EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Empresarios autoexiliados

Florencio Salazar

Noviembre 24, 2025

Sin saberlo estamos inventando
un nuevo género que ya hacía falta en la literatura: la ficción de la ficción. Gabriel García Márquez.

El gobierno de México abre más frentes de conflicto. La verdad alternativa, como discurso de la realidad imaginada, choca contra la persistencia de los hechos. La ideología, cuando se convierte en actos de fe, escapa de toda racionalidad posible.
Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo fueron declarados Personas non gratas por el gobierno de Perú; Vicente Fox y Felipe Calderón, también recibieron ese calificativo por parte de Venezuela. Hay una diferencia: Perú es democracia y Venezuela, dictadura.
Pero nuestros principales problemas no son las despostilladas imágenes presidenciales, sino lo que ya empieza a percibirse, consecuencia de la inseguridad pública y, sobre todo, de la incertidumbre jurídica. Se estima que 30 mil mexicanos han salido del país para radicar en España. Los mexicanos autoexiliados son mayoritariamente empresarios, que emigran con sus recursos económicos.
¿Qué es un empresario? Para los de extrema izquierda es el demonio del capitalismo. El que se aprovecha de la fuerza del trabajo para enriquecerse. Son ricos porque explotan a los demás. Esa idea simplista se acepta porque, en efecto, hay empresas abusivas, como la mayoría de los bancos y las aseguradoras.
Sin embargo, la vida del empresario es de constante tensión. Paga salarios, servicios de luz y agua, Seguro Social, mantenimiento, promociones, derechos, impuestos, dispersa recursos. Tenga o no utilidades, los gastos operativos se mantienen o cierra por quiebra. El sector privado es el principal empleador y contribuyente.
Si se tratara de un empresario de alto nivel, además de las obligaciones anotadas, debe rendir cuentas a sus socios, a los tenedores de acciones y estar atento al valor de cambio del peso con divisas extranjeras. Cuando se dice que Carlos Slim es el hombre más rico de México debería decirse: “es el representante del mayor capital de México”.
Hace más de 25 años, el entonces presidente del PRI, Mariano Palacios Alcocer –político de excelencia–, me invitó a un desayuno de 10 personas en un salón privado del hotel Nikko de Polanco, ahora CDMX. Yo era diputado coordinador del Congreso de Guerrero y coordinador de Acción Legislativa del comité nacional priista.
Nos acomodaron en una mesa redonda. Invitado especial: Felipe González, el carismático ex presidente de España. La conversación giró en torno a la transición democrática, convenida por él y Adolfo Suárez.
En su momento –con la prudencia del caso– le dije: Usted fue presidente del primer gobierno socialista de España, pero su gobierno privatizó los ferrocarriles y la energía eléctrica, contrario a una política estatizadora, probablemente lo esperado de su administración.
Estadista de clara inteligencia, su respuesta precisa: El gobierno es muy mal patrón. Los servicios públicos eran deficientes y costosos. Los trabajadores no se sentían comprometidos porque pagaba el gobierno. Ausentismo laboral, demandas de incrementos salariales, falta de mantenimiento, deficiencias y una serie de imprevistos, que eran una pesada carga para la administración.
Agregó: con la privatización recibimos dinero fresco. Modernizamos nuestro sistema carretero y ahora, en vez de tener empresas deficitarias, se crean empleos y se cobran impuestos.
Cerró su comentario con esta frase textual. “Si a alguien hay que ponerle la medalla de la Patria es al empresario”.
Pues ese empresario se va de México sin medalla y sin Patria.
Se ha dicho que el dinero no tiene Patria, puede ser. Lo cierto es que las crisis económicas de Luis Echeverría, José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari, no son para suponer que en nuestro país, espantosamente endeudado –AMLO duplicó la deuda externa– y con escasa inversión, las cosas van a mejorar. La inflación no para: el Banco de México ya publicó la imagen del billete de 2 mil pesos de próxima circulación.
Y por si faltaran problemas, ocurre la absurda represión a la manifestación de la GZ, con su saldo de presos políticos.
Qué ganas del régimen morenista de querer complicarse y complicarnos la vida.