EL-SUR

Miércoles 17 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Emigrar

Silvestre Pacheco León

Marzo 10, 2025

Emigrar es salir del lugar habitual en busca de mejores condiciones de vida. Eso dice la Real Academia de la Lengua refiriéndose a la acción de mudar del lugar donde uno vive por alguna incomodidad que se opone o le impide realizarse como uno desea, aunque el riesgo que se corre al realizar esa acción muchas veces resulta peor de lo que se deja.
Pero en su sentido más amplio la definición puede comprender el ambiente opresivo que suele vivirse en el hogar que motiva la emigración como una reacción para la sobrevivencia, igual que la huida ante una amenaza de muerte, cuando no se tiene otra opción para salvar la vida.
En todo caso, se trata siempre del derecho a la libertad y por ella, como decía el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, uno debe estar dispuesto a arriesgar hasta la vida.
Lo anterior viene a cuento porque la emigración parece ser un ejercicio de libertad que a los mexicanos nos viene de origen porque, si se recuerda, nuestros ancestros vinieron de la mítica Aztlán en una peregrinación que duró cientos de años, hasta encontrar las señas que sus dioses les dieron para asentarse, encontrada en un tunal donde vieron que un águila devoraba a una serpiente.
Esa determinación de dejar el lugar donde uno vive muchas veces requiere planearse, mirar el entorno y buscar la mejor opción con el menor esfuerzo, y en otros casos la emigración suele ser como una huida, un desplazamiento que se decide en un momento porque alejarse es asunto de vida o muerte.
El primer caso es el que viven nuestros paisanos, los que emigran al norte buscando el sueño americano de hacerse de un capital en poco tiempo para mejorarse, pero en ese intento muchos no saben que ponen en riesgo su vida porque recorren largas distancias en territorio desconocido, tienen que pasar el río grande y terrenos donde hay animales salvajes y bandas criminales que los asaltan, roban y hasta los matan. Los que sobreviven llegan a un ambiente desconocido, donde se habla una lengua diferente y cuando encuentran empleo se someten a jornadas intensas e interminables en un ambiente de cárcel, porque sin papeles legales para estar y trabajar no tiene la libertad para salir y pasear ni siquiera en sus días de asueto. A pesar de ello lo que pueden ahorrar de su salario lo envían a México para mejorar la vida de sus familiares y eso les llena de satisfacción y es un aliciente para permanecer allá.
Pero los que se han quedado en su tierra muchos están sujetos al ambiente opresivo que provoca la guerra entre cárteles que se disputan el control del territorio para ejercer el poder, parecido a lo que vivían los antiguos pobladores de las encomiendas, sujetos al poder del señor encomendero que después se convirtió en el hacendado y la peonada de la época porfiriana.
Mientras esa disputa continúa el ambiente de guerra que se respira es opresivo para las familias que no tienen más opción que buscar la forma de sobrevivir buscando cada día salvarse de los problemas cotidianos y las acechanzas de la maña.
Más graves son los desplazamientos forzados de poblados completos en prácticamente todas las regiones del estado y las autoridades a lo más que han llegado es tratar de intervenir y mediar para que esas disputas de territorio sean lo menos escandalosas por la cantidad de muertes provocadas.
Pero eso tampoco es todo y nada mejor que aprovechar que el sábado acaba de conmemorarse el Día Internacional de la Mujer porque siendo la mayoría de la población, las mujeres juegan un papel secundario en la sociedad, y apenas con el triunfo de Claudia Sheinbaum parece que su circunstancia puede mejorar para alcanzar la igualdad que se traduce en la superación de la brecha salarial que ahora permite que se les pague menos que a los hombres por el mismo trabajo, visibilizar su doble jornada por su trabajo en la casa.
Además de esos beneficios materiales por los que lucha, la mujer tiene que romper en su propio entorno con las condiciones que le impiden ejercer su libertar para ser dueña completa de su destino, porque a la mayoría aún le cuesta desprenderse de los controles que tiene en el hogar marcados por las creencias, la costumbre y el enorme peso que le significa la crítica social que para muchas resulta más fuerte que estar satisfechas consigo mismas. Emigrar a otro ambiente es su derecho y una necesidad.
Un ejemplo de lo anterior es de manera instintiva animales y aves que emigran para salvar su especie, en un rito que se reproduce todo el tiempo, como las mariposas Monarca que viajan cada año de Canadá a Michoacán, igual que los patos. A muchas mujeres les pesa una enormidad tomar decisiones que las alejen del maltrato y deciden ajustarse a las condiciones limitadas por la costumbre y la tradición, antes que poner en entredicho lo aprendido de las relaciones sociales que viven.
Claro que los ejemplos en contrario son los que vale la pena recuperar, por eso en conmemoración del Día Internacional de la Mujer recurro a mi experiencia propia, del entorno familiar que provengo.
Mi madre que en este año cumplirá cien años de vida tuvo cuatro hermanas y tres hermanos que nunca tuvieron el apoyo ni la comprensión de su madre. Su padre, un hombre instruido pero autoritario, y su madre una mujer obediente y sometida, vivió el mayor de los dramas porque su ambiente familiar la asfixiaba.
Mi madre muy joven se rebeló contra ese ambiente opresivo, víctima del maltrato diario, encerrada, casi prisionera, porque le prohibían asomarse a la calle. Cuenta que sufría y temblaba con solo oír que su padre llegaba a la casa, porque su sola presencia era violenta.
Huyó de su casa a los 16 años buscando su libertad aunque fuera casándose, no creo que haya obrado otro razonamiento más sofisticado que liberarse de la sumisión y el patriarcado, porque fue más fuerte su deseo de sentirse libre, aunque casarse no hubiera sido la mejor opción porque lo hizo con un joven campesino sin tierra, atenida a que tenía fama de ser trabajador y sin vicios, con cierta popularidad entre los hombres y las mujeres de su época, que sabía leer y escribir que si bien no era gran cosa en una sociedad de analfabetos donde no abundaban los libros ni era popular la costumbre de mandar cartas, podía ser ameno contando historias y después transcribiendo las recomendaciones en largas epístolas que mi madre dictaba hacia sus hijos distantes.
Por eso en el Día Internacional de la Mujer rindo tributo a ella que ha sido ejemplo para mis hermanas por su tesón, determinación y coraje para tomar decisiones, no importa que a su edad siga en la falsa idea de que el hombre vale más que la mujer, pues ni sus hijas y menos sus nietas han creído esa falsedad.