena Ferrante, y que ahora redescubrimos como una novedad.
La hija oscura es una novela cruda, breve –tiene menos de ciento cincuenta páginas–, en donde aparece una narradora un tanto más salvaje que la de la tetralogía, porque es en primera persona, como la de la saga, pero el mal, la deshonestidad y la traición, no están en amigas y novios, sino en ella misma. La batalla no es hacia afuera sino hacia adentro.
Quien cuenta la historia de esta novela es una mujer de casi cincuenta años, quien se va sola de vacaciones al mediterráneo. A la mitad de la vida se ha vivido mucho y aún queda vida por delante, un momento difícil, pues es un lugar ideal para hacer un examen de conciencia.
De vacaciones, en plena playa, bajo el sol y con un libro en las manos, comienza a observar el mundo a su alrededor: el presente en donde una ruidosa familia napolitana irrumpe en su tranquilidad invadiendo la zona, hablando a gritos y en donde hay una mujer, con su hija de pocos años, que la deslumbra por su belleza y juventud, transportándola a su pasado oscuro y tórrido, que aún le hace palpitar el corazón, con tal fuerza, que la pone a tal grado incómoda y que siente la necesidad de huir y de hacerse daño a sí misma y a los demás.
Esta joven mujer observada, su belleza y maternidad, hacen a la narradora pensar en un principio en sus dos hijas, en la violencia y tragedia de ser madre; en su relación con ellas, en la gracia de cada una, y, también, la hacen recapacitar sobre sí misma, en los sentimientos que tenía a esa edad y en lo que ha hecho de su vida desde entonces.
Piensa en sus hijas, en el tipo de hombres que han tenido, en su relación tanto de amor como de resentimiento que tiene con ellas; de amor por comprenderlas y quererlas tal cual como son, y de resentimiento por haberlas abandonado durante la infancia y por ser más bella que ellas, como si estuviera en sus manos haberlo elegido.
Reflexiona sobre su pasado al ver a esta joven, porque recuerda los sentimientos de frustración y soledad que sentía cuando sus dos hijas eran jóvenes. Fueron tan potentes estos sentimientos que en algún momento tuvo que dejar a sus hijas durante tres años para dedicarse a su carrera académica, en donde estuvo con otros hombres y descubrió, a diferencia de su experiencia en el matrimonio, que era una mujer muy inteligente y que su esposo e hijas le estorbaban, le impedían brillar.
Aquel pasado lleno de culpas y éxitos se confronta cada vez más con la mujer hermosa del presente que observa en la playa y que cada vez le atrae más y más. Se siente a tal grado cautivada por esta joven, que comienzan a tener una relación de amistad en espejo. Porque la joven también se siente atraída por la narradora y se interesa por su vida. La joven le pregunta cuál fue la razón por la que abandonó a sus hijas, a lo cual responde la narradora: “Las quería demasiado y me parecía que el amor por ellas me impedía ser yo misma”. Y la joven le pregunta por qué volvió luego de tres años, y le responde la mujer mayor: “Estaba como quien está conquistando una existencia y siente un montón de cosas a la vez, entre ellas un vacío insoportable”. Ante lo cual, responde la joven un tanto para sí misma: “Entonces se pasa”. Y le responde la narradora, “Mi madre enfermó por eso. Pero eran otros tiempos. Hoy se puede vivir bien aunque no se pase”.
El tono de esta novela es el de la confesión, el de aquella revelación incómoda, clara y directa, en donde se dicen cosas como “Ya entonces era infeliz, pero no lo sabía”.
Elena Ferrante, La hija oscura, Ciudad de México, Lumen, 2017. 142 páginas.